Flor de la V: «Podría haber hecho cualquier cosa por plata»

Es muy difícil hablar de otra cosa con Florencia de la V. El tema de la maternidad se cuela por todos lados. Ella cuenta con amor su nueva vida con Isabella y Paul, los mellizos que tuvo en los Estados Unidos gracias al sistema de alquiler de vientre. Y casi no le queda tiempo para vender Qué gauchita es mi mucama , la comedia que protagoniza y produce, con la que debuta hoy en su propio teatro en Villa Carlos Paz.

¿Cómo llegaste a este momento: hijos, marido, casamiento, teatro…?

Siempre fui viviendo cada proceso de mi vida muy consciente de lo que estaba haciendo, trabajando sobre sólido, nunca fui una desbolada que hacía las cosas sin pensar. Instintivamente siempre supe por dónde tenía que agarrar. Tuve buen ojo para saber qué hacer en cada momento.



¿Y supiste decir que no a tiempo?

Eso fue fundamental y me di cuenta con el tiempo. Porque podría haber hecho cualquier cosa por plata, pero nunca prioricé el dinero.

¿Qué te ofrecieron?

Uy, ¡tantas cosas! Acá te proponen de todo. Ser intendenta de no sé dónde, por ejemplo.

¿Será porque tenés llegada a la gente?

Mucha. Mi termómetro es el teatro. Ahí sentís el apoyo incondicional del público. Siento que soy un personaje que la gente escucha. En televisión te detenés a escuchar a ciertas personas y creo que soy una de ellas. Cuando vos sos buen monologuista es porque captás la atención del espectador.

¿Por el contenido o por la forma?

Es una mezcla de todo. Yo me siento un referente femenino total. El tema del maquillaje, del peinado, de la ropa… Se fijan mucho en lo que uso, en la peluquería piden mi color de pelo… Me doy cuenta de que marco tendencia.

¿Cómo sabés tanto del mundo femenino?

Yo siempre tuve mucha revista de moda encima y, además, voy probando y armo mis looks con tiempo, no hay nada improvisado. Siempre elijo cada cosa por algo. Nunca nada es porque sí.

¿Y ahora que tenés dos bebes hay tiempo para eso? ¿Cómo hacés?

Bueno, es un tema. Hasta hace poco no salí cómoda con ellos, no estaba contenta con lo que me ponía. La prioridad era otra y no tenía tiempo de lookearme tranquila. Me estaba vistiendo y… ¡la mamadera! O me maquillaba y… ¡el nene llora! Por ejemplo, dejé de usar cartera. No podés andar con un chico, el huevito, el bolso de los pañales y… la cartera. Eso ya te cambia el look. Después pensás: ¿me pongo taco alto, taco bajo? ¿Y el vestido? Tengo que estar cómoda si los tengo que cambiar. Entonces ahora con ellos salgo despojada.

¿Cómo te organizás? Se te nota con mucha energía.

Es un aprendizaje constante. Cuando me reencuentro con ellos después de trabajar, siento que me cargan las pilas. Trato de dedicarme exclusivamente cuando estamos juntos. Ponemos música, vemos videos, la tele, les canto canciones, les hablo. Estoy constantemente estimulándolos. Yo los esperé toda mi vida y recién ahora que los tengo me doy cuenta de la magnitud que significa ser padre. Yo soy productora, actriz, empresaria teatral, primera figura…. Mi cabeza es un corso a contramano, constantemente me tengo que enfrentar a mí misma. Y soy mandona, pero a ellos los quiero criar con libertad para expresarse. Yo no quiero que el día de mañana venga alguien y los domine. Quiero que sean personas con la cabeza abierta, que puedan saber que vivimos en un mundo de diversidad.

¿Cómo pensás hacerlo?

Estando con ellos, escuchándolos. Los padres conocen a sus hijos. Ellos no hablan y ya sé lo que quieren, imaginate.

¿Cómo fue el proceso para concretar el sueño de tener hijos?

Al principio fue un tema de los periodistas, que me preguntaban. Y yo respondía pero sin pensar, no sabía si quería realmente. Y un día apareció el deseo. Me lo pregunté yo misma y me di cuenta que sí, que era real.

¿Cuándo fue exactamente?

Cuando me lancé como productora me dí cuenta de que ya no tenía excusa para no hacerlo.

¿Por el tema del dinero?

No solamente. El trabajo del actor es muy inestable porque siempre estás esperando que te llamen. Y cuando me convertí en productora me dí cuenta de que era diferente porque empecé a sentir una solidez que antes no tenía. Y dije: es el momento.

¿Tuvo que ver también tu estabilidad de pareja con Pablo Goicochea?

Sí, fue un combo muy importante. Ahora valoro muchísimo a las madres solteras. Puedo entender el sacrificio que es para una mujer criar a un hijo sola. Debe ser tremendo. Tener un hijo acompañada es la ecuación perfecta: es una familia. Todo se divide, es maravilloso poder compartirlo.

¿Cómo aguanta él toda esta movida?

Tiene mucha paciencia. Me sorprendió gratamente. El fue padre muy joven y ahora esto lo encuentra en otra etapa de la vida, pasando por algo que quizás pensaba que no iba a volver a vivir.

¿Y vos? ¿Cómo aguantás?

Es genial lo que pasa. Para mí, los hijos todo el tiempo tratan de sacarle la armonía a sus padres. Y es fundamental no darles el gusto. El otro día llegué del ensayo y la nena estaba alterada. Entonces la agarré, le dije «venga con mamá», la llevé, la bañé…

Y vos lo único que querías era tirarte a dormir.

¡Claro! Pero me tranquilicé, le hablé, la subí al cochecito, dimos una vuelta y ¡se durmió! Está en nosotros que no nos salte la térmica. Por eso digo que este es el trabajo más complicado de la vida.

Un clásico: ¿dormís bien?

Las primeras semanas fueron tremendas porque no dormí nunca. Pero ahora estoy bien, nunca fui dormilona. Me levanto, estoy con ellos, los cambio, les doy la mamadera, los vuelvo a hacer dormir y recién ahí hago spinning, armo mi día, la lista del mercado… Estoy muy organizada.

¿Qué cosas delegás?

No voy más al supermercado y lo extraño, me encantaba ir a comprar. Y tampoco cocino, por ahora. Yo sé que en el futuro les voy a cocinar a mis hijos, les voy a hacer tortas. Para mí eso es un acto de amor, como una ceremonia familiar.

Y eso que vos perdiste a tu mamá a los dos años…

Pero quizás tiene que ver con eso, la ausencia de cosas que yo hubiera querido tener hace que hoy yo quiera ser una mamá muy presente.

¿Sos de las madres que dejan llorar a los chicos?

No. No creo en eso. Amo meterlos en la cama porque nunca más van a ser chiquitos. Yo creía que iba a aplicar el Duérmete niño y ahora ni loca los dejo llorar para que se duerman. Sí, estoy de acuerdo en ponerles límites, sobre todo con los horarios, no es que llego a las dos de la madrugada y estamos todos saltando en la cama.

¿Y cómo vas a hacer en la temporada, con tres funciones, cenas, salidas…?

Voy a tener que dividirme bastante. Voy a ir a cenar después de la función, seguro, pero quizás ahora me vaya mucho antes.

Vivís la maternidad muy naturalmente y se nota. ¿Te duelen las críticas?

No, me dan vergüenza. Escuché cada cosa en el Congreso cuando se debatió la ley de matrimonio igualitario… Los argumentos que utilizaban eran precarios, retrógrados. Me acuerdo de una correntina que decía algo así como «porque existe el macho y la hembra…» parecía que estaba en una pulpería. Vergonzoso. Yo no tengo problema en que piensen diferente, pero que no nos falten el respeto. Estamos hablando del amor de dos personas. Esa ley era fundamental porque había muchas parejas que la necesitaban. Y sobre todo porque la Constitución dice que todos tenemos los mismos derechos.

También criticaron tu nuevo DNI femenino.

La gente opina porque el aire es gratis. Si hubiera que pagar no dirían tantas boludeces. Yo trato de no mirar y cuando me entero, lo tomo como de quien viene. Pero en general, en la Argentina ha habido un proceso de cambio en cuanto a la tolerancia de lo diferente y yo lo siento. Hoy no es lo mismo ver a un travesti en la calle que hace diez años. Esto de la ley los va a ayudar, por ejemplo, a terminar el secundario, porque es chocante ir a anotarse a un colegio llamándote Norberto y luciendo como mujer. Es una humillación. Por eso creo que esto nos dignifica muchísimo. Como esta nueva medida de aceptar que las trans puedan trabajar en los puestos de policía o gendarmes vestidas de mujer.

¿Todas estas medidas te acercaron al Gobierno de Cristina Kirchner?

Cuando me dieron el DNI, dije que había que separar las decisiones del Gobierno porque los presidentes se van, pero las leyes quedan. Da la casualidad que justo las hizo este Gobierno y es para destacar. Además, el kirchnerismo lleva tres mandatos consecutivos, quizás algo bien hicieron. ¿Por qué pensar siempre algo malo?

¿La votaste?

No voté porque estaba en Uruguay, pero la hubiera votado, a mí me gusta ella.

¿En qué sentido?

En todos los sentidos. Siento que la viudez la colocó en otro lugar. Diferente. Después de un matrimonio de tantos años, con tanto poder y un marido presidente quedarse sola… me gusta mucho más la Cristina de ahora. Aparte me encanta que se vista, me gusta que se peine, me gusta que se arregle. Me encanta tener una presidenta que no la caretea, que no se saca el reloj de oro porque lo usó siempre. Me gusta como habla ahora, mucho más que antes. Le hizo bien.

¿Será que las mujeres quedan relegadas cuando están con un hombre tan importante?

Puede ser. A mí Pablo me acompañó mucho, se bancó mi crecimiento. Y con el tiempo me di cuenta de que era la persona con la que quería vivir mi vida. No fue enseguida. Lo sentí de a poco.

¿Qué le dirías a los que te critican?

Nada. Siento pena por ellos. Creen que me ofenden pero a mí, ni fu ni fa. Pienso: ¿cómo una persona puede vivir con tanto odio hacia otro ser humano? Yo no siento odio, siento lástima.

Fuente: www.lanacion.com.ar