Un fracaso muy exitoso

Agustín Echalar Ascarrunz

agustin_echalar Ayer, al final de la tarde, en la plaza de San Francisco, ahora mal llamada plaza Mayor, tuvo lugar un concierto de música pop dedicado a la, también mal llamada, reivindicación marítima. La convocatoria, hecha por el Ministerio de Culturas, fue un fracaso; estuve por allí alrededor de las ocho de la noche y hasta presencié el momento en que la ministra Salguero se dirigió al público, había poquísima gente, digo, considerando la expectativa de 10.000 asistentes que tenían los organizadores.

La audiencia cómodamente ubicada en el segundo nivel de la recientemente remodelada plaza, no ha debido llegar a las 1.000 personas, eso para un concierto gratuito, en una noche de clima templado para estándares paceños, en un viernes, y con un programa de lujo, es un verdadero fracaso de convocatoria, un bochorno.



Y precisamente por eso, es que nos podemos alegrar, y no, no crea usted que quiero regodearme con la desgracia ajena; el asunto va más allá, es posible que el fracaso del concierto tenga que ver con simple mala organización, un megaconcierto que pretende convertirse en un festival internacional, no se lo saca de debajo de la manga, y no quepa la menor duda, que ya sea el ministerio si organizó todo directamente o la empresa que contrataron, hicieron un muy mal trabajo, pero de eso no nos podemos alegrar.

Existe, sin embargo, la posibilidad de que la clientela potencial de un concierto de esas características no se deje llevar de la nariz por un manoseo tan barato de los sentimientos, y que esa gente, joven y urbana, simplemente esté todavía indignada con el Gobierno. A fin de cuentas, no han pasado dos meses desde que esa misma plaza fuera escenario de la llegada de los maltratados indígenas de la marcha en defensa del TIPNIS y que, debido a eso, una convocatoria salida del Gobierno, simplemente no encuentre eco. De ser ése el motivo del fracaso, sí nos podríamos alegrar del hielo hecho a esa iniciativa, a pesar de la de una de las supuestas premisas patrióticas de los bolivianos.

Pero lo que podría ser considerado una buena noticia, y algo de lo que podríamos felicitarnos, es que la convocatoria, precisamente porque incluía ese “cantar por el mar”, no despertó el menor entusiasmo de los jóvenes paceños, y eso nos puede llenar de esperanzas.

El día en que el tema del mar deje de conmover las fibras más intimas de los bolivianos, el día en que los sentimientos al respecto no puedan incidir más en la política interna, el día en que dejemos de manosear la historia de la Guerra del Pacífico, seremos una sociedad más sana, y mejor preparada para trabajar en bien de nosotros mismos.

El fiasco del concierto, que observé desde la terraza de un simpático café ubicado en la azotea de la galería República, me dio la impresión de una brisa de frescura, como si estuviera frente al mar. La ausencia de la juventud a esa cita bipolar me sugiere que ésta no sólo no se deja manipular con patrioterismos baratos, sino que se estornuda en el mar. Esta constatación se la debemos al Ministerio de Culturas. Gracias.

Página Siete – La Paz