Tuffí Aré VázquezEstá a solo dos horas de la capital cruceña, si se transita por carretera. Es una bisagra entre el oriente y el occidente boliviano. En ella se han integrado la cultura local y las de los migrantes, sobre todo las de quechuas y aimaras. Ese proceso ha generado dificultades, pero también le ha dado a la zona una potencia indiscutible. Yapacaní debe estar al borde ahora de los 80.000 habitantes, es decir, cuatro o cinco veces de los que tenía hace un par de décadas.Es un polo económico en el norte de Santa Cruz, sobre todo por su espectacular dinámica agropecuaria. Soyera, arrocera, fruticultora, ganadera e incluso productora de hidrocarburos, Yapacaní ha conseguido hace tiempo tener vida propia y, sobre todo, mostrarse como una región con futuro.Sin embargo, no ha escapado de la conflictividad social y política que afecta al país. Al contrario, sus líderes la han empujado en los últimos años y meses a una alarmante inestabilidad, que al final afecta la calidad de vida de sus pobladores. La muestra más cercana es la situación de la salud.De acuerdo con el reporte de las autoridades, la primera muerte por dengue del año es la de una adolescente que fue traída a la capital cruceña desde la localidad norteña. A eso se suma la alarmante cifra de 275 casos sospechosos y la versión de algunos medios de que en los centros de salud de ese municipio se trata a los niños enfermos hasta en el suelo, por la falta de recursos. El drama se agrava porque la Alcaldía tiene sus fondos congelados debido al prolongado conflicto político que se saldó últimamente con tres muertes.El problema se arrastra desde hace semanas, sin acciones ni soluciones. La gente está desinformada, no hay campañas de prevención y, menos, una movilización masiva y efectiva que apunte a erradicar los riesgos de contraer esta peligrosa enfermedad.En medio de ese abandono de la gestión de la salud ha ocurrido el estallido de violencia que produjo muertes y la ingobernabilidad municipal. Los intentos de pacificación han contemplado en las últimas horas acuerdos de indemnización de las víctimas y la liberación de los detenidos en los enfrentamientos.Sin embargo, quedan pendientes asuntos estructurales como la conformación de un gobierno municipal confiable, la investigación imparcial de los hechos y la aplicación de justicia.La inestabilidad le ha hecho mucho daño a la gente en Yapacaní. En salud, urge que los gobiernos nacional y departamental abandonen su posición de indiferencia y que atiendan las emergencias que se agravan por el propio vacío de poder municipal.En lo político se debe estabilizar la Alcaldía y evitar la impunidad de los culpables de las muertes.El Deber – Santa Cruz