‘Perdonazo’. Una experta en el tema carcelario e incluso el ministro de Justicia de Chile creen que algunos de los que serán liberados volverán a reincidir en el delito.
Actitud. La mayoría de las personas que se están beneficiando con el indulto ha dicho que piensa reorganizar su vida.
Las historias de quienes terminaron involucrados por los grandes traficantes de cocaína, que se aprovechan de la necesidad de las personas casi siempre terminan siendo las mismas.
Autoridades consulares bolivianas en Chile, que visitan de manera permanente a nuestros compatriotas presos en el exterior, afirman que los relatos sobre el cómo y el porqué terminaron detrás de las rejas en un país que no es el suyo, terminan casi con seguridad en la búsqueda de dinero para cubrir alguna necesidad.
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“Son gente pobre que terminó siendo engañada”, afirma el cónsul boliviano en Iquique, Raúl Ruiz, e inmediatamente lanza el dato de que la información que le dieron los presos es que se animaron a transportar droga por $us 500 e incluso $us 2.000.
Este dinero casi siempre, según afirman los investigadores antinarcóticos, no es entregado en su totalidad a los que terminan cayendo presos, ya que los traficantes solo les dan lo necesario para el viaje y un pequeño monto por el trabajo, que si es concluido con éxito recién es remunerado en su totalidad.
Sin embargo, cuando las cosas salen mal y son detectados por las autoridades, la situación se torna complicada, ya que terminan con una deuda ante los dueños de la mercadería ilegal.
La mayoría de los que se beneficiarán con el indulto aseguran haber aprendido la lección y que piensan rehacer su vida. “Aquí dentro conocí el camino del Señor, ahora veo la realidad. Estando en este encierro se murieron en el país algunos de mis familiares, a los que no volveré a ver nunca más”, dijo Carlos Mendoza, que hoy cruzará la frontera chilena para ser libre.
«Si vuelven, los metemos presos»
TEODORO RIBERA / MINISTRO DE JUSTICIA DE CHILE
-¿Cuál es el mensaje que busca dar Chile con el indulto?
– El gran mensaje es no crean que es fácil, es muy difícil, es algo terrible, porque pierden su familia, no tienen la comunicación, nadie los viene a ver y, claro, vivir en la cárcel es duro, pero vivir en un penal del extranjero es mucho más.
-¿Qué seguridad hay de que estas personas no vuelvan a reincidir?–
Estoy seguro de que algunos de ellos van a tratar de volver a ingresar, eso es natural, el ser humano se tiene que quemar varias veces las manos para que entienda que el fuego es peligroso. He sido poco diplomático, pero extremadamente sincero al indicar que el que vuelva lo vamos a detener y lo vamos a mandar preso, a la cárcel, al sur.
-¿Ellos no podrán volver a Chile?–
Ellos se han comprometido a no retornar a Chile por los siguientes 10 años, porque aquí lo que hay es conmutación de la pena. Si vuelve al país, tiene que cumplir el resto de la pena que no ha cumplido, más la pena a la que puede ser condenado si retorna a Chile cometiendo un nuevo delito y además de forma ilegal.
-¿Habrá reciprocidad de Bolivia en el indulto a presos chilenos?
– Hay un tratado para que los presos chilenos puedan ser enviados a cumplir la condena en nuestro país. En las cárceles de Bolivia hay cerca de 15 chilenos, pero por alguna razón no optan por retornar.
La familia, motivo para no recaer
Susana Higa | Voluntaria en terapia ocupacional en Palmasola
Los reclusos favorecidos con el indulto vienen de cárceles en las que el régimen penitenciario es estricto y tienen verdaderos programas de rehabilitación, no como el nuestro. Por lo tanto, confío en que han sido seleccionados en base a su buen comportamiento y con el requisito de haber cumplido una buena parte de sus condenas.
Los indultados tal vez vengan con la esperanza de rencontrarse con sus seres queridos después de mucho tiempo, un motivo muy fuerte para no volver a delinquir; sin embargo, deberán readaptarse a las condiciones de vida en nuestro país y el reto que enfrentan es conseguir fuentes de trabajo honestas.
No descarto que un pequeño porcentaje reincida en delitos, porque así ocurre. En la cárcel de Palmasola tenemos la experiencia de que dos de cada 10 internos, en promedio, se rehabilitan con las pocas opciones de trabajo que se brindan en el recinto. Actualmente, hay 4.000 personas recluidas, de las cuales 300 trabajan en carpinterías y artesanías. Otro poco estudia carreras técnicas y bachillerato. Algunos toman el camino mostrado por las iglesias./BV
El Deber