La Realpolitik y el futuro del ALBA

Álvaro Riveros Tejada

Riveros Con la precisión y objetividad que caracteriza a la cultura alemana, este término que podría ser traducido al español como “política de la realidad” fue acuñado por Otto von Bismarck, conocido como el “Canciller de Hierro” por su mano dura y determinación en el manejo de todos los asuntos concernientes con su país, con un alcance mayor que el de la diplomacia tradicional, soslayando principios éticos, teóricos o morales, especialmente cuando se trataba de evitar la guerra; encontrar la paz y el equilibrio de los poderes entre los imperios europeos, como le fuera encomendado por el príncipe Klemens von Metternich.

Uno de los precursores más famosos de esta doctrina fue Nicolás Maquiavelo que en su obra El Príncipe sostiene que la única preocupación de un gobernante debe ser la de buscar y retener el poder para conseguir el beneficio de su Estado. Para ello proclama que toda consideración ética o religiosa es inútil. Sostiene además, que el bienestar del Estado depende de que el príncipe aprenda a utilizar el mal para lograr el bien, asumiendo que éste debía realizar los engaños e intrigas necesarias para no caer en los engaños e intrigas de sus rivales.

Extrapolando la aplicación de este método a lo que está sucediendo entre Irán y USA, cuyos presidentes han iniciado conversaciones, que hasta hace unos días habría sido absurdo siquiera suponer, muy bien podría implicar el sacrificio de Bashar al-Asad en Siria, para lograr un buen acuerdo de paz y amistad, luego de tres décadas de feroz beligerancia. Entonces, no es nada aventurado vaticinar que algo similar pudiese ocurrir también con los países que conforman el ALBA, y especialmente en Venezuela. Sabemos que la caída del régimen de Maduro decretará el inminente derrumbe de todo el sistema montado por el Foro de Sao Paulo, creado y administrado por Fidel Castro y cuya contribución al paraíso chavista fue venderle una franquicia de la “revolución cubana” como si la de Mc Donald’s se tratara, con la diferencia que ésta fue mil veces más cara. Es más, en los 14 años del chavismo maduro, la expoliación cubana sufrida por el rico país petrolero fue mucho más costosa que la que le costó a la extinta Unión Soviética.

No es difícil para los hermanos Castro intuir que la vaca ha sido exprimida hasta su última gota de leche y, a pesar de contar con un tonto útil que la administra y sigue obediente a sus instrucciones, lo que no sabe o no entiende es que lo que les sirvió a ellos no es lo que puede serle útil a él. Se puede tratar con los gringos de cualquier tema, desde la prostitución hasta el narcotráfico, siempre y cuando exista diálogo serio de por medio. Cuando un político se fanatiza, se enceguece o simplemente se ofusca con el cliché del antiimperialismo y no sale de ese tema, para los yankees es un imbécil intratable y por lo tanto, un perdedor de tiempo. Es el ejemplo de: Gadafi, Ajmadineyad, Chávez, Noriega, por citar unos cuantos.

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Es obvio que los Castro están conscientes de que ya es poco lo que se puede seguir mamando de la teta venezolana y, como astutos sableadores que son, necesitan llegar lo más pronto posible a un acuerdo con EE.UU. Para ello, qué mejor que canjearla con los gringos por la paz en la región; por los clanes de la droga; por los enemigos anti imperialistas, a cambio del levantamiento del embargo económico y un poco de oxígeno que les permita seguir reteniendo la monarquía comunista. De esta manera, ni Otto von Bismarck, ni Metternich habrían soñado la utilidad que prestaría la Realpolitik, en el futuro del ALBA.