Techo pa´ sacar pecho

Javier Paz García

javierpaz177_ La mayoría de las personas nacemos sin poseer una casa. Una vez empezamos a trabajar y más si formamos una familia es natural que queramos tener nuestra propia casa. Para ello ahorramos y sacamos un crédito. La casa se convierte así en el fruto de nuestro trabajo, esfuerzo y capacidad de ahorro. La construcción de viviendas es una actividad donde el mercado es bastante eficiente, pero sin embargo, los gobiernos a menudo creen que lo pueden hacer mejor, aunque sus resultados son generalmente magros.

Para ejemplo, el actual gobierno de Bolivia ha construido en todo el país 53 mil casas en ocho años. En cambio solo en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra dos empresas, Techo y El Pahuichi, deben haber comercializado más de 100 mil lotes en los últimos 10 años. Si a esto le sumamos los cientos de emprendimientos más pequeños, la comercialización de lotes para gente de escasos recursos debe superar las 200 mil unidades.



Por supuesto, quienes llevan a cabo estos emprendimientos no lo hacen por beneficencia, sino para lucrar y sabemos que el momento en que el negocio deje de ser lucrativo, no harán una sola casa más. Y nos debe alegrar que ganen, para que sigan teniendo los incentivos de construir casas en beneficio de las personas de escasos recursos. Quien compra un lote, lo hace luego de haber comparado precios y opciones de financiamiento de la competencia, luego de haber evaluado los pro y los contra de la ubicación, etc. El negocio surge del esfuerzo y ahorro de las partes y ganan el comprador y el vendedor quienes de manera voluntaria realizan una transacción, donde intercambian el fruto de su propio esfuerzo y ahorro, sin perjudicar a nadie más, sin robar o usurpar el trabajo de nadie más.

No ocurre lo mismo con las viviendas estatales donde gana quien le vende los terrenos con sobreprecio al Estado, gana quien obtiene la licitación para construir, gana el burócrata que recibe su tajada por comprar el terreno con sobreprecio y adjudicar la obra a su socio secreto, gana quien recibe una casa como favor político sin haber trabajado para ello. Y todo esto se realiza con dineros públicos, dineros que no produjo ni el político, ni el burócrata, ni el beneficiario de la vivienda, sino todos los contribuyentes al erario nacional. Ganan unos pocos a costa del esfuerzo ajeno, el esfuerzo de todos los demás.

El Deber – Santa Cruz