Un nuevo escándalo compromete la carrera de Rihanna

Rihanna, en el día 2 del festival de Coachella celebrado en Indio (California). / Christopher Polk (AFP)

Rihanna ha reaccionado y niega que haya tomado drogas después de que se publicase un vídeo en Instagram en el que se veía a la cantante enrollando un objeto cilíndrico blanco y tocándose la nariz mientras estaba de fiesta con unos amigos en el festival de música Coachella. Las imágenes del pasado domingo se convirtieron en un fenómeno viral, y en la Red miles de fans se alarmaron ante un posible consumo de cocaína por parte de la cantante de Barbados. La artista finalmente respondió este martes publicando otro vídeo en su perfil de la red social con la misma escena, pero se ve que lo que hace es enrollar un cigarrillo.



Ghetto yout’ at ‘chella!

Un vídeo publicado por badgalriri (@badgalriri) el

El vídeo que ha originado la polémica fue publicado por un usuario de Instagram y al parecer la propia cantante dejó un comentario en la publicación indignada por lo que se estaba insinuando sobre ella. “Hasta un idiota puede ver que lo que estoy haciendo es liarme un cigarro. ¿Quién esnifa tabaco? ¡Que alguien se toque la nariz no quiere decir que esté tomando coca!”. Ante el comentario el usuario lo borró, pero el vídeo ya había incendiado las redes sociales.

La bad gal (chica mala), como ella misma se hace llamar, ya vivió una situación parecida en 2012 cuando publicó una imagen suya “cortando” una sustancia en polvo blanca sobra la cabeza de un hombre. Esta vez ha querido defenderse cuanto antes, consciente del daño que puede suponer a su imagen pública y a sus contratos publicitarios [es el nuevo rostro de Dior y la nueva directora creativa de Puma], como le ocurrió en su día a Kate Moss. Así que decidió subir a su cuenta de Instagram, con más de 17 millones de seguidores, otro vídeo de la misma escena pero vista mucho más de cerca. En un primer plano Rihanna aparece haciendo exactamente lo que dice que hacía: enrollar tabaco en papel de fumar.

Ignacio GomarFuente: El País