Especial. Madre e hija manifestaron lo que sienten al parecerse tanto entre sí. Además de las características físicas que las unen revelaron rasgos del carácter que también comparten en su diario vivir

Cuando cada una de estas madres se mira al espejo se reconoce en sus hijas con unos cuantos añitos menos. No solo lo físico las acerca, también muchos rasgos de su personalidad; las mismas pecas, los rulos en el pelo, el mentón o la nariz y hasta la sonrisa, son aspectos que están presentes en la madre y en la hija, en muchos casos.
Los genes no mienten y una vida juntas también propició que la menor imite a la mayor…
Por eso unimos a madres e hijas de diferentes ámbitos para que puedan mirarse una a la otra y manifestar su percepción sobre el parecido que las une.
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Nos abrieron las puertas de su casa y su corazón la artista plástica Raquel Schwartz y su hija mayor Chantal Fischzang; la destacada voleibolista Lidia Mayser y su hija, también deportista Lidia Gamarra; la gestora cultural Cecilia Kenning junto a su hija Analía Mansilla y la decoradora Chinga Foianini acompañada de su primogénita Liliana Rivero.
Dos gotas de agua
Las une el amor por el arte y su parecido físico es evidente. Ellas tienen una relación muy estrecha a pesar de que Chantal vive en Estados Unidos. El porte, el cabello y hasta las pecas son los rasgos que comparten
Si uno no conoce a Raquel y a Chantal y las ve juntas por la calle, puede adivinar que hay una relación de parentesco debido al tremendo parecido físico. Ambas, como opina mucha gente cercana a ellas, son dos gotas de agua. Chantal es la primera hija de la artista plástica Raquel Schwartz y reconoce orgullosa que heredó de ella muchas cosas físicas como la estatura, las proporciones, los ojos, la sonrisa, las expresiones, las cejas, los rulos e incluso la piel con todas sus pecas.
A Raquel no hay nada más que la llene de satisfacción que saber que Chantal y sus otras dos hijas (Natalia y Olivia) se le parezcan. “Compartimos mucho en común, como salir de compras o visitar museos y galerías de arte o simplemente encontrar un rico restaurante para compartir juntas”.
Su trabajo como artista plástica ha sido otra influencia que ha propiciado y eso es otro maravilloso parecido que refuerza su orgullo: “Tenemos la misma pinta y tamaño; y la pasión por el arte y el diseño lo heredó de mí”.
Por si fuera poco, Chantal cree que recibió otra herencia más, además de ser copia fiel del original. “Mi mamá es una persona positiva, asertiva y tiene muy buena voluntad, por eso todo lo que emprende toma vuelo. Me gusta pensar que yo también tengo esa buena fe en la gente y esa claridad de mente al formular ideas, criterio y al tomar decisiones”, resalta.
Chantal considera que su madre es una mujer hermosa, con un espíritu joven y confiesa que se siente halagada de que las encuentren tan parecidas al punto de creer que son mellizas y agrega que lo que más le gusta tener de su progenitora son sus ojos cuando sonríe

Sara Analía Mansilla es un privilegio parecerse a su mamá. Asegura que los rasgos que innegablemente le heredó son el mentón y la nariz. Pero además cree que hay cosas del carácter que también le sacó. “Lo más marcado que tengo de ella es la determinación de acabar lo que se empieza. Sea lo que sea, nosotras logramos lo que nos proponemos aunque sea difícil y siempre entregamos empeño y predispocisión a costa de lo que sea”, menciona Ana Lía. Casi al mismo tiempo de hacer esta afirmación, confiesa que a veces esa entrega requiere de grandes sacrificios.
Como mamá, Cecilia Kenning se siente muy orgullosa de su hija y dice que ve en ella, además del parecido físico, factores del comporamiento que ella misma tiene. “Somos dedicadas y organizadas. En lo físico no nos parecemos tanto, pero sí bastante en el rostro. Muchas cosas que veo en Analía me recuerdan a mi juventud y es muy agradable ver cómo ella es tan parecida conmigo”.
Tienen una relación de madre/hija muy fuerte. “Mi mamá es una mujer correcta, sumamente trabajadora, completa e íntegra en su trabajo.
Es un apoyo importante para mí, siempre me ha ayudado a soñar y a cumplir las metas que me he trazado en la vida”.
Otras veces, cuando se mira en su madre confiesa que también encuentra algunos defectos en ella misma: “Hay momentos que la observo y proyecto mis propios defectos y me enojo conmigo misma. Pero lo bueno de todo esto es que es más fácil encontrar los aspectos en los que tengo que trabajar en mi carácter y mejorarlos en mi día a día”.

La decoración es su vida y su pasión. Chinga Foianini ha desarrollado su rol de madre junto al de mujer trabajadora forjando un negocio en el que siempre estuvo acompañada por sus hijos: Liliana, Carolina y Rudy, según comenta.
Considera que Liliana Rivero, su hija mayor, es la más parecida a ella. “Todos mis hijos tienen algo de mí, pero Lili es la que toda la gente me dice que se parece más: la mirada, los ojos, la sonrisa. Ella está siempre risueña, alegre y eso es algo que estoy segura me sacó a mí. De hecho, su forma de ser y su personalidad son idénticas”, resalta Chinga.
Liliana cree que físicamente tiene rasgos de ambos padres, pero asegura que es la hija que sacó el carácter de su mamá. “Mi madre es alegre, es dimámica, le gusta que todo marche bien en el trabajo y se cumplan los tiempos y yo saqué eso, hasta la forma de hablar y de trabajar. Me dicen Chinguita menor, porque soy mi madre, aumentada y corregida”, cuenta con mucho entusiamo. Recuerda su niñez junto a sus padres, pero sobre todo, el trabajo con su mamá desde que tenía ocho años. Tal vez por eso decidió estudiar Decoración y Auxiliar de Arquitectura en Argentina. “Le heredé el ser multifacética, resolver los problemas e ir siempre con la verdad en el trabajo y en todas las demás áreas de mi vida”.
Si bien Chinga admite que todos sus hijos tienen rasgos parecidos, cree que “Cada uno de ellos es especial, pero en definitiva, en la imagen se puede ver que lo que se hereda no se hurta”.

Lidia Mayser es un ícono del deporte y es reconocida por su trayectoria como jugadora de voleibol. Lo primero que le heredó su hija fue el nombre. Lidia Gamarra es su primogénita y además de la estatura adquirió su entrega por el deporte y la sensibilidad para ayudar a los demás. Al verlas sonreír, se puede observar el parecido en la fisonomía de la cara.
Si bien sus actividades son distintas, Lidia mamá, con su labor de dirigente deportiva y Lidia hija, que trabaja como chef, tienen otras áreas en común, como la sensibilidad de ayudar a los demás, que es un nexo que las une.
Lidia Mayser menciona que ambas tienen vocación de servicio. “Nos gusta colaborar con las personas que lo necesitan, de una u otra manera, pero siempre estamos pensando de qué forma podemos generar proyectos de impacto en la gente”, explica. Lo mismo manifiesta Lidia hija, quien dice que su mamá le enseñó siempre a dar la mano a los demás. “Ahora estoy haciendo clases de zumba para los niños con síndrome de down. Ver a mi mamá que siempre trabajó ayudando a la gente me hizo como soy ahora. Me llena de orgullo saber que ella da mucho de sí para los demás y me encanta saber que tengo mucho parecido con ella”, manifiesta.
“Creo que siempre nosotros queremos que nuestros hijos nos saquen algo, y aunque ella se parece a mi en el tamaño y la sonrisa, nuestro carácter también es igual. No somos personas aguerridas, ni contestonas, somos tranquilas”, describe y su versión es corroborada por su hija que admite que al igual que su mamá es una persona callada y algunas veces hasta tímida.
Fuente: sociales.com.bo