Winston EstremadoiroDerivado del griego antiguo, ¡kudos! dicen en inglés felicitando por un meritorio o excepcional logro. Esta vez es del Gobierno, al que quizá le ha sentado bien la visita del papa Francisco. Esa fue mi reacción al sorber mi café y leer en el periódico sobre el reciente acuerdo con Brasil que impulsa las hidroeléctricas en el Angosto del Bala, en Cachuela Esperanza, la binacional en el río Madera y en Rositas (de la cuenca del río Grande), amén de termoeléctricas bolivianas adicionales.El embalse de la represa del Bala posibilitaría muelles marítimos en Riberalta y en el peruano Puerto Maldonado, hoy embarcaderos de canoas (“cascos”) y una que otra lancha turística. Haría una rada importante de Puerto Siles en La Paz, que llevase productos altiplánicos, yungueños y del norte amazónico a mercados de ultramar. La hidrovía Ichilo-Mamoré trascendería a algo más que un saludo a la bandera, con Puerto Villarroel en un extremo y Guayaramerín en el otro. Reviviendo el tren de la muerte –como se llamó al ferrocarril que sorteaba las cachuelas del río Madeira- se traería estaño de Rondonia, por tren, río y carretera, a refinar en Vinto.Ojalá que el reciente convenio incluya las esclusas en las represas brasileñas de Jirau y Santo Antonio, en la hidroeléctrica de la Cachuela Esperanza que tuvo el primer tren en la vastedad amazónica del noreste boliviano, y la represa binacional en el pedacito compartido del río Madera. Junto con un gran muelle marítimo boliviano de acopio en Porto Velho, remataría por el río-mar, el Amazonas, en un puerto en Belén do Pará, aquella ciudad brasileña donde Nicolás Suárez almacenaba y exportaba goma elástica a mercados mundiales por el Océano Atlántico.Cubierta de crema de la torta serían los megavatios de energía eléctrica generados por las turbinas, que harían realidad eso de que Bolivia sea el núcleo energético de la América del Sur, ribete rimbombante si se considera que nuestro mercado está en el país-continente: Brasil. Las hidroeléctricas y termoeléctricas en estudio, dice el ministro de hidrocarburos boliviano, generarían un excedente de 2.500 MW en 2020; en el 2023 se podrían exportar entre 8.000 y 10.000 MW, y aún más desde 2025. ¡Lindos fastos de 200 años posibilitaría la chorrera de plata para disminuir deficiencias, pobreza e inequidad!Construirán 60 represas en el interior brasileño dicen los escépticos que objetan el plan, porque “llegaríamos tarde a la carrera”, como si las necesidades energéticas fueran estáticas. Yo, de entrada digo que si hoy Bolivia tiene 10 millones de patriotas que no sueñan con un ‘condo’ en Miami, y más de un millón y medio de valientes que refriegan pisos en Madrid o lo que fuera, puede que no se llegue a los 40 millones de colombianos, pero me conformo con la mitad. Población joven que sería, deben proveerles de servicios de educación y salud decentes, y eso es con marmaja.El plan energético brasileño tiene algo que ver con la geopolítica del futuro. Tener agua dulce y su conservación será causa de conflictos, en un planeta que se calienta irremediablemente. ¿Los embalses no son una forma de almacenarla? Sembrados de peces hasta mejoran la dieta, digo yo. Además, ¿Marx no decía que “los filósofos han interpretado el mundo; lo importante es cambiarlo”? Quizá se refería a doctrina andina del “Vivir Bien”, en sociedades que eran egalitarias solo para los poderosos.¿Acaso la naturaleza no se renueva? Hasta una carretera elevada para proteger el Tipnis requeriría intervención humana para asentar pilotes. Ni hablar que somos depredadores por excelencia: lo dicen las hectáreas quemadas de la laguna Alalay, los sábalos polucionados de mineral del Pilcomayo, la porquería en el lago Titicaca, el festín anual de hogueras de bosques, los cocaleros ávidos de tierra en Amboró o el Tipnis. Ante tan triste prospecto, ¿no sería mejor usar los recursos naturales para el bien común?He tratado estos asuntos desde el albor del nuevo milenio. Sería presuntuoso decir que até todos los nudos de tal quipus. Testarudo que soy, moderé algunos, pero me ratifico en la mayoría. Bolivia es andino-céntrica, por no decir aimara-céntrica, y centralista. Otea la costa perdida en la invasión chilena de 1879. En 1867, con Brasil no se insistió en puerto allende las cachuelas y libre navegación en el Amazonas y al Atlántico. En 1903 se vendió lo que restaba del Acre por dinero y un tren que costó muchas muertes y no llegó a Riberalta; de La Paz no pasó de la llamada ‘cumbre’. Guerra avisada fue la del Chaco: en 1898 (desalojo paraguayo de bolivianos en el recién fundado Puerto Pacheco), y en 1928 (ocupación paraguaya del fortín Vanguardia), hasta que un bravucón prendió las llamas en 1932.¿Resultado? Colgamos de las uñas en los tres accesos marítimos con que nació el país. Brasil tiene la llave de dos de ellos: al noreste con esclusas en hidroeléctricas; al sudeste, con Puerto Aguirre. Llegaremos al Pacífico prendidos de la levita brasileña y su urgencia de mercados en Asia. ¿Por qué no volcar el país hacia el Atlántico? ¿Qué quiere Chile a cambio de mar?: agua. En vez de lloriquear por mar, dejen a ese fruto que caerá de maduro. Eso sí que sería cambiar Bolivia.El Día – Santa Cruz