
El vicepresidente, con el ánimo y el tono desencajados, increpaba a los que habíamos optado por el No. Nos etiquetó con los más ácidos calificativos. Habría mucho que decirle sobre la intransigencia y el dogmatismo. Habría mucho que decirle sobre la soberbia y el gobernar obedeciendo. Contesto su arrogante interrogatorio. ¿Quería saber cómo nos sentíamos al lado de sus opositores festejando el triunfo del No?
Personalmente, me siento bien al lado de cualquiera que me respete, aunque tengamos visiones políticas propias. Además, me alegra coincidir con la mayoría de los bolivianos. Coincidimos en creer que los gobernantes agotan su capacidad propositiva antes de los 10 años y que necesariamente deben buscar relevo. Solo eso es nuestro común No.
No me gusta convertir este No en juicio al Gobierno, pero como la pregunta era eso y era insistente, insidiosa, le cuento al vicepresidente que brindo feliz con cualquiera, antes que hacerlo con los que son capaces de azotar a los indígenas como en tiempos de la Colonia. Comparto la alegría más a gusto con cualquiera, antes que con los que han matado a las ONG que fueron siempre el refugio y el sostén de los movimientos populares bolivianos. Levantaría mi copa con muchos de los acusados de opositores, antes que apoyar la destrucción salvaje de la educación que nunca llegó para hacer crecer a nuestros compatriotas más olvidados.
Que me perdonen nuestros gobernantes, de los que esperaba tanto. En la realidad no han sido modelo de revolución, ni de coherencia ni de justicia social, ni de respeto a la madre tierra ni de eficiencia, ni de honestidad administrativa. No me gustaría festejar nada junto a los que han gastado el mayor presupuesto de la historia en mimar a unas fuerzas armadas cansadas de masacrar a nuestro pueblo, mientras nos matan en las cajas de salud, mientras los hospitales públicos cuestan a los pobres como clínicas privadas o mientras se negó presupuesto para levantar la capacidad productiva de nuestros campesinos. No veo por qué no podemos coincidir en el No con los demás políticos. Es peor aplaudir a los que concertaron acuerdos oscuros con más oscuras empresas chinas, o que despilfarraron para nada el Fondo Indígena o el saco sin fondo del Evo cumple.
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No menciono a la Policía, parte de la inseguridad y no solución. No menciono las cárceles. No menciono el silenciamiento de sus críticos internos. No menciono su manipulación permanente y sus medias verdades. Solo me queda espacio para exigir honestidad, libertad y verdad.Fuente: eldeber.com.bo