Discursos virulentos para niños y jóvenes

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Editorial – El Diario

Últimamente, más que en otras oportunidades, altos personeros del Gobierno han pronunciado discursos agresivos contra los líderes opositores y han mostrado una virulencia excesiva no exenta de amenazas. En opiniones generales este tono subido parece originarse en el resultado del referéndum de febrero pasado que, como se sabe, no favoreció la intención oficialista de una segunda reelección que, añadida a los 15 que lleva en el poder habría venido a sumar 20 años continuos del actual Gobierno. No es común ni frecuente escuchar en los gobernantes de los distintos países discursos incendiarios que proclamen la división social, atenten contra la unidad y la cohesión nacional, que es una de las condiciones de existencia de los Estados.

En efecto, en los pasados días 8 y 9 el vicepresidente Álvaro García reanudó dicha prédica con alusiones “antiimperialistas” en algunas localidades provinciales, llamando “vende patrias” a los opositores y vinculándolos a “los gringos” saqueadores. Instruyó a los padres de familia que “cada noche enseñen la historia” para evitar que los aliados de los gobernantes anteriores “quieran llevarse todo al extranjero”. Dijo que las comunidades no deben permitir que retornen quienes “los desprecian” y despojan a los bebés, etc.

La historia unilateral y sesgada por la política no es historia. El pueblo -al que van dirigidos estos discursos- no puede acceder a otras fuentes que las que viene escuchando, lo cual le impide formar criterios históricos equilibrados.

La prédica constante antiimperialista y anticapitalista –hace poco el presidente Evo Morales sugirió que Bolivia sea el centro antiimperialista del continente- concentrada ahora, más que nunca, en niños y jóvenes es fácilmente asumida porque la escuchan desde sus padres y así ocurre generacionalmente, favoreciendo a los políticos que operan sobre terreno abonado. La misma escuela es donde se inicia la difusión de estas medias verdades.

A propósito, conviene recordar que no hay un solo imperialismo, más allá de que, como se dice, ha desaparecido el mundo bipolar. En el planeta hay potencias emergentes tan imperialistas como su modelo, del cual han aprendido todo el manejo capitalista. Tal es el caso de China Popular, potencia bien asentada económicamente en nuestro territorio, ejecutora de grandes inversiones estatales, que todos conocen. Su influencia en el país es incontestable con el beneplácito del Gobierno, sazonada por afinidades ideológicas. Entonces estamos inmersos en esa nueva órbita imperialista y, si se quiere, hemos salido de un imperialismo para caer en otro. Pero como este complejo es todavía poco visible, conviene al oficialismo continuar la prédica acostumbrada “antiimperialista”, con toda su salsa y aderezos conocidos.

El Diario – La Paz

 

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