La autonomía indígena es la ruta a la tierra sin mal de los guaraníes


Con Bs 750.000 por capitanía no alcanza para vivir bien. El 21 de noviembre votarán para convertirse en municipio indígena. Los ganaderos se oponen, temen por sus tierras, pero son minoría

por aquí no pasó la difusión en esta casa ya se inscribieron para votar, pero necesitan información Teresa, Ignacia y Porfiria son tres generaciones de una misma familia. Están preocupadas porque su chaco de maíz se secó antes de dar mazorcas para comer t

Por aquí no pasó la difusiónen esta casa ya se inscribieron para votar, pero necesitan información Teresa, Ignacia y Porfiria son tres generaciones de una misma familia. Están preocupadas porque su chaco de maíz se secó antes de dar mazorcas para comer todo el año

Pablo Ortiz – [email protected]



En esta reunión hay permiso para soñar. “Para vivir bien tenemos que tener escuelitas, hijos que estudien y tener alimentos para esos hijos que van a estudiar y también para nosotros”, dice un mburubicha (capitán) de una comunidad guaraní del municipio de Gutiérrez. “Tenemos que calcular bien cuándo sembrar el maicito, la kumanda (frejol), el zapallo. Antes todo se daba en nuestro chaco, pero ahora, con el cambio climático, todo cambió”, dice otro, más flaco, más joven.

Aquí, en un tinglado de El Cruce, en la Capitanía Caipipendi de Gutiérrez, los guaraníes definen qué es vivir bien, cómo sería la tierra sin mal para ellos. Pronto, otros capitanes aportarán al ideal colectivo. Vivir bien será tener trabajo, tener salud y educación, un territorio suficiente para desarrollar proyectos productivos. También será “cuidar la tierra, que está siendo charqueada para sacarle sus riquezas para que el Estado viva”. Vivir bien será sacarse la envidia, será no tener preocupaciones.

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Cuando comienzan a revisar el Programa Operativo Anual de Gutiérrez para 2017, el sueño termina. Tendrán Bs 11 millones, dos menos que este año. Por diferentes leyes, Bs 9,5 millones ya estarán repartidos. Queda 1,5 millones para inversión en las dos capitanías, Caipipendi y Kaaguasu. Los capitanes se miran entre sí y se ríen con resignación: no hay forma de encajar el vivir bien o la tierra sin mal en un presupuesto de Bs 750.000.

Gutiérrez, un municipio vecino de Charagua en el que el 90% de sus habitantes son guaraníes, es el segundo territorio cruceño que optará por la autonomía indígena. Para ello, recolectaron las firmas del 30% de su padrón electoral y consiguieron el derecho de votar en un referendo el 21 de noviembre de este año. Todos, hasta los que se oponen, dan por descontado que el sí a la autonomía indígena ganará.

“Como indígenas y como guaraníes queremos salir de esta pobreza, pero con estos pocos recursos va a ser difícil. Pero no por no tener plata nos vamos a quedar con los brazos cruzados, queremos avanzar hacia la autonomía indígena”, dice Benito Bartolo, capitán grande de Caipipendi.

Lo que buscan los guaraníes es tomar el futuro en sus manos. No entienden cómo la mayor parte del dinero que se le asigna al municipio viene predestinado, cómo eso que ellos, que viven en el territorio, no pueden decidir invertir más en salud, educación, agua o producción.

Delfín Vaca, capitán de autonomías de Kaaguasu, recuerda que esta lucha no viene de ayer en Gutiérrez. Explica que comenzaron a hablar de convertirse en un municipio con autonomía indígena en 2008, que ya recorrieron todas las comunidades explicando a los vecinos de qué se trataba, que recogieron las firmas para hacer el referendo en 2014 y que ahora deben hacerle recuerdo de qué se trata el autogobierno.

El trabajo que tienen es titánico. No muy lejos de allí, en una casa de Las Cruces, hay tres generaciones de mujeres guaraníes que no saben qué es autonomía. Ignacia cuenta que era una niña cuando vio pasar a los soldados a la Guerra del Chaco y ni su hija, Porfiria o su nieta Teresa recuerdan su edad. Mientras se pasan el mate para bajar el almuerzo, velan la olla de tujuré para que no se la coma el chivo que la está rondando. Este año, el maíz se secó antes de tener mazorcas y tuvieron que comprar para seguir comiendo. Eso es lo que ellas le piden a la autonomía, agua para el chaco, comida para el plato y escuela para los niños.

Los otros
Sin embargo, no todos están de acuerdo en dar el paso hacia la autonomía indígena. Bartolo y Vaca saben que en este proceso también hay “terceros”. Los enumeran con los dedos de una mano, pero son muchos más. Son los profesores, médicos, enfermeros, ganaderos y transportistas. Ellos comparten su territorio, conviven con los guaraníes, pero no están de acuerdo con lo que se vendrá.

Si bien Gutiérrez está dividido por la carretera que une Santa Cruz con Yacuiba en dos capitanías, tiene dos centros urbanos, Ipitá y Gutiérrez. Allí están los terceros a los que tienen que convencer los guaraníes y el hueso más duro de roer serán los ganaderos.

“Son cosas políticas y yo no entiendo de eso”, dice Hortensia Vargas, vicepresidenta de los ganaderos. “No vamos a apoyar la autonomía indígena, porque vamos a ser afectados los productores. Nos van a querer revertir nuestra tierra, vamos a ser su trapo”, añade. Vargas se queja que los guaraníes no han informado nada, que necesitan un taller para estar tranquilos. La Constitución no pasa el control de la tierra a las autonomías indígenas, pero eso no lo sabe Vargas.

Tampoco lo saben Humberto Tapia ni Macedonio Gálvez. Sentados en la plaza de Ipitá tienen miedo de lo que pueda venir. “Los blancos aquí somos poquitos, seguro es que ganan los guaraníes”, dice, con resignación Macedonio Tapia. Y es que a ellos, como a los indígenas, esta forma de gobernar tampoco los ha llevado a la tierra sin mal ni al vivir bien

Fuente: eldeber.com.bo