La migración y escasez de dinero azotan a Caraparí

caraparicitoLa migración y la escasez de dinero circulante marcan el día a día del municipio de Caraparí, que despierta de a poco del sueño gasífero.
El principal motivo es que las empresas que operaron dentro de la cadena hidrocarburífera están abandonando la región, restándole ingresos a todos los rubros.Caraparí es la segunda sección de la provincia Gran Chaco, conocida también como la capital gasífera de Bolivia al encontrarse en su jurisdicción el pozo de San Alberto, que hasta poco fue uno de los principales proveedores de hidrocarburos de Bolivia a Brasil, pero entró desde el pasado año en su fase de declinación natural irreversible.Tiene 48 comunidades y una población de 16.000 habitantes, de los que 5.700 aproximadamente viven en la ciudad que está asfaltada en su parte central, donde además se acumulan las obras de infraestructura del Municipio y Subgobernación, todas de gran tamaño. Quebradas revestidas de cemento, parques coloridos por doquier, plazas con cercos para que el ganado no se coma el ornamento, coliseos deportivos, imponentes estatuas, son algunas de las características arquitectónicas de Caraparí, pero extrañamente suelen estar infrautilizadas según señalan diferentes fuentes consultadas por El País eN.Según Cesar López, presidente de la Asociación de Gremiales Virgen de Guadalupe, al momento la ciudad atraviesa una situación crítica, de problemas económicos, disconformidad social y demandas de salud y servicios básicos irresueltas. Sin embargo expresó que en el caso de su rubro día a día salen a sus puestos pues tienen que seguir tratando de vender, pese al futuro desalentador que se va asumiendo con resignación.“Se decía años antes que Caraparí era la billetera del país, ahora en realidad nadie se acuerda de este pueblo, se está quedando como quedó Camiri en su momento, todo vacío. Nuestras anteriores autoridades nunca han hecho un proyecto sostenible que de beneficio a la gente, hoy que se acabó el gas y ha bajado el petróleo, todos se van, no hay plata en movimiento ni manera de seguir saliendo adelante”, manifestó.Dijo que los dirigentes exponen estos problemas a las autoridades, al ser quienes reciben de primera mano las quejas de la población, por lo que ahora es necesario que quienes administran los recursos vean la forma de evitar que continúe esta “caída en picada”.Por su parte, el dirigente de la Asociación de Transporte 12 de octubre, Hugo Torres,relató que desde el año 2.000 muchas personas empezaron a llegar provenientes de todas partes de Bolivia, enteradas de que había empresas que generaban movimiento económico. Sin embargo desde mediados del pasado año, el fenómeno se ha revertido y paulatinamente todos están abandonando la ciudad, por lo que al final creen que solamente quedarán los carapareños que viven allí por generaciones.“Desde ese entonces se hablaba de que la producción de gas sería hasta el 2020, pero había sido menos oiga. Lo que da pena es ver que con tanta plata que ha pasado la ciudad va para convertirse en una ciudad desierta, los jóvenes se van a estudiar, los profesionales que alguna vez regresaron para quedarse en su tierra ahora sin trabajo deben irse de nuevo. Puede ser que en el campo estén mejor las cosas, muchos se volvieron en este tiempo comerciantes pero va a haber que volver a la agricultura, que siempre fue el fuerte de acá”, expresó Torres.Cecilia Carrizo, dedicada al rubro de la comida, explicó que el vacío económico se siente en todos los rubros. En su caso ejemplificó que había días que “faltaban las manos” para atender a los clientes muchos de ellos de Santa Cruz, La Paz, Brasil, y era necesario trabajar hasta horas de la madrugada para poder cumplir los contratos de refrigerio con las empresas. “Puedo decir con mucha certeza que al menos un 80 por ciento de la gente ya se ha ido, dice que solamente quedan los de mantenimiento, entonces no queda más que irse porque no alcanza la economía”, agregó.Consultado el presidente del Comité Cívico, Silvio Vega, confirmó que se trata de uno de los momentos más difíciles, y analizando la situación en retrospectiva creen que ha existido una inversión que no ha sido planificada, por lo que esperan que en los años siguientes se resuelvan los problemas básicos de la gente, de los que se quedarán a vivir en la ciudad después de que pase por completo la época del gas.La ciudad de la infraestructura abundanteAl llegar a Caraparí llama la atención el tamaño de la infraestructura. Un exconcejal consultado, quien pidió mantener su nombre en reserva aseguró que en esa jurisdicción se ha instaurado la “política del diezmo”.Fuente: www.elpaisonline.com