Acapulco, nueva meca de la porcelana Ming

El Instituto de arqueología mexicano ha encontrado más de 3.000 piezas del siglo XVII en la costa del Pacífico

Una de las piezas de cerámica china halladas en Acapulco.

Tres días antes de que empezaran a cavar, Roberto Junco recibió una llamada desde Acapulco. «Era el director del Fuerte», explica por teléfono, «me contó que un señor le había llevado una bolsa llena de cerámicas a su despacho». La llamada tuvo lugar el viernes 30 de septiembre. El lunes siguiente, Junco y su equipo de arqueólogos iniciaban su proyecto en el puerto mexicano. Viajarían desde la Ciudad de México. Buscarían restos de cargamentos de las naves que habían hecho la ruta a Manila durante siglos. Excavarían tres pozos en el Fuerte de San Diego, una construcción defensiva que habían levantado los españoles durante la colonia. Allí, pensaba, encontraría lo que buscaba. Pero aquella llamada cambió todos sus planes. Un señor, le dijo el director, acababa de dar con decenas de trozos de porcelana china del siglo XVII en los escombros de una obra.



«Las encontró en una zanja de Fonatur», dice el arqueólogo, sobre el ente público que se encarga de fomentar el turismo en México. «Estaban cavando una zanja para instalar unas tuberías de agua potable junto a la catedral. Los obreros dejaban el cascajo ahí a un lado y un señor vio que había trozos de porcelana, se acercó y agarró unas muestras».

Víctor Hugo Jasso, director del Museo Fuerte de San Diego, recuerda que el señor llegó con las piezas y le dijo que sabía que eran valiosas porque había visto unas parecidas en el museo. «Fui a hablar con el alcalde para que pararan la obra», cuenta Jasso, «luego pedí que me trajeran el lodo». Tres camiones llenos de lodo, cascajo y escombro llegaron al patio del museo antes del fin de semana. Jasso se comunicó con Junco y él y su equipo partieron enseguida a Acapulco. El arqueólogo dice que han encontrado más en tres días de excavación en la zanja que en 12 años rastreando los galeones que cubrían la ruta a Manila.

«Son más de 3.000 piezas», cuenta Junco, que integra la subdivisión de arqueología subacuática del INAH, el organismo público que custodia los tesoros históricos de México. «Durante 12 años peinamos la costa de Baja California Sur y no encontramos tanto», dice. Hace unos meses, el INAH inauguraba una exposición en Ensenada con piezas rescatadas de una nave hundida, uno de los galeones de Manila. La exposición, todo un logro después de tanto tiempo, reunió algo más de 200 piezas.

Acapulco se convierte así en el depositario de un tesoro espléndido. «Son piezas de porcelana kraak», detalla Roberto Junco, «un tipo de artesanía que empezaron a fabricar en China en tiempos de la dinastía Ming, en el siglo XVII. Las formas son distintas a las que usan los chinos. En las piezas que hemos podido estudiar no hay para dejar los palillos, pero sí para las cucharas. Eran piezas de exportación».

La Nao de China o Galeón de Manila, la primera ruta mercantil masiva entre América y Asia, comenzó a operar en 1565. Por más de dos siglos, Acapulco fue sede de ferias comerciales y puerta de entrada de mercancías de China, pero también de Filipinas o Japón. La capital turística del Pacífico mexicano, rehén de la violencia en los últimos años, busca la redención en la cultura. El propio Junco está preparando un cómic que explique la historia de la ruta a Manila. Si todo sale bien, una empresa de autobuses los repartirá en el trayecto del Distrito Federal a la ciudad costera.

Fuente: elpais.com