Letra y música de Bob Dylan

bolivarJosé Luis BolívarAl salir de mi querida escuelita México en la vieja calle Ingavi de la ciudad de La Paz, mi mamá pasó a recogerme para que juntos podamos ir a buscarle un regalo a mi primo que estaba de cumpleaños y cuya mamá nos invitó a un almuerzo para compartir con mi casi casi hermano gemelo (nos separaban apenas 3 meses de edad) y habiendo nacido y crecido en la misma hermosa casona colonial de la Comercio esquina Bueno, lo menos que deseaba era no poder abrazarlo y decirle lo mucho que lo quería.Si se trata de hacerle un presente a un imberbe de 8 años, no hay mucho donde perderse, un juguete, que con seguridad no solo hará muy feliz al cumpleañero sino será una tarea simplificada para el afectuoso donante. Sin embargo mi progenitora ese día tomó otro rumbo y decidió hacerle a mi primo en su octavo aniversario un obsequio muy distinto.Enfilamos los pasos hacia una pequeña librería que estaba al lado del ya desaparecido Colegio Lourdes que colindaba con las gradas de la Pichincha y en el mostrador empezó a buscar algún texto interesante que le pueda permitir a Gonzalo empezar a disfrutar del hermoso regalo divino que es el poder transformar los códigos alfanuméricos del alfabeto plasmados en una hoja, en hermosas o triste realidades creadas en nuestro aventurero cerebro.Yo todavía no había tenido esa dicha, ya sabía leer y escribir lo básico, sin embargo las miles de revistas y libros que tenía en casa solo eran manipulados para observar fotografías y dibujitos que me daban una idea pero no el cabal entendimiento. Aún no me había perdido en un texto, no había viajado a través de un relato escrito, y mi mente estaba en espera de poder vivir esa experiencia.Entre los libros de sus estantes, mi mamá optó por regalarle Platero y yo, hermoso relato de un anciano solitario y ermitaño que amaba la soledad en compañía de un pequeño burro gris con blanco, cuyo pelaje a la luz de la luna brillaba como la plata. Era un texto simple, digno de la más dulce literatura infantil, pero como era un regalo no lo pude leer hasta que lo encontré en un paseo por el antiguo pasaje de las flores de la Pérez Velasco y en 5 minutos lo devoraré. El que fue mi primer libro completo se llamaba Cara Sucia de Camarlinghi y su texto me hizo el lector aficionado en que me convertí y cuya buena costumbre por abrir un libro y fundirme en él, me llevó por mundos y tiempos que he habitado en los últimos 40 años, algunos tan fantásticos que en mis momentos de locura solitaria llego a habitar en ellos creando nuevas y mejores aventuras.Desde aquella primera experiencia con una obra literaria habían pasado muchos años, y mi amor por los libros solo fue emparejado por mi deleite hacia la música. La afición de mi progenitora a no poder mover un dedo si su antiquísima radio Phillips de 3 bandas estaba apagada me hizo amar la melodía y la enorme variedad de géneros de los cuales disfrutaba. Con ella conocí la música en su inmensa  diversidad y la comencé a apreciar desde mi infancia.A mis 17 años, un caro amigo mío Coco Cárdenas, abrió una tienda Sui Generis para su época y que se convirtió no solamente en una especie de catedral para los fanáticos de la música Rock, sino también en un Redez Vous de la juventud paceña. En Söm Shop, la gente aparte de ver las tapas de discos, escuchaba música rock a buen volumen y compartía los afanes dignos de su edad con sus congéneres.En la época de oro del Heavy Metal, los vinilos y sus tapas eran unas verdaderas obras de arte. Los centros de los álbumes sobre todo en vivo y las fotografías interiores eran un real deleite para los ojos. Muchas de estas portadas de los discos pasaron a la historia como verdaderos íconos de una cultura que entre los 70’s y 80’s marcaron una éra de éxitos para  un género que nunca pasará al olvido.En cierta oportunidad, muy cerca de mi cumpleaños, una amiga mía muy querida y recordada de nombre Emilia Varela, me ofreció que escoja uno de aquellos hermosos discos que se ofertaban a la venta. Cualquiera, el que más me gustase. Sinceramente, mi conocimiento sobre el rock y mi aún muy poco desarrollado buen gusto por la música hizo que escoja el disco no por el contenido sino por la hermosa imagen en su cubierta.Se trataba de un cover, es decir no un álbum de estudio sino una de las canciones con su propia imagen y al que acompañaban entre tres y cinco canciones poco promocionadas o que pertenecían a discos anteriores.De todos modos, pese a que mi elección no tenía mucho que ver con la canción en sí misma, es más, ni siquiera la había escuchado antes, fue la mejor elección que había hecho hasta ese instante. La canción se llama Aces High, y el grupo Iron Maiden, un quinteto inglés al que le he dedicado por lo menos 10 años de mi vida pegada a un equipo musical, más de 4000 kilómetros por aire y por tierra para ir a sus conciertos, y a los que me une, no por imposición sino por simple herencia genética supongo, un fanatismo profundo junto a mi hijo.Desde la noche en que le quité el celofán a ese long play, lo puse en el toca disco, y luego de la carraspera de 1 segundo que duraba el espacio que surcaba la aguja hasta llegar a la pista, los primeros acordes de fuerza y estridencia de esa hermosa canción y el mensaje que contenía se dibujó en mi mente, el amor y pasión por el rock’n’roll me acompañan hasta hoy.Aces High es el intenso y descriptivo relato de un piloto de la Royal Air Force a bordo de su Spitfire, que entre fuertes acordes de guitarra y a través de la voz potente de un fantástico Bruce Dickinson, narra maravillosamente la Batalla de Inglaterra sobre el Canal de la Mancha y su enfrentamiento a los Messerschmitt Bf 109 de la Luftwaffe alemana.Quedé encantado, y no podía dejar de oírla mientras veía la hermosa tapa creada por Dereck “The Master” Riggs, donde un Eddie ya calvo, era el piloto de una nave que dejaba atrás a un enemigo que caía al vació y cuyas manos apretaban los disparadores contra más aviones en su mira.Luego ya empecé a escuchar toda la producción de los Maiden, después fue el turno de Pink Floyd, de los Rollig Stones, los Beatles, U2, AC DC, Fleet Wood Mac, Metallica, Mötley Crue y todos los géneros y tipos de Rock habidos y por haber encontrando en la diversidad y poesía pobre o fabulosa la riqueza que significa la música en mí.Y así como me deleité con la melodía me fui deleitando con sus intérpretes y fui viviendo en la vida de cada uno de ellos. En la tragedia de Kovain, la locura de Osburne o las utopías de Lennon, y entre todos ellos me quedé también fascinado por la poesía de Dylan. Un símbolo de la paz y la guerra de los 60`s y aquel religar en la doctrina de darle música al mensaje y no lo contrario.Por eso al enterarme que el Nobel de Literatura fue otorgado a un músico, sin entrar en el criterio de que si es merecido o no, sentí el verdadero placer de saber que esta vez se valoró la simbiosis de ambas artes. No hay nada mejor que una poesía acompañada de un bello ritmo, o algo mejor que una canción que nos envuelva el corazón o nos haga explotar la cabeza cuando a sus notas acompañan un verso o un relato que nos enriquece el alma y hasta el conocimiento.Por todo ello saludo esa gran designación e invito a quienes no conozcan la obra de Dylan a que la descubran y aprecien en su debida magnitud a uno de los más grandes músicos y poetas de nuestros tiempos.