Lula a la cárcel y Lava Jato en Bolivia

Winston Estremadoiro La OAS es una empresa de segundo nivel conocida por corrupta, que en Bolivia recibió dos millonarios traspasos de contrato, la sobrevaluada carretera de la cocaína y asesina del Tipnis, Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, y apenas perdió por angurrienta la doble vía La Paz-Oruro.Mi nieto me había regalado en Navidad (de mentirijillas) un libro de Humberto Vásquez-Machicado, “Para una historia de los límites entre Bolivia y el Brasil”. Merodeaban apuntes de José María Bakovic sobre la conexión por carretera entre Santa Cruz de la Sierra-Puerto Suárez y el corredor bioceánico a través de Bolivia; yo recordaba al pionero de la vinculación al océano Atlántico por la Hidrovía Paraguay-Paraná, mi amigo Joaquín Aguirre Lavayén y su Puerto Aguirre. Todos darían luces sobre la parte este de la extensa frontera con el gigante vecino, que poco conocía.En esos días discutíamos un viaje de lo que llamamos en casa “turismo aventura” (quizá porque viajamos “a la quete”) a la frontera Bolivia-Brasil. Me preguntaba ¿por qué la ribera oeste del río Alto Paraguay no era el límite entre Bolivia y Brasil?; ¿qué hacíamos aferrados como gatos por las uñas a ciertas lagunas de rebalses del rebalse mayor del sistema hidrográfico Paraguay-Paraná que es el gran Pantanal?; ¿acaso en 1958 no habían traspasado recursos del “tren de la muerte” Porto Velho-Riberalta al “tren de los contrabandistas” Santa Cruz de la Sierra-Corumbá?Primó el criterio del alto mando militar (mi esposa), y terminamos en Brasil, en el mero Estado Mato Groso de Sul, a 220 Km de la frontera. “Bonito es bonito” es la frase ocurrente con la cual resumimos una visita a un pueblito, hoy convertido en meca del ecoturismo, a otros 135 Km al sur del trayecto a la capital estatal Campo Grande. Ojalá Rurrenabaque, Uyuni, las ciudades y parques nacionales tuviesen tantos hoteles y una gente que cultiva el buen trato a los turistas. Quisiera Dios que en Bolivia resolviesen el dilema turismo-conservación del medio ambiente, con carreteras bien construidas, bien señalizadas y una cultura de limpieza en que ninguna basura se arroja a la vera del camino.En el trayecto Bodoquena-Bonito trabé charla con un grupo de turistas brasileños. Sorprendió que manifestaran su rechazo a la corrupción. La destitución de Dilma Rousseff no ha aplacado a la gente, al extremo que su sucesor, Michel Temer, está en la cuerda floja. Uno era asesor en Brasilia y adoptó una actitud displicente a mi perorata sobre Melgarejo, los límites boliviano-brasileños y la guerra del Acre. De Bolivia conocían ribetes jocosos de Evo Morales y su estrecha relación con el entonces Presidente Lula.Me interesaba el tema, porque el artículo “Lula, ¿puede ir preso en 2017?”, de Gustavo y Germán Segré, tal vez había dado en el clavo al señalar al “Dilema del prisionero” y el “Equilibrio de Nash” como las fuentes del éxito de la delación premiada en Brasil. En efecto, los estadounidenses Albert W. Tucker y John F. Nash establecieron que “ante la detención de dos delincuentes que son enfrentados judicialmente –sin tener contacto entre ellos– al tener la opción de traicionar o no a su cómplice buscando disminuir la sentencia, la lógica indica que la traición será el camino elegido por ambos”. Desde 2014, la operación Lava Jato (lavado a presión) consiguió 71 “arrepentidos” que delataron a sus cómplices, siguiendo las ideas de Tucker y Nash. Las investigaciones del juez Sergio Moro, la Policía Federal y los fiscales asignados han logrado impresionantes cifras: 1.434 procedimientos judiciales; 730 allanamientos; 103 prisiones temporarias; 56 acusaciones criminales; siete acuerdos judiciales con empresas; casi 11.000 millones de dólares de vuelta al erario público; otros 1.000 millones de verdes en bienes bloqueados a los investigados; más de 1.257 años en condenas.¿Cómo no van a pringar a Lula, si varios de sus allegados están implicados? Tres extesoreros del Partido de los Trabajadores presos (PT), equivalente en Bolivia al Movimiento al Socialismo (MAS); dos exjefes de gabinete de Lula y Dilma entre rejas, equivalentes al Ministro de la Presidencia; varios exministros y un exsenador procesados. Más aún, ven el cielo a cuadritos el mejor amigo de Lula y el encargado de la campaña de Lula y de Dilma. El mismo Lula y su familia tienen tres causas, aparte de otras dos fuera de Lava Jato.Bolivia es tan poca cosa que no está entre los países que han recibido millones en multas de la constructora Odebrecht. Sin embargo, es sugestivo que el mandamás de la OAS, Leo Pinheiro, una nueva “bandeirante” brasileña la llamaba José María Bakovic, estuviese entre los beneficiados de la delación premiada. Como parte de su “cantar” para lograr menor castigo legal, aseveró que el apartamentito triplex (tres niveles) de Guarujá, la exclusiva playa de São Paulo cercana al puerto de Santos, fue regalado a Lula por la OAS. Incluso su remodelación al gusto de Lula y su esposa no fue cobrada al expresidente, por contabilizarla como “una retribución por los servicios prestados por Lula a la OAS en el área internacional”. Miren nomás la casualidad. La OAS es una empresa de segundo nivel conocida por corrupta, que en Bolivia recibió dos millonarios traspasos de contrato, la sobrevaluada carretera de la cocaína y asesina del Tipnis, Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, y apenas perdió por angurrienta la doble vía La Paz-Oruro. Mi pálpito es que Lula irá a la cárcel y la Operación Lava Jato arribará en Bolivia. No será ningún Dakar.Los Tiempos – Cochabamba