Según medio chileno, la Sole es la alcaldesa más poderosa

Un repaso a su historia política.

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Alcaldesa de El Alto, Soledad Chapetón. Foto/tomada de internet

Por María Cristina Jurado

Reportaje / El Mercurio

Su carrera ha sido progresiva. Con voz firme y desde su oficina en el municipio El Alto, donde gobierna sobre un millón de bolivianos, 80 por ciento aimaras, Soledad Chapetón Tancara cuenta su historia, teñida de desafíos.

En 2016 fue elegida como uno de los cinco mejores políticos latinoamericanos sub 40 por la revista estadounidense Americas Quarterly y Personaje del Año por la boliviana Página Siete. Su firmeza a veces se desvanece: la primera alcaldesa en la historia del segundo municipio más poblado de Bolivia ha rozado también la incertidumbre desde 2015, cuando asumió.

Nacida el 25 de octubre de 1980, logró destronar la hegemonía de un decenio del MAS, el partido de Evo Morales en El Alto. Como primera generación universitaria en su familia, se recibió de educadora en la Universidad Mayor de San Andrés, la principal estatal de Bolivia, y se dedicó tempranamente a la política. Hoy, a sus 36, es la vicepresidenta del centroderechista partido Unidad Nacional, el más activo oponente al gobierno socialista de Evo Morales.

El Alto, que hasta 1985 era solo un barrio de inmigrantes campesinos, se convirtió ese año en municipio independiente. Dos más tarde, presionados por una población que no dejaba de crecer, sus cerros cargados de casas se convirtieron en ciudad. Con sus altos índices de pobreza y hacinamiento desde hace medio siglo, es uno de los focos de la inmigración campo-ciudad en Bolivia.

El poder y respeto que Soledad Chapetón ha logrado no le han sido gratis. Su irrupción como edil opositora al gobierno le ha significado riesgos.

El hecho más grave lo vivió el 17 de febrero de 2016.

Una manifestación de padres y apoderados por las calles de El Alto se trocó en violento ataque contra el edificio de la Alcaldía y una quema de documentos devino en incendio. El saldo: seis funcionarios muertos por asfixia y diecisiete heridos graves. Soledad, quien no se encontraba en el edificio, recuerda lo sucedido un año después, desde su oficina alteña:

-Fue una manera de intimidar a los que estamos en estos cargos porque creo que eso es lo que, en el caso del 17 de febrero, se buscaba. En muchas de las autoridades de gobierno, y para decirte, el viceministro de Seguridad Ciudadana y parlamentarios del partido de Evo Morales, la pregunta frecuente ese día fue: “¿Dónde estaba la Alcaldesa? ¿Por qué no estaba en su despacho?” Como si hubieran buscado atentar contra esa persona. Son algunas de las cosas… pero no puedo ratificar.

Chapetón, quien desde entonces circula con un edecán armado, califica la revuelta de política: “Se ha tornado política, porque la encabezaron ex funcionarios de mi antecesor, Edgar Patana, el ex alcalde, y dirigentes del partido de Evo Morales en El Alto. Han terminado quemando la oficina de Sumariante, que hace investigación por actos de corrupción”.

Aunque los hechos hicieron las portadas de medios en todo el país, a Chapetón, más que traumatizarla, dice, le dieron alas. Desde que asumió su alcaldía -después de ganar la elección municipal en 2015 con un 55 por ciento de los votos por sobre el candidato oficialista, quien obtuvo el 28 por ciento- adivinó un camino accidentado:

-Fue un reto, aunque yo ya había tenido cargos de responsabilidad en el ámbito político-público. En 2006 fui elegida a la Asamblea Constituyente y en 2010, candidata por primera vez a la Alcaldía de El Alto. Ya en ese momento analistas y periodistas hablaron sobre mí como ‘la gran sorpresa electoral’, cuando saqué el segundo lugar. En el 2015 me he vuelto a postular, como un reto.

A un año y medio de asumir, dice que las fuerzas opositoras no se lo perdonan. “La amenaza y las intimidaciones han proseguido después de la elección democrática. Ha sido el mayor reto”.

Su historia

En su biografía se mezclan inmigración, pobreza y autosuperación. Fueron seis hermanos los Chapetón Tancara -dos murieron en su infancia: uno al nacer y otro a los tres años-, Soledad es la menor de los cuatro que siguen vivos. Es también la única de su familia aimara que se ha dedicado a la política. Sus padres, Luis Chapetón, 72, y Dalila Tancara, 74, llegaron en la década del 60, desde las provincias de Eliodoro Camacho y Pacajes a El Alto y se conocieron trabajando. Él, como policía de rango menor y ella como vendedora de pejerreyes y carachis fritos -un pez que habita el Titicaca- y mote en las calles paceñas.

-Mi familia es una de las iniciales en El Alto. Mi mamá se levantaba a las cuatro de la mañana y bajaba a vender pescado en un tambo, un mercado de fruta en La Paz. Cuando nosotros éramos pequeños la acompañábamos, era una actividad familiar. Mi trabajo era pelar el chuño desde que tuve uso de razón.

Todos ayudaban. Su hermana mayor, Lourdes Chapetón, quien llegó a contadora y de quien Soledad es muy cercana, remojaba y cocía el mote ya desde sus cuatro años; sus hermanos, con cinco o seis, barrían, hacían el almuerzo y lavaban platos. En la noche, cuando la madre regresaba, agotada, los niños ya dormían. Años después, el puesto de venta familiar se trasladó a El Alto y los niños acarreaban la mercadería de su madre en carretilla hasta el tambo local. Recuerda:

-Además de trabajar, ella llegaba a fiscalizar que la casa estuviera ordenada, los platos limpios. Mi papá también se rajaba trabajando, pero cuando llegaba, descansaba. Era la diferencia.

Soledad Chapetón se hizo mujer bajo los postulados de su etnia aimara. La lucha contra el machismo ha definido su vida:

-Es una de las cosas que yo critico de mi cultura, porque la cultura aimara tiene una fuerte presencia machista. Hablan del “Chacha-Warmi”, la relación varón-mujer, y nunca del “Warmi-Chacha”. Nunca va a estar una mujer delante del varón… Alguna vez mi papá me dijo: ‘Hubiera querido que vos seas varón’. Era parte de su esencia, de su creencia. Me decía que una mujer sufre mucho, que hasta en el parto sufre y llora, y que el varón es más duro.

-¿Cómo se sustrajo usted a la formación machista de su infancia?

-No voy a negar que mi papá siempre tuvo la voz fuerte en el hogar. Pero, como sabemos, en muchas familias aimaras hoy quien toma las decisiones es la mujer, así se siga denominando al papá ‘jefe de hogar’. Para los alteños no es suficiente que el jefe de familia, entre comillas, sea el único que cumpla con las responsabilidades económicas. Tiene ver con los niveles de pobreza que tiene mi ciudad y varias ciudades del país: las mujeres deben trabajar para complementar.

Soledad hoy vive sola, pero su hermana Lourdes la acompaña muchas de las noches. Aunque está dedicada ciento por ciento a su alcaldía, Chapetón quiere casarse este año y tener un hijo. De su novio solo dice que se llama Hugo y trabaja en forma independiente.

-No lo voy a negar, he estado plenamente dedicada. Desde que ingresé, prácticamente dormí en mi oficina para intentar resolver todo. Me he dedicado alma, vida y corazón a este trabajo, pero entiendo que es necesario continuar con la vida personal. Tengo mi complemento y el sueño de ser madre, eso es parte de la vida. (…) Tengo deseos de que este año se pueda dar ya un matrimonio y pueda tener un hijo. Él es parte de la actividad política que tengo, lo conozco desde hace años.

El poder femenino

Un 60 por ciento de la población en Bolivia es femenina. Y siete de diez bolivianas trabajan informalmente. Las cifras no son mejores en liderazgos alcaldicios: hay un solo un 8,5 por ciento de mujeres a la cabeza de un municipio y, de un total de 339, solamente 29 son liderados por una mujer. Del universo de ediles bolivianas, solo Soledad Chapetón dirige un municipio capital.

Antes de cumplir los 40, esta líder aimara maneja una cuota de poder político extraordinaria para su sexo, su edad y su etnia. Un poder que sufre, denuncia, embates machistas desde que ella asumió, en junio de 2015.

-Hay todavía una presión importante con una carga machista muy fuerte por parte del partido de gobierno. Entonces es una preocupación latente que no creo la viva yo sola en este pequeño lugar del mundo. Es uno de los temas que espero se puedan debatir, y lograr garantías para que las mujeres que estemos en un lugar de decisión, no necesariamente político-partidario, sino también en lugares de decisiones empresariales u otro, que se garantice el respeto (hacia nosotras) por parte de la sociedad y los líderes varones.

Preocupada por el desfase en oportunidades que su país entrega a hombres y mujeres, reflexiona:

-Es un proceso. Un proceso el que las mujeres lleguemos a un cargo de decisión. Mucho hablamos del tema de equidad y en Bolivia hemos tenido avances, como la obligación de tener un equilibrio en las candidaturas, la obligación del 50 por ciento en la representación. Se obliga a los partidos políticos a inscribir varón-mujer. Es una ley nacional que se logró en la Asamblea Constituyente. En el Concejo Municipal de El Alto, que es el concejo de fiscalización que yo tengo, hay tres concejalas y tres concejales.

-¿El equilibrio se replica en la empresa privada?

-No, ahí tenemos debilidades. Por ejemplo, en Bolivia nunca hemos tenido una cabeza (femenina) en la Central Obrera Boliviana. Siempre ha sido varón, porque además la característica normativa dice que tiene ser un minero. Y nunca hemos tenido una mujer a la cabeza de empresas privadas.

A pesar de los escollos desde que asumió en la alcaldía de El Alto, Soledad Chapetón tiene esperanza.

-Es un crecimiento. Hay muchas mujeres que hay que valorar en Bolivia, que han logrado un escenario de participación. Sin ir más lejos, no es el Movimiento al Socialismo de Evo Morales quien llevó a la primera mujer de pollera (se refiere a la pollera aimara) al Parlamento, que hoy se llama Asamblea Plurinacional. La señora Remedios Loza fue la primera diputada nacional de pollera en Bolivia, en los años 90.

-Usted es mujer y es aimara. ¿Cómo siente la situación de las mujeres en Bolivia en relación a América Latina?

-Yo creo que todavía nos falta. Si aquí hemos logrado espacios de decisión, lo que nos falta es el respeto y la participación en igual condición. Todavía yo siento que en los partidos políticos, en las instituciones públicas, en el gobierno estatal, la instrucción viene siempre de cúpulas de poder masculinas. Y como que las mujeres tenemos que cumplir con esa instrucción. Te hablo de lo mío: si no hubiera llegado una mujer alcaldesa a este municipio, hubiéramos tenido que esperar mucho tiempo para contabilizar subalcaldesas.

Cuenta que las dirigencias masculinas en El Alto chocaron con su decisión de apoyarse en mujeres para su gobierno local. Llegó a tener seis subalcaldesas, pero hoy solo subsisten dos.

-El trabajo de un subalcalde demanda mucho tiempo y las mujeres estamos en el ojo de la tormenta. Te arman historias, te denigran personalmente, familiarmente. (…) He tenido ese tipo de problemas dentro de las designaciones que he hecho y algunas de las personas han salido de sus cargos.

Alguna vez se sintió cerca del límite. Soledad Chapetón ha aprendido muy duramente que para ejercer poder, hay que tener autoridad:

-Tenemos encuentros de trabajo social donde vemos a por lo menos un 90 por ciento de dirigentes varones. Me ha costado inicialmente hacerme respetar. No he tenido, por suerte, que golpear la mesa ni traer policías detrás mío para que me respeten.

El 17 de febrero de 2016 enfrentó su revuelta más violenta en El Alto. Seis muertos y 17 heridos graves fue el fatídico saldo.

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