Emilio Martínez Cardona*Con el título de “Tiempos salvajes. A cien años de la revolución soviética”, el cabecilla de la izquierda radical española, Pablo Iglesias, y el vicepresidente del régimen boliviano, Álvaro García Linera, disertaron en Madrid sobre el legado del leninismo.El evento es una muestra de lo que vendrá en octubre próximo, cuando los nostálgicos del bolchevismo prodigarán homenajes a uno de los procesos políticos más infames del siglo XX. Entre la antología del disparate que podría escribirse con lo dicho en el encuentro madrileño, tenemos perlas de este calibre:“Iglesias, Errejón y Monedero son las mentes más brillantes de Europa». «Querría ver siempre a Pablo e Íñigo como un núcleo irradiante». (Álvaro García Linera)“Tener un coloquio con García Linera era un caramelo irresistible”. «Lenin es un genio de la conquista del poder político”. (Pablo Iglesias)Como se ve, el arte de la disertación marxista se basa en gran medida en la adulación mutua. Lo que no dijeron los tertulianos en su evaluación de la revolución soviética sí lo precisaron con lujo de detalles los autores de El libro negro del comunismo, Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Andrzej Paczkowski y Joachim Gauc.La obra cuantifica las víctimas civiles de la dictadura del PCUS, con la documentada cifra de 10 millones de muertos, incluyendo “fusilamiento de rehenes o personas confinadas en prisión sin juicio y asesinato de obreros y campesinos rebeldes entre 1918 y 1922; la hambruna de 1922; la liquidación y deportación de los cosacos del Don en 1920; el uso del sistema de campos de concentración del Gulag en el periodo entre 1918 y 1930; la Gran Purga de 1937-1938; la deportación de los kuláks de 1930 a 1932; la muerte de seis millones de ucranianos (Holodomor) durante la hambruna de 1932-1933; la deportación de personas provenientes de Polonia, Ucrania, los países bálticos, Moldavia y Besarabia entre 1939 y 1941 y luego entre 1944 y 1945; la deportación de los alemanes del Volga en 1941; la deportación y abandono de los tártaros de Crimea en 1943; de los chechenos en 1944 y de los ingusetios en 1944”.Esto en cuanto a las víctimas directas. Las indirectas, fruto de revoluciones y dictaduras de similar orientación ideológica en diversas partes del planeta, suman casi 100 millones de fallecidos (65 millones sólo en la República Popular China).Queda claro que el totalitarismo de izquierda no sólo ha vivido tiempos salvajes, sino que también los ha protagonizado. De ahí que en varios países de Europa oriental, que sufrieron dicho despotismo extremo, esté prohibida la siniestra simbología de la hoz y el martillo.Esperemos que en el futuro exista una idéntica condena ética -tajante y sin dobleces- para el marxismo-leninismo, como la que justamente censura al nacionalsocialismo. *Escritor y analista político