¿Relatos sin poder?

José Orlando Peralta B.*Investigador Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales-JOM-UAGRM ¿Hay indicios que sugieran la construcción de  nuevos relatos políticos en Bolivia ante la proximidad de las elecciones  de los distintos niveles de gobierno en los años 2019 y 2020? Antes de plantear una respuesta es necesario preguntarse ¿qué es el relato?, para saber de qué se está hablando,  cuando se evoca el término en relación con una coyuntura pre-electoral y todo lo que  supone en el imaginario social.En el ensayo “El poder del relato”  del politólogo Eric Selbin, se lee: “Los relatos  nos permiten imaginar la transformación de nuestras vidas así como la del mundo”. En este sentido, la magia del relato es: la posibilidad de imaginar cambios con nuevas ideas y propuestas que generen adhesiones  y entusiasmo por el futuro.De acuerdo a Selbin, el mito, la memoria y la mimesis tienen un rol que cumplir en los diversos tipos de relatos,  sean estos en pos de la revolución, la rebelión y la resistencia. “Nuestros relatos son creados y utilizados para una ilimitada cantidad de propósitos, de los cuales es posible que no conozcamos todos. Son la forma en que nos explicamos el mundo a nosotros mismos, y son la forma en que queremos que éste sea”Se puede decir que,  hoy  en Bolivia  no existen  relatos políticos nuevos o innovadores, se limitan a ser relatos  que buscan conservar el ejercicio del poder a nombre de la revolución, confundiendo  voluntad general con  expresión mayoritaria. Por otro lado, se identifican relatos dispersos cuales se limitan a denunciar actos de corrupción y narcotráfico, pero  de ninguna manera  invitan a una nueva esperanza política.Un nuevo relato político debe representar las preferencias ciudadanas que emergen de la cotidianidad, no limitarse  a la retórica abstracta que apela  a los intereses del pueblo para justificar acciones. De esta manera  evitarán  seguir en el camino de la degradación política ante la percepción de nuevos actores sociales: los  millennials, para quienes, según estudios recientes en Santa Cruz (IDEA Internacional, Embajada de Suecia), miran con desdén a los representantes políticos.El poder del relato yace en su capacidad  explicativa (mito y memoria), y de movilización (mímesis), con nuevas ideas y esperanzas, y sobre todo, entusiasmo. Por ahora, sólo se evidencian relatos políticos, que si bien en un momento dado invitaron y sedujeron con el cambio, hoy se han transformado en conservadores de un orden; y por otro lado, relatos atomizados y sin brillo, sin una señal de nuevas esperanzas.Ante el potencial electoral de nuevos actores sociales como son los millennials; los aspirantes a la representación política en las próximas elecciones (en los tres niveles de gobierno), tienen el desafío de generar relatos políticos acorde a sus gustos y preferencias, caso contrario, sus relatos adolecerán de anemia aguda, y por ende, sin poder de convocatoria con un sector de la sociedad con potencial electoral.  * Politólogo/[email protected]