Grafitis de doble filo

José Luis Bolívar Aparicio (*) 

“Cuando termine el bombardeo, su país va a quedar tan destrozado, que las próximas 5 generaciones van a maldecir a Ho Chi Minh”, le dijo McNamara en confidencia a un periodista del New York Times que estaba investigando los bombardeos secretos encargados por Nixon y Kissinger a la Fuerza Aérea para poder de alguna manera bloquear la famosa “Ruta de Ho” en Vietnam del Norte, Laos y Camboya.

Entre marzo del 69 y mayo del 70, los B 52’s, dejaron caer sobre sus blancos 3 veces más explosivos que todos los que cayeron sobre Europa durante la Segunda Guerra Mundial.



Pero las expectativas estuvieron muy lejos de los resultados. El Vietcong vivía bajo tierra y sus efectivos no sabían de límites en su esfuerzo, de manera que cuando dejaban de caer las bombas, pala y picota en mano salían por millones a rellenar los cráteres, reconstruir los puentes y trasladar cuanto suministro sea necesario llevar desde el norte para continuar la lucha.

Esta tarea era tan dura, que por sí sola causó más muertos que los mentados bombardeos, que tuvieron que acabar cuando la noticia salió a la luz, haciendo a la guerra mucho más impopular y sumamente difícil de manejar para la administración Nixon.Para entonces, la idea de la derrota ya era una posibilidad. ¿Pero cómo podía ser eso posible? Era inimaginable que una pequeña nación del Sudeste Asiático, a años luz del desarrollo americano, venza al mejor Ejército del mundo.Las razones fueron muchas, pero voy a incidir sólo en una de ellas, y es que cuando los americanos llegaron a Vietnam a salvarle las papas a los franceses, por comprarse conflicto ajeno, terminaron pagando más de la cuenta. El verso de luchar por la libertad contra el comunismo, no alcanzó para justificar su papel de Sheriff del mundo y es que cuando lo hacen, indispone por donde van, gracias a ello, los vietnamitas terminaron de convencerse que los únicos que deberían velar por sus destinos, eran ellos mismos.Su capacidad de renovarse, reclutando cada vez más efectivos incluso entre la población civil para reponer bajas, fue algo contra lo que nunca pudieron los gringos. Mataban uno y detrás de él aparecían diez, haciendo de esta guerra una lucha de desgaste infinito que terminó por sacarlos de Saigón vergonzosamente.La táctica vietnamita fue más que efectiva, la propaganda comunista puso a todo el pueblo, incluyendo al del sur, en contra del invasor, provocando un influjo moral enorme, logrando la victoria y dejando a todo el país en manos del Vietcong para regentar su futuro.El triunfo sobre los americanos se convirtió en una bandera de lucha para todos los anti imperialistas del mundo, el enemigo no era invencible y eso era algo que se debía aprovechar, pero incluso eso no era tan valioso como la lección dejada. Con un discurso adecuado, se podía echarles la culpa de todo a los gringos, de esa manera tener más adhesiones a la causa que con las puras razones.América Latina fue el laboratorio, las guerras civiles de Honduras y El Salvador un escenario propicio. Las dos guerrillas colombianas también hicieron uso de la doctrina Ho pero donde mejor resultado hubo fue en Nicaragua. Después de la derrota de Somoza, al gobierno sandinista se le perdonó incluso que negocie con el Cartel de Cali el transporte de cocaína para poder hacerle frente a los “Contras”.Pero de todos, el caso más singular es el del Perú con Sendero Luminoso. La guerrilla maoísta de Abimael Guzmán, había elegido como foco inicial y centro de operación el departamento de Ayacucho. La zona de la sierra peruana le daba dos ventajas fundamentales para sus objetivos. Por un lado era un terreno extremadamente difícil por la complicada topografía, la falta de vías de comunicación y el clima agreste y por el otro, los guerrileros se camuflaban muy fácilmente entre la población civil.Durante más de 10 años, los subversivos mantuvieron sus tácticas rurales para ganar adeptos (la mayoría en reclutamientos forzados) y dar a conocer su manifiesto al resto del país y el mundo hasta que vieron por conveniente que era hora de implementar la guerra urbana.Muchas ciudades fueron víctimas de esta decisión pero Lima fue la que más sufrió el salvaje accionar de Sendero Luminoso. Asesinatos selectivos, extorsión, bombas por doquier y otros pusieron en vilo a la ciudad del Rimac que de a poco caía víctima del pánico sembrado por quienes, además, se encargaban de hacer amanecer las paredes de la ciudad con grafitis que expresaban mensajes terribles al lado de una hoz y un martillo como símbolo del pavor.¿Buscaba Abimael Guzmán con esta estrategia tomar el poder mediante un choque directo el gobierno del Perú? Absolutamente no, él sabía que eso era imposible, pero con la crisis podía lograr algo; que el país incaico se vuelva ingobernable, un país fallido, que en medio del caos, el gobierno clame una intervención extranjera que por lógica serían los yanquis, de manera que con los Marines en la puerta, se podía hacer del Perú un segundo Vietnam. Con mensajes anti imperialistas, sublevarían a la gente contra el gobierno y los invasores y la toma del poder sería simplemente una cuestión de tiempo.Por ello es que de pronto, de un día al otro, los grafitis en las paredes de las urbes cambiaron de “Viva la Guerra Popular” a “Yanquis Go Home” y similares, mucho antes de que siquiera la idea tome cuerpo, pero calando la idea de esa posibilidad entre la gente y tentando al gobierno para que asuma una medida que a la larga sería su cadalso.Mucho antes que existieran las redes sociales, las paredes de la ciudad eran el mejor lugar para exponer ideas rápidas, cortas, pero con un gran mensaje y Sendero Luminoso era experto en el uso de los muros y el spray. Odio y terror estaban al alcance de la mano y podía ser empleada tanto para motivar a las huestes propias, como para crear odio en contra de ellas, pues con su estrategia buscaban que no sólo sean las fuerzas del orden las que se les enfrenten, sino la sociedad civil en su conjunto, de manera que la confusión y el desorden provoquen un derramamiento de sangre general y así lograr la meta de la guerra total.Afortunadamente la Policía Peruana capturó al presidente Gonzalo justo a tiempo y tanto él como sus secuaces fueron a dar a una lúgubre prisión en el Callao donde deberían esperar el fin de sus días como corresponde a quien busca lograr sus intereses personales o de grupo, con la sangre del pueblo como medio.El instante en que estaba siendo apresado y mientras le leían sus derechos, Guzmán le dijo a su custodio: “Usted podrá apresarme a mí, pero no puede apresar mi pensamiento”. Y tenía mucha razón, no sólo lo bueno se aprende, también lo malo hace escuela y los terroristas tienen alumnos por doquier, muchos de ellos en nuestro propio país tratando de emular los peores ejemplos de este luctuoso capítulo en la historia del vecino país.Durante los conflictos de las últimas semanas, el vicepresidente salió al paso con mensajes tremendamente confrontadores ante sus seguidores políticos, ensalzando un discurso racista y odiador que parecía habíamos dejado de lado en la década pasada.Lo peor de todo es que coincidentemente, diferentes paredes de varias ciudades de Bolivia aparecieron garabateadas con mensajes de odio y xenofobia que jamás habían sido escritas, mucho menos en las capitales de occidente.Detrás de estos mensajes, obviamente no está un neo sentimiento discriminador que de la nada volvió a brotar, sino un deseo de evitar la protesta y el cuestionamiento al gobierno, con una estrategia inventada desde los escritorios del gobierno, que incapaces como se vieron de lograr sus metas en las redes sociales, optaron por acudir a los muros de las casas para sembrar un odio inexistente entre los bolivianos.Que las lecciones dadas por la historia, nos sirvan sobre para entender las intenciones reales de los mensajes escondidos detrás de los mensajes vistos. (*) Es paceño, stronguista y liberal