El conjunto de Mauricio Soria cayó 1-0 con el 82° del ranking FIFA, que el viernes le había sacado un empate. Los del altiplano no encuentran una salida a su bajo nivel.
El plantel de Bolivia llegó el estadio en micro escolar, en Curazao. (Captura)Se enfrentó a un combinado nacional nuevo en el concierto mundial. Curazao, reconocido por la FIFA en 2011, recién participó en 2014 de un certamen de mediana envergadura, la Copa del Caribe. No superó la fase de grupos. Tres años después sorprendió a Jamaica y se llevó el título, lo que le permitió saltar en el listado mundial (está 82°) y entrar a la Copa de Oro de la Concacaf. No siguió la racha: perdió los tres partidos de la zona, le metieron seis tantos y no anotó ninguno. Ni a un equipo así pudo derrotar Bolivia, 47° en el ordenamiento de la FIFA.Willemstad, cuyo centro histórico fue nombrado Patrimonio Mundial por la Unesco, albergó el primer partido el viernes. Fue empate 1-1, con Carlos Lampe, Alejandro Chumacero y Diego Bejarano como los más conocidos.Ante un seleccionado muy débil, los medios bolivianos señalaron como la figura a Lampe, el arquero. Y la igualdad llegó gracias a un «favor» del rival, un tacazo de Darryl Lachman (nacido en Amsterdam, juega en el Willem II de Holanda) que se clavó en un ángulo. Gino van Kessel, oriundo de Alkmaar (Holanda) y jugador del Oxford United (tercera división de Inglaterra), había anotado el primer tanto
En esa misma cancha de césped sintético, había posibilidad de un pequeño desquite, siempre con la vista posada en 2022, un futuro demasiado lejano. Sin embargo, no hubo revancha.El lunes, con cinco cambios, el papel fue aun peor: Leandro Bacuna (del Reading, de la segunda categoría inglesa) convirtió un penal y estampó el 1-0 definitivo. Los bolivianos habían sufrido dos expulsiones, las de Bejarano y Pablo Pedraza.
«Bolivia vuelve de Curazao derrotada», indicó la edición deportiva de El Diario, de La Paz. Además, en You Tube hay videos de panelistas enojados, al borde del ataque de ira, y de relatores poseídos por la furia. Una canción que suena familiar. Al cabo, el «microciclo de trabajo», como en Argentina, sumó más preocupaciones que certezas.
Fuente: clarin.com
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