En un recordada exposición, Sergio Marchionne, que falleció el último 25 de julio, hizo un análisis sobre los reclamos sociales y la actitud de las nuevas generaciones sobre los derechos obtenidos. Y advirtió sobre «una pasividad que es perversa e involutiva»
«En nuestro país tengo la impresión de que hay una actitud pasiva ante los enfrentamientos del presente«. El inicio de su discurso simulaba la presentación de un ensayo, de un análisis. Sergio Marchionne estaba preocupado: advertía indiferencia en las proyecciones de las personas. «Como si se pretendiera tener el derecho a un mañana mejor sin ser consciente de que hay que saberlo conquistar«, sentenció.
Sergio Marchionne dijo que no era profesor de historia ni de sociología: fue diplomado en Filosofía, Economía y Jurisprudencia, consagrado con un máster en Administración de empresas, productor de seguros previo a rescatar a Fiat de la quiebra y relanzar la marca de culto Ferrari. Antes de su muerte, el último 25 de julio en una clínica de Zúrich, Suiza, ensayó una reflexión sobre el origen de los derechos obtenidos y sus pronósticos.
«De una manera paradójica, cada tanto, las grandes conquistas traen aparejadas cuestiones impredecibles», dijo. En su disertación, sin desvalorizar la naturaleza de los reclamos, sugiere que las conquistas sociales y civiles producen un daño en el largo plazo. Él habla de «efectos devastadores«. Porque adormece el espíritu de la búsqueda de nuevos derechos.

«Hoy vivimos en la época de los derechos. El derecho a un puesto fijo, al salario garantizado, a trabajar en casa, el derecho a gritar, a marchar y el derecho a pretender. Permítanme decir que los derechos son sacrosantos y tienen que ser protegidos, pero si seguimos viviendo solo de derechos, de derechos moriremos«, describió.
Para Marchionne la nueva generación es más débil que la anterior: ya no tiene la gimnasia ni el coraje de luchar por nuevos derechos y concede la esperanza en que otro haga algo: «Una especie de pasividad que es perversa e involutiva«.
«Por eso creo que tenemos que volver a un sano sentido del deber, a la conciencia que para tener también hay que dar. Se necesita descubrir el sentido y la dignidad del compromiso, y el valor de la contribución que cada uno puede dar al proceso de construcción del hoy pero sobre todo del mañana», concluyó Marchionne, el responsable del resurgimiento de Fiat como uno de los conglomerados de la industria automotriz más exitosos.
Este italiano nacido en 1952 y criado en Canadá, ingresó a Fiat en 2003 para participar del consejo de administración sin experiencia alguna en la industria. La firma capitalizaba 5.500 millones de euros y facturaba 47 mil millones de euros. Murió quince años después con una firma que registraba una valía 10 veces superior con 60 mil millones de euros y una facturación superior a los 141 mil millones de euros.
Marchionne fue un visionario. Salvó a Fiat de la quiebra y la relanzó con la adquisición de Chrysler. Redujo el caudal de deudas, barrió la burocracia, optimizó el desarrollo de nuevos modelos, redujo los costos de producción para aumentar la capacidad de sus plantes en una estrategia que le supuso enfrentamientos con los sindicatos. Fue un dirigente recio, disciplinado que también divergencias con la asociación de empresarios.
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Fuente: infobae.com