Réquiem para mi amigo José Gramount de Moragas SJ.

Carlos SubiranaMientras todo hablan de la obra del jesuita Gramount y recuerdan que transcendió a ser toda una institución; yo me permitiré hablar de mi amigo, es decir de el hombre detrás del mito o paradigma.Lo primero que debo mencionar y ocurrió por varias décadas, era mi visita matinal a su oficina ubicada en el edificio Mariscal de Ayacucho, siempre me decía: ya te he dicho que no atiendo a nadie por las mañanas ya que estoy escribiendo mi Editorial» (la demoledora Columna Es o no es verdad); sin embargo siempre tengo tiempo para atender a un amigo. Acto seguido le pedía a la sra. Armindita un par de tazas de té, los últimos años era la hija de tan amable señora que además de administrar ANF lo atendían con cariño.Después hablábamos de la leyenda en latín de su escudo de armas que dice: después de la palabra de Dios no existe nada más dulce que el fruto del trabajo humano.Como buen español monarquico me mostraba la fotos de los últimos tres Borbones: la del padre del Rey, la del mismo Juan Carlos y la del entonces príncipe Felipe, debidamente autógrafas, «debo llevarlas a la embajada de España antes de morirme» decía y complementaba «no sé qué pueden hacerlas estos padrecitos que se harán cargo de ANF», finalmente, como señal de que la visita terminaba, repetía una palabra muy utilizada en las llanuras “recular” le fascinaba por su contenido semántico obvio.Felizmente, no era raro que una vez por semana, al final de su agotadora jornada de trabajo, nos reunamos en la planta baja del hotel Radison u otro lugar para “soplarnos un botella de escocés” como decimos los portadores del chip de provincianos.Me contaba de su primer viaje en barco hasta Buenos Aires, me daba lecciones de historia y filosofía y me relataba como hizo ANF con su propio dinero. Hablaba del derecho comparado con la autoridad de un abogado formado en una prestigiosa universidad y miembro de una familia de juristas.Nunca hablamos de política ni de religión, fue la medida más sabia para mantener esa ya vieja amistad.En 1997 firmamos una sociedad ANF y ABP, no nos importó que haya sido elegido en forma uninominal por un partido que no era de su agrado, aunque nunca lo dijo, yo lo sabía, quizás porque antes de aceptar la candidatura, consulte con los compañeros y coincidieron que había que adoptar la primera “presuposición” de los “exercicios” espirituales de San Ignacio.Pero volviendo a nuestra charla ya nocturna, en La Paz ya es de noche a las 7 de la tarde, le comenté que el presidente de la época, 1999, me convocó para preguntarme sobre mi amistad con el padre Gramount, obvio le dije la gran estima y admiración y recibí la queja que la Columna diaria y me dijo que lo alteraba mucho; y Landivar o Bertero, le pregunté, no los recibe me dijo. Excepcionalmente concerté una cita en el Palacio de Gobierno y no supe ni pregunté más. Y es que el presidente Banzer me dijo “ese cura que sale de los cócteles atajando pollos” a lo que le respondí que yo también compartía con él y nunca lo vi turbado y eso que al final de nuestra reunión, en las tardes, yo pedía un taxi y lo llevaba a su casa, a pesar de que no necesitaba a nadie, pero como siempre hago culto a la amistad, insistía era un hombre muy grande, fuerte y pesado; la llave de la reja siempre la llevaba en su bolsillo derecho, nunca supe donde guardaba la llave de la puerta, esto porque siempre lo recibía un compañero jesuita. Su casa en La Paz era al lado de la radio del padre Perez.Pero qué hacíamos cuando venía a Santa Cruz?Para esa época todos los clientes de ANF ya tenían su propia agencia nacional propia, es decir a tenían corresponsales o medios asociados, es decir ellos mismos tenían las noticias de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Sucre, El Alto, etcétera. No necesitaban pagar a ANF ni a nadie y la amenaza del cierre era real.Por otro lado ANF tenia una “carretera de información” superior a los ya obsoletos tipógrafos; por eso una vez al mes invitábamos a cenar a todos los representantes de las instituciones cruceñas. Al mismo tiempo estas instituciones querían dar a conocer al país sus logros y problemas.Entonces, una vez más, mostré mi mejor habilidad que es juntar al que tiene sed y el que vende agua.Durante ese tiempo el padre Jose Gramount, venía a Santa Cruz ya sea para festejar los 15 años de mi hija o a celebrar mis bodas de plata matrimoniales.Como era de esperar ANF sin su creador cayó en espiral en un abismo.Carlos Subirana