El 82% de los hogares monoparentales en Bolivia está a cargo de la mujer

 
De acuerdo con un estudio, tras un caso de ruptura de pareja es la mujer quien termina asumiendo la responsabilidad por sus hijos
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Ref. Fotografia: Un grupo de mujeres trabaja en construcción. Foto: RTP

En los últimos 15 años, la familia boliviana experimentó una serie de cambios en su organización y conformación debido al ciclo de crecimiento económico. Una de esas transformaciones es la visibilidad y protagonismo de las mujeres como autoridad máxima del hogar. A esto se suma que el 82% de los hogares monoparentales está a cargo de la madre.Esos son los hallazgos del estudio «Familias en transición: Cambios en las familias bolivianas entre 2002 y 2017″, realizado por el Instituto de Investigaciones Socio-económicas (IISEC) de las Universidad Católica Boliviana (UCB) y la Fundación Jubileo.El papel de la mujer como jefa de hogar es reconocido, principalmente, en hogares monoparentales (un padre o madre que vive con sus hijos).De acuerdo con el estudio, el 82% de los hogares que vive solo con un progenitor está a cargo de la madre. Esa cifra se mantuvo a lo largo de los 15 años analizados. Esto significa que, ante una ruptura de pareja, es la mujer quien asume la responsabilidad por sus hijos.Para la coordinadora del Instituto de Investigaciones en Ciencias del Comportamiento de la UCB, Marcela Losanto, esta situación coincide con hallazgos recientes sobre los discursos sociales de la sociedad boliviana. Estos se refieren a que se sigue viendo a la madre como la moralmente responsable de los hijos y se acostumbra que los padres cumplan una función más periférica.Por su parte, el coordinador del Observatorio de la Deuda Social de Bolivia, Horacio Vera, explica que, del total de las mujeres jefes de hogares monoparentales, el 88% trabaja para proveer los alimentos y otras necesidades básicas a sus hijos.Esa tendencia de la responsabilidad femenina en el hogar comenzó a generarse por condiciones económicas y empoderamiento que fortalecen a la mujer.»Hemos visto que hubo más empoderamiento de la mujer en el sentido que se reconoce de mayor forma su papel en la administración de los recursos dentro del hogar», detalla Vera.Vera explica que en el periodo de 2002 a 2017, se evidenció que, en la familia biparental simple (ambos padres viven con sus hijos), la jefatura masculina se mantuvo predominante pese a un leve incremento de los hogares que declararon jefatura femenina, es decir que en 2002 y 2007 el liderazgo de la mujer era de un 2%, mientras que entre 2013 y 2017 subió a 5%.Ingresos bajosDe acuerdo con la información, de 2013 a 2017 los hogares monoparentales son el 12,1% y biparentales 43,7%, mientras que entre 2002 y 2007, los monoparentales son 12% y biparentales son el 48%De las familias biparentales y monoparentales en su mayoría son de ingresos bajos y vulnerables, de acuerdo al estudio.La gran parte de mujeres reconocidas como autoridad máxima en los hogares biparentales tienen entre 30 y 49 años (cerca del 70%), mientras que la monoparentalidad es más común entre familias jóvenes (jefe de hogar menor de 30 años).Losanto explica que, en el periodo 2013 y 2017, el 65% de las familias (de la muestra) tuvo un ingreso considerados bajos o vulnerables, es decir que sufren o están en riesgo de experimentar episodios de pobreza.Esta situación hace que los jefes de hogar sufran un estrés económico que influyen en consecuencias sociales en las familias como estrés psicológico debido las carencias económicas; precarización de las relaciones sociales, debido a sobrecarga de trabajo; consumo de alcohol como forma de lidiar con las preocupaciones y la reducida capacidad de planificación a futuro.Losanto refiere que el Gobierno pese a las políticas que implementa para proteger a la niñez, adultos mayores y jóvenes, no cuenta con normas que cuiden la unión familiar para evitar la desintegración de los hogares bolivianos.»Se desintegra la familia porque no hay tiempo de calidad en las familias, hay mucha presión y estrés económico. El Gobierno no protege la unidad familiar, protege a los niños, adultos mayores, mujeres, pero no protege a la familia y el costo emocional es alto», asegura.ANF / El Día