Ana María cultiva su pasión gracias a su tienda de cotillón

Juega de central y se ha convertido en uno de los pilares de la selección nacional que está en Perú jugando amistosos

Nataly Carrión – Lima



Habla suave y se la nota tímida, pero en la cancha y en la vida es totalmente distinta: atrevida y decidida. Sus cualidades le han permitido ser una de las seleccionadas de Bolivia representando a Fútbol Club Leonas de Tarija, que fundó y que sostiene con un negocio de cotillón que abrió con una familiar. Ella es la central izquierda de la Verde, Ana María Rivera.

Su lucha en el fútbol fue desde muy pequeña y porque sus cuatro hermanos mayores -son siete- lo practicaban, y ella se sumaba al grupo. A su madre, Ubaldina, le costó aceptarlo, pero Ana María sigue trabajando para hacerle entender que lo hace por ella; su sueño es darle una mejor calidad de vida.

Nació en la localidad de Palos Blancos. Ahí aprendió a jugar fútbol. Hace nueve años llegó a la capital chapaca -tiene 25-. “Sé que el sacrificio de ahora será la satisfacción de mañana”, dice Rivera después de haber cumplido con la sesión de trabajo bajo el mando de Napoleón Cardozo.

    De las canchas, al cotillón

    El entrenador Israel Murjia la animó a abrir su escuela de fútbol, ya que cuenta con el apoyo de amigos que la acompañan en esta locura. “No cobro lo que debería porque tengo mi negocio para solventar los gastos”, dice demostrando su entrega al deporte más popular del mundo.

    En la mañana abre su tienda de 8:00 a 12:00; almuerza y otra vez está lista para atender a sus clientes. “Solo puedo trabajar hasta las 14:00 porque después tengo que ir a entrenar”, relata Rivera, que tiene a su cargo a más de 140 jugadoras. Sus equipos sub-14, sub-16 y sub-17 compiten en el torneo tarijeño, y además tiene al primer plantel inscrito en la Primera A.

    Con la Verde

      En 2011, cuando fue convocada a la sub-20, sufrió la pérdida de su abuelita, Lucía Aparicio,. “Ella ya estaba delicada, pero yo tenía que representar al país (…) Falleció y el técnico Cardozo hizo todo para que llegue al entierro”, recuerda Rivera con los ojos llenos de lágrimas. “Fue muy duro”, agrega.

      Para la presente convocatoria, la defensora ha tenido que dejar todo. “Mi mamá está un poco delicada, tuve que cerrar mi negocio, pero yo quiero estar aquí”, remarca. Su sueño es llevar a vivir a su progenitora consigo a la capital tarijeña.

      De esto último no hay dudas de que lo hará, como también de seguir dando pasos importantes en su carrera deportiva. Es una gran deportista, a quien le sobran ganas, voluntad y disciplina.

      Fuente: diez.bo