Qué lejos estoy…

El cocalero presumía de conocer todas las fiestas populares del país, especialmente las que se celebran durante el Carnaval. Era conocido su apego por la farra y su vida amorosa no era precisamente una demostración de orden y cordura. Le dedicaron coplas que hacían gala de su talante conquistador.

En varias ocasiones se comparó con un semental que derretía a las mujeres y no le gustaba que las bailarinas usen calzas, pues endulzaba la vista con esos giros que suelen hacer las señoritas en los desfiles. En Buenos Aires no hay Carnaval, así que no tendrá más remedio que ahogar las penas de la inhabilitación en algún bar de La Boca o San Telmo, con vino en Damajuana o tal vez ginebra barata, pues la etiqueta azul es difícil de conseguir. En Bolivia no lo van a extrañar, estará presente en todas las parodias, los bandos y las burlas. Este año, el Carnaval será solo de la gente, pues como sabemos, los actuales gobernantes están ocupados combatiendo el dengue y atendiendo las emergencias ocasionadas por los desastres naturales. Eso al cocalero no le importaba.

Fuente: El Día