«Te pone a ti solo contra el mundo», cuatro historias de vencedores del coronavirus

Desde futbolistas hasta activistas y periodistas sufrieron con el virus. En el caso de Gary Rodríguez, gerente del IBCE, toda su familia resultó afectada y juntos superaron la enfermedad. «El problema respiratorio fue desesperante», contó.

 María O. García  / La Paz



Página Siete

De un día para otro desapareció de la pantalla chica y fue aislada bajo llave  en la habitación 902 del piso nueve del Hotel Real Plaza -más conocido como ex-Radisson- de La Paz. Allí, la jefa de informaciones de Bolivia Tv, Adriana Gutiérrez, luchó incesantemente contra el coronavirus (Covid-19) y uno de sus mayores efectos: la soledad.

“A los únicos que he visto durante 34 días han sido los médicos y una mano que me abría la puerta por fuera y me pasaba la comida”, relata Gutiérrez.

 Cada jornada, siempre antes del mediodía, una enfermera llegaba hasta su habitación y le  decía: “Encomienda”. A esa rutina le seguían una llamada telefónica y una visita que, aún desde lo lejos, la colmaba de fuerzas. Era su mamá, quien todos los días le llevaba una cajita “llena de amor”, con comida y medicinas, y se paraba abajo del edificio, en la esquina del hotel, para poder verla y hablar con ella unos instantes.

“Es una batalla dura, que tiene dolor, soledad y días de depresión, pero que te muestra que debes aprender a apreciar lo que tienes dentro”.  Adriana Gutiérrez, periodista

“Me asomaba como podía por los 15 centímetros que se abría la ventana y hablábamos un poco por teléfono. Era impresionante. Esos minutos valían oro y ella es la que me ha dado fortaleza en todo momento. Siempre me decía: ‘Tranquila, esto pronto pasará’”, recuerda la periodista.

Las primeras dos semanas fueron las peores por los síntomas. Gutiérrez no sentía olores ni sabores, no podía respirar bien y le dolía todo el cuerpo. Durante 14 días “bajé a la muerte y me devolvieron a la vida”. “Estuve consciente de que si en uno de los días de peor crisis debía partir lo haría sin ningún tipo de remordimiento, sin deudas y sabiendo que viví al máximo la vida, que hice todo lo que amé y que amé cada cosa que hice”, confiesa.

Si bien fue un proceso “durísimo”, esa lucha también le ha enseñado mucho. Entre otras cosas, a manejar sus emociones, a apreciar todo aquello que forma parte de su biografía y a escuchar la paz que su interior cobija.

“Esta enfermedad te pone a ti solo contra todo. Entendí que esto se trata de despojarse de todo lo que uno va acumulando a lo largo de su camino: amigos, familia, cosas materiales y se queda absolutamente solo para enfrentar el virus. Es una batalla dura, que tiene dolor, soledad y días de depresión, pero que te va mostrando que si pasas por esto es porque debes aprender  a apreciar lo que tienes dentro”, manifiesta. Y agrega: “Descubrí que tengo paz en mi alma y mi corazón; descubrí también que en detalles pequeños Dios me habló”.

 Ante la falta de una cura para la Covid-19, Gutiérrez se aferró a su fe. Y tras vencer el suplicio de una enfermedad que la mantuvo recluida por 34 días consigo misma en esa habitación del noveno piso, hoy, como nunca antes, valora a esa maestra que la acercó a la misma muerte, la vida.

El gol  de  vida de  Lampe

El arquero de la Selección boliviana y de Always Ready, Carlos Lampe, celebra hoy la que es una de sus mayores victorias. Aunque su misión es impedir los goles, esta vez cambió de posición  para marcarle un gol a la vida.

La conmemoración de este partido clave la hace en compañía de sus dos pequeñas hijas, a las que no vio  durante  20 días , y de su esposa, quien nunca se separó de él. Juntos superaron la Covid-19.

Ambos estuvieron encerrados en una de las habitaciones de su casa que cuenta con baño privado. “No salíamos para nada del dormitorio”, afirma Lampe.

“La primera semana es dura, es difícil tanto en lo psicológico como en lo anímico. Los primeros días sientes mucho estrés porque está la incertidumbre de no saber cómo te va a atacar el virus y tienes miedo de ir a un hospital. Después del décimo día uno está más tranquilo porque, en nuestro caso, ya no teníamos síntomas, estábamos bien”, cuenta el futbolista cruceño.

De esos 20 días, sólo los cuatro primeros tuvo síntomas. Le dolía la cabeza y la garganta, tuvo que lidiar con la fiebre y, en medio de todo eso, perdió el gusto y el olfato. Justo antes de dar negativo, la enfermedad dio sus últimos coletazos trayéndole dolor de espalda. “Esta enfermedad está demostrando que no importa si tienes dinero o no, si eres conocido o no, al final todos somos iguales. He visto casos de personas que tienen mucho dinero y que les ha costado muchísimo conseguir un espacio en un hospital porque estaban todas las camas ocupadas”, expresa Lampe.

“Esta enfermedad está demostrando que no importa si tienes dinero o no, si eres conocido o no, al final todos somos iguales”.  Carlos Lampe, futbolista

Asimismo, dice, es momento de apelar a la solidaridad y ayudar a las personas que continúan en la batalla: “Eso uno siempre lo pone en marcha, pero más ahora con este virus”, recalca quien trató de salvarle la vida con su plasma hiperinmune a César Salinas, el presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, que finalmente pasó a engrosar la lista de víctimas mortales del coronavirus.

La  lucha de  Serrate

La activista cruceña de Resistencia Femenina, Alejandra Serrate, venció a la Covid-19 luego de luchar contra él por 34 días. Ese largo mes lo pasó en la misma casa en la que vive con su mamá, su hermana y su esposo, pero a quienes el virus le impedía ver.

Tuvo de todo: desde fiebre alta y neumonía, hasta manchas en la piel y ampollas por el cuerpo. Eso la mantuvo la primera mitad de la enfermedad en cama. Aunque, asegura, su mente jugó un rol importante al aceptar brindarle a su cuerpo el descanso que necesitaba.

“El problema no es enfermarte, es tener las condiciones para tratarte. Conté con la ayuda de médicos, quienes me ayudaron”.  Alejandra Serrate, activista

“Los días se pasaban muy rápido”, comenta. En uno de esos, mientras estaba con neumonía, tuvo un episodio de ahogo y entonces necesitó el apoyo de oxígeno: “Conté con la ayuda de médicos, quienes con su acompañamiento me ayudaron a sobrellevar estos días. El problema no es enfermarte, es tener las condiciones para tratarte”, reivindica.

Y a partir del día 16, cuando le consiguieron controlar los síntomas y éstos ya prácticamente se habían ido, llegaron el estrés y la ansiedad. “Fueron bastante estresantes porque yo ya me sentía bien, con todas mis capacidades físicas, pero tenía que permanecer encerrada y en cama. Sentía como un estado de ansiedad por no poder hacer cosas tan básicas como salir a traerme un vaso de agua o cocinarme”, manifiesta.

A su paso, la Covid-19 le ha enseñado a valorar momentos tan precisos -y preciosos- como el pasar tiempo con sus seres más queridos y hacer un esfuerzo más grande para estar junto a ellos.

Gary Rodríguez y su familia

Los cuatro integrantes de la familia del gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, también sufrieron el embate de la Covid-19. Excepto para el mayor de sus hijos, que fue prácticamente asintomático, para el resto el proceso fue “muy duro” debido, sobre todo, a las dificultades respiratorias que presentaron.

“Mi hijo menor venía de tres problemas de salud entre marzo y mayo y llegó a superar los 39 grados de fiebre; mi esposa, que tiene enfermedades de base, era mi mayor preocupación; y en cuanto a mí, llegué a saturar menos de 70 -lo mínimo recomendable es 90-. Así, el problema respiratorio fue desesperante para todos”, cuenta Rodríguez, quien aún se agita al hablar. Los primeros en caer con este tipo de problema fueron su hijo y su esposa a lo que él, pese a tener otro tipo de síntomas, se encargó de ellos.

“Era torturante para  pensar que en algún momento mi hijo o mi esposa podían ahogarse. Mi hijo mayor se hizo cargo de todos”.   Gary Rodríguez,  IBCE

“Era torturante para mí el pensar que en algún momento podían ahogarse. Me aterraba ir al dormitorio de mi hijo para darle de tomar sus medicinas, imaginando que algo le pudo haber pasado. En el caso de mi esposa igual. Fue muy duro”, declara Rodríguez. Y cuando él también decayó fue el hijo mayor quien se hizo cargo de todos.

Asevera que fue más de un mes de no poder dormir por las noches. Si no era el dolor, eran las medicinas que le quitaban el sueño. Eso hacía que su mente, una máquina que puede llegar a ser muy ruidosa, lo “martirizara” con pensamientos especulativos sobre lo que podía pasar.

“En momentos como esos es cuando se activa la fe y sólo queda orar a Dios y esperar en él. Eso me ayudó de sobremanera a sobrellevar el proceso”, asegura Rodríguez, quien además es pastor.

No obstante, su lucha conjunta los ha llevado a estar más unidos que nunca como familia.