Argentina: La “Aduana paralela” que coadyuvaba al contrabando en Bolivia

La mercadería argentina de contrabando sigue penetrando libre por las fronteras tarijeñas y del resto del país, llegando a copar los mercados locales e incluso las calles.

Argentina: La “Aduana paralela” que coadyuvaba al contrabando en Bolivia
Transporte de mercadería de contrabando

Fuente: El País

Una investigación sobre la fortuna del intendente de Salvador Mazza, Rubén Méndez Salazar, acusado de enriquecimiento ilícito, constató un hecho que era “un secreto a voces”: se creó una «Aduana paralela» para ingresar a Bolivia a la vista de todo el mundo y sin que nadie hiciera nada por evitarlo en ningún lado de la frontera. Solo así se puede explicar la cantidad de mercadería de contrabando que ingresa a Tarija a vista y paciencia de las autoridades aduaneras.



Así lo señala una investigación del diario El Tribuno en su artículo «El contrabando masivo, un negocio para pocos en la frontera norte», que refleja cómo diariamente cientos de argentinos -incluidos mujeres y niños- llevan la mercancía ilegal hacia Bolivia. Y no lo hacen de manera clandestina o durante la noche para evitar ser detectados, lo hacen durante todo el día y por pasos que son más que conocidos. Las autoridades de la Aduana Nacional de Bolivia aún no se han pronunciado.

Mientras tanto, la mercadería argentina de contrabando sigue penetrando libre por las fronteras tarijeñas y del resto del país, llegando a copar los mercados locales e incluso las calles, a través del comercio informal.

Confirman que se creó una «Aduana paralela» en Tarija para ingresar productos de contrabando

Bolivia paga en dólares

Según el reportaje de El Tribuno de Salta, esta actividad se visibilizó en la pandemia, durante la cual se afianzaron los mecanismos para eludir los controles del Estado, creando en el municipio de frontera una aduana paralela legal para aquellos productos que llegaban con los papeles en orden, en tanto otra funciona para aquellos envíos flojos de papeles, que encubren una venta colosal dentro de los límites del país, pero que en realidad en pocas horas se transforma en una seudoexportación de bienes, pagados en dólares desde el Estado Plurinacional de Bolivia.

El Tribuno dialogó con los vecinos comunes que deambulan en las pobre calles de Salvador Mazza, mercando todo tipo de productos, ya que la pobreza y el trabajo informal en ese lugar de la Argentina tiene números que asustan.

«Millones de pesos pasan por nuestras narices, a toda hora, nada queda en el pueblo, es solo para unos cuantos», dijo una vendedora de un puesto de ropa.

Y su apreciación no es antojadiza, cientos de camiones hacen fila para ingresar a la localidad a diario, desde el sur. Mientras otros tantos lo hacen desde el norte, es decir, desde Bolivia. En ambos casos los transportistas deben oblar una especie de tasa municipal, al estilo aduana, cuyo destino debiera ser el erario municipal.

La cifra que se recauda a diario es un enigma. Pues los papeles que se ingresan a la contabilidad municipal no se condicen con el volumen de ingreso de transportes.

Salvador Mazza no tiene grandes industrias; ni medianas siquiera. Carece de universidades y tiene solo un terciario que dicta -según vecinos- carreras sin salida laboral.

El mayor movimiento económico se encuentra en la extensa línea fronteriza y sus intrincados asentamientos humanos y fincas privadas, todas ellas con acceso a pasos no habilitados. Casi todas estas propiedades facilitan el tráfico de mercancías y personas a toda hora y, según el lugar, el volumen de las transferencias de mercancías. Decenas de camiones a diario convierten una carga de cereal u oleaginosa a granel en casi mil bolsas de arpillera, las que son llevadas en vehículos más chicos hasta los pasos ilegales, así también bebidas y comestibles en general, incluso maquinarias agrícolas. Antes de cruzar, obvio, otra aduana: la del dueño de finca.

El contrabando es masivo y la maniobra quedó al descubierto en los primeros meses del 2021. El Tribuno hizo eco del secuestro de decenas de camiones cargados de cereales que tenían como destino fincas improductivas de Salvador Mazza y el Chaco salteño, lindantes con la vecina Bolivia. Esos camiones lograron pasar a Bolivia, unos cuantos fueron retenidos en las carreteras bolivianas, pero ya habían pagado su cuota.