La economía boliviana después del gas: transformación agropecuaria

El agro cruceño podría multiplicar por nueve su producción, convirtiéndose en un nuevo motor para la economía nacional. Liberación de exportaciones, innovación tecnológica y seguridad para la propiedad rural serían parte de la fórmula.

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¿Cuál es el potencial de crecimiento de la producción agropecuaria y qué condiciones se necesitarían para liberarlo? ¿El sector podría suplir a la renta gasífera, ante la debacle del modelo rentista de los hidrocarburos?

Para contestar a estas preguntas, eju.tv entrevistó al ingeniero Carlos Chalup, quien ha sido asesor de la presidencia de la CAO (Cámara Agropecuaria del Oriente) y participó en la elaboración de la Agenda de Transformación Agropecuaria, impulsada por la entidad en los últimos años.

Exportar 9.000 millones de dólares

“El sector agropecuario, sólo en el departamento de Santa Cruz, podría pasar de exportar 1.000 millones de dólares anuales como en la actualidad, a 9.000 millones en una década, si se levantaran las restricciones que desincentivan a los productores”, señaló.

Chalup dijo que esto fue medido en un estudio realizado en el 2018 y que un ejemplo práctico de que esto es posible es Paraguay, que “con una superficie similar a la de Santa Cruz, pero con menos tierras húmedas, multiplicó su capacidad exportable por ocho en el plazo de diez años”.

“El año pasado, en plena pandemia, el agro paraguayo tuvo un crecimiento de 14,7%, claro que sin tener las restricciones bolivianas”, acotó.

El analista dijo que es fundamental eliminar las limitaciones estatales “sobre el comercio exterior, la biotecnología y la propiedad rural”.

En el primer rubro, desestimó los argumentos gubernamentales sobre una supuesta defensa de los precios internos a través de los cupos, señalando que “toda restricción inhibe la capacidad productiva y los sectores se desaceleran. Bolivia exportaba maíz en el 2004-2005, pero después, con el afán del gobierno de controlar políticamente al sector, los productores fueron abandonando y se pasaron al sorgo y otros productos. Ahora somos un país importador de maíz a través de Emapa, que lo vende al mismo precio internacional”.

En materia de biotecnología, subrayó la necesidad de liberar los eventos transgénicos, señalando que hay aprobaciones que en el caso de la soya “esperan desde hace diez años y la tecnología ya cambió”.

“Estas restricciones no existen en Brasil, Argentina ni Paraguay”, dijo, remarcando la desventaja competitiva para el agro boliviano.

A pesar de todo, dijo que hay muchos productores que están innovando y “la agricultura se está convirtiendo en un sector de uso intensivo de tecnología. La Internet de las Cosas (IoT, por su sigla en inglés) llegó al campo. La innovación es todo un conjunto de medidas, que también tienen que ver con el know how, el mejoramiento de semillas para determinados climas y lugares, los agroquímicos y el enriquecimiento de la tierra”.

“No hay FES en los países vecinos”

“Las regulaciones al derecho de propiedad de la tierra son otras de las grandes limitantes. Por ejemplo, el pequeño propietario no tiene pleno acceso al crédito por la inembargabilidad. Aunque eso está señalado en la Constitución, se pueden viabilizar por ley o decreto mecanismos para que los productores que así lo soliciten sean clasificados como medianos, para facilitar su acceso al crédito hipotecario. Según el Censo Agrícola que realizamos el 2020, en Santa Cruz alrededor del 80% de los productores son pequeños. Con mecanismos como el mencionado, la cartera departamental de créditos podría pasar de 3.000 a 10.000 millones de dólares”, detalló.

Chalup también cuestionó la discrecionalidad que pesa sobre la propiedad agropecuaria por los exámanes de la FES (Función Económico-Social), “traba que no existe en ningún país vecino”.

“Inicialmente, en la Agenda de Transformación Agropecuaria propusimos que las sanciones sean penas administrativas o multas, y que sólo en casos extremos se vaya a la reversión. Pero se debería llegar a que la FES esté vinculada simplemente al pago de una patente anual, sin depender de las revisiones discrecionales de los funcionarios”, subrayó.

Sobre las posibilidades de crecimiento de los biocombustibles, consideró que esto debería llevarse adelante en un esquema desregulado y no monopólico, sin depender de YPFB. “Es mi opinión personal. También creo que desde el gobierno se busca hacer de Emapa la Comibol del agro, para implantar un control político del sector”, remarcó.

La Agrópolis cruceña

En relación a los debates sobre la frontera agrícola, recordó que el PLUS cruceño definió que el 28% de las tierras serían de uso agropecuario, mientras que la mitad del territorio del departamento correspondería a parques nacionales, “que es donde habría que incrementar la fiscalización y el financiamiento para los guardaparques”.

El analista destacó que el sector agropecuario es el mayor generador de empleo directo e indirecto del país, y que “al liberar la fuerza del campo se moverán también las industrias y los servicios. Santa Cruz de la Sierra es una Agrópolis, un centro donde se procesa y comercializa la producción rural. La liberación del campo es el futuro para el empleo joven”.

Edición y entrevista: Emilio Martínez

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