Nueva derecha y nueva izquierda se enfrentan en las elecciones chilenas

Emilio Martínez Cardona

Los candidatos de los grandes bloques moderados de centroizquierda y centroderecha, que protagonizaron la transición de Chile, van siendo desplazados de los primeros lugares del escenario político trasandino, y lo más probable es que ocupen la tercera y cuarta posición en la carrera electoral que se llevará a cabo el 21 de noviembre.



Hablamos de la demócrata cristiana Yasna Provoste, carta de la ex Concertación, que aparece en los sondeos con una intención de voto del 13%, y del oficialista Sebastián Sichel, situado en torno al 10%, víctima del desgaste del gobierno de Sebastián Piñera y de sus propios errores (Sichel se manifestó contrario a la devolución de aportes de las AFP, pero retiró el 10% de sus contribuciones).

En cambio, los primeros lugares son ocupados por exponentes de nuevas formaciones políticas de izquierda y derecha: Gabriel Boric del Frente Amplio y el republicano José Antonio Kast, ambos con intenciones de voto en torno al 20%.

Boric es un declarado admirador de Salvador Allende, mandatario que, más allá de leyendas románticas, llevó a Chile a la hiperinflación y a la crisis institucional, tras ignorar sistemáticamente las sentencias del Tribunal Constitucional. Al decir del ex ministro de cultura e ideólogo liberal Mauricio Rojas, Boric podría acabar siendo “un eventual presidente-rehén del Partido Comunista, sus aliados”.

Por su parte, Kast se caracteriza por hacer propuestas frontales y ha reconocido su admiración por Trump y Bolsonaro, aunque muestra un estilo discursivo más sereno y amable que el de sus modelos.

Queda la gran incógnita sobre qué harán los indecisos, aproximadamente un tercio del electorado, que podrían consolidar la tendencia a la polarización o “rescatar” a alguno de los postulantes inclinados hacia el centro.

En el primer caso, quien gane la segunda vuelta tendría chances de un gobierno solitario en mayoría, posibilidad catastrófica para el país vecino de darse una victoria de Gabriel Boric. Pero un reparto de indecisos que favorezca a Provoste obligaría al neo-allendista a hacer un gobierno de coalición, poniéndole paños fríos a las iniciativas más extremas de sus asociados.

Por otro lado, en el ballotage Kast tendrá que buscar los votos de primera vuelta de Sichel, lo que no parece tan difícil, pero tendrá un desafío más grande para tratar de captar a una fracción del electorado de Provoste, minoría proveniente de la franja centrista de la ex Concertación y que se muestra reacia a alinearse con el proyecto de Boric.

En cualquier caso, el resultado de la carrera presidencial decidirá si se pone un contrapeso a la Asamblea Constituyente, salvando los pilares fundamentales de la economía de mercado y la democracia representativa, o si Chile se hunde en un nuevo experimento del Foro de Sao Paulo/Grupo de Puebla.