Democracia o Demodesgracia

 

Ni el más avezado politólogo, ya suficientemente aturdido por lo acaecido hace días en las elecciones parlamentarias de la Argentina, se habría animado a lucubrar sobre el resultado de los comicios presidenciales de Chile, celebradas el pasado domingo 21, donde el candidato de derecha José Antonio Kast, venció al diputado comunista Gabriel Boric, con una diferencia del 28,30 %, sobre el 25 % de los votos, en un universo total del 50% del padrón de sufragantes.



Si bien es cierto que en ese país transandino no existe la obligatoriedad de votar, no es menos cierto que la abstención señalada, marca una seria incredibilidad en el sistema democrático, o por lo menos un acentuado cansancio en la alternancia de gobiernos que se han ido turnando desde el fin de la dictadura pinochetista. Empero, lo más curioso es que se ha llegado al extremo de entregar la llave de oro, que defina el próximo 19 de diciembre a quien deba ser el presidente de Chile, a Franco Parisi, un youtuber que, con más de 900.000 votos, salió tercero en la preferencia electoral y, nada menos que desde Alabama – USA, donde radica por causas judiciales que lo mantienen alejado de las mazmorras chilenas.

Por su parte, Chile dio suficientes pruebas de un crecimiento significativo en lo económico y en lo social, que lo colocaron como un ejemplo en la región, hasta que las hordas del Foro de São Paulo decidiesen dar al traste con esa imagen y nos obligaron a no perder de vista las olas de saqueadores e incendiarios que destruían esa paz, edificada durante más de treinta años de tranquilidad.

Jamás podríamos atribuirle a ese país, por más enemigo que se lo considere, ser un factor desestabilizador o anárquico, como el que construyeron los pícaros castrochavistas desde la isla de la fantasía comunista; como hicieron con la Venezuela expoliada; sometida al extremo de una esclavitud de Gulag; y sujeta a una democracia de garito, o la de los paisillos caribeños, como Nicaragua y otros, convertidos en satélites de ese engendro comunista, solo para levantar la mano en las Naciones Unidas, a tiempo de emitir su voto en favor del levantamiento de un bloqueo imaginario, inventado hace sesenta años, para vivir de la manga.

Otro sainete electorero fue el protagonizado en Venezuela, hace muy pocas horas, donde la dictadura madurista obtuvo 21 municipios, de los 23 en disputa, a vista y paciencia de unos observadores con probado astigmatismo. Este escándalo muestra, una vez más, el reiterado fiasco que sufre la política norteamericana en nuestra región, donde se nos aplicó una democracia, a imagen y semejanza de la suya, como una cura ideal contra las dictaduras que reinaban entonces. Castro fue más ágil e inteligente, y dicha fórmula la patentó para su propio beneficio. Tal fue la mutación de este esperpento, que hasta sus propios creadores sufrieron, en el seno mismo de su democracia, los embates de la anarquía.

A la luz de lo expuesto, se puede establecer la inconfundible existencia de una fatiga democrática que, en los múltiples sondeos de opinión de varios de estos países, se ha llegado a colocar, a las fuerzas armadas y a la Iglesia Católica, en los primeros puestos de preferencia de la población. Quizás un signo claro de que la democracia debería retornar al antiguo sistema griego de piedritas en barricas de cerámica, antes que esta degenere de democracia en demodesgracia.

 

Álvaro Riveros Tejada