“No hay países subdesarrollados, hay países mal administrados”

 

Nunca me cansaré de parafrasear al sabio Salomón, quien hace muchos siglos sentenció que “mejor es el fin del negocio que su principio”, en otras palabras, que lo mejor de algo no es cómo empieza, sino, cómo va a terminar. ¡Cuánta verdad en ello!



Si los políticos, los gobernantes y los ciudadanos de a pie entendiéramos esto, sabríamos que de nada sirve que algo comience bien y acabe mal, ya que si las cosas no se hacen correctamente, entonces, lo que fue una fugaz alegría se podrá convertir en sufrimiento.

El hecho que algo empiece bien no tiene en absoluto la garantía de acabar mejor, ya que todo dependerá del proceso, de las acertadas o erróneas decisiones que se tomen, entre su inicio y final. ¡Cuántos ejemplos hay de vidas que comenzaron auspiciosamente pero con el tiempo fracasaron! Ha pasado igual con prominentes políticos, poderosos gobernantes y, por supuesto, con la gente común.

Lo mismo acontece con los países. Algunos que fueron exitosos en su tiempo, hacen mal las cosas, trastocan su destino y terminan peor que otros que, pese a haber sido menos que ellos en otro tiempo, al conducirse de buena forma, terminan superándolos de lejos. Buenos ejemplos tenemos en los tigres asiáticos (Singapur, Hong Kong, Taiwán y Corea del Sur) y el dragón asiático (República Popular China), que en un tiempo relativamente corto superaron sus limitaciones para pasar a ubicarse en la palestra del mundo desarrollado, vale decir, que de estar mal, hoy están bien, porque llevaron inteligentemente su proceso.

También hay dolorosos cuadros de situación de países que fueron ricos y parte del Primer Mundo, pero por haber hecho mal las cosas, pasaron al Tercer Mundo con un impacto negativo para sus habitantes (mejor no poner ejemplos odiosos).

Lo mismo pasa con las regiones al interior de un país, dependiendo de cómo estas son administradas, de ahí que algunas se desarrollen más que otras; en Bolivia, por ejemplo, está el histórico caso de Potosí, que en su momento de gloria llegó a brillar con luz propia en el mapa mundial, aunque lamentablemente fue languideciendo y apagándose en el tiempo. En contraposición, está el caso de Santa Cruz, cuyo notable progreso en los últimos setenta años, hasta alcanzar los mejores indicadores socioeconómicos, está reseñado en el libro Modelo de Desarrollo Cruceño: Factores y valores que explican su éxito (con cerca de 150.000 descargas vía internet –www.ibce.org.bo).

Si para Potosí la minería significó históricamente un gran aporte a Bolivia, en Santa Cruz, lo es hoy el sector agropecuario.

El gran desafío es trabajar para garantizar la sostenibilidad de los logros, sobre la base de las lecciones aprendidas a lo largo de la historia. Aquello de que “tropecé de nuevo y con la misma piedra”, que quede para Julio Iglesias.

Lo cierto es que nada en esta vida está escrito en piedra, absolutamente nada. Lo que hoy es, mañana no será; lo que ya fue, hoy es; lo dijo también el sabio Salomón, que nada nuevo hay bajo el sol. ¿Qué implica esto en materia de desarrollo? Simple y llanamente que para que la economía y la sociedad gocen de un proceso ascendente, mejorando la calidad de vida de la gente, no se precisa descubrir la pólvora.

Ejemplos buenos y malos de lo que hay, o no hay que hacer saltan a la vista en el mundo, es cosa de ver, asimilar, mejorar y punto. Que lo que empezó bien, acabe mejor, depende de nosotros, de las decisiones acertadas que tomemos, mientras haya tiempo; igualmente, de que algo que empezó mal, se pueda enderezar y corregir a tiempo, para terminar bien.

Lo triste es repetir errores que otros han cometido, equivocarse con algo que empezó bien, para que termine mal. Peor aún, con algo que estando mal, y que pueda corregirse, no se lo haga.

“No hay países subdesarrollados, hay países mal administrados”, sentenció alguien, y es verdad. Una nación bien administrada con seguridad prosperará y, aunque su inicio haya sido pequeño, su destino podrá ser grandioso. Todo depende de hacer bien las cosas…

Gary Antonio Rodríguez Álvarez

Economista y pastor