Narrativas centralistas

Emilio Martínez Cardona

Del “chip provinciano” al “modelo cruceño agotado”. Los intelectuales orgánicos del Estado macrocéfalo siguen produciendo relatos que procuran neutralizar al contrapoder regional, que obstaculiza la reproducción plena del esquema centralista y que podría desembocar en un nuevo proyecto nacional.



Esta vez, ha sido el vocero presidencial quien ha incurrido en una falacia desmentida por la demografía: los migrantes, que acuden masivamente a integrarse al modelo cruceño, dan cuenta de su vitalidad, en contraposición con el agotamiento, ese sí muy real, del colectivismo empobrecedor en muchas zonas del occidente del país, y que se expresa en diversas modalidades de dictadura sindical.

Como lo confirma la experiencia universal, los pueblos arbitran sobre los modelos migrando hacia los que funcionan y abandonando los experimentos socializantes.

En el caso de los ítems fantasmas, aprovechado por el oficialismo para estigmatizar a Santa Cruz (como se hizo antes con el “caso terrorismo”), lo que tuvimos fue una connivencia de gestiones municipales que colaboraron ampliamente con el régimen de 14 años de Evo Morales, recibiendo a cambio impunidad. Ya fuera del poder, los responsables de esas gestiones se vuelven fusibles a los que se encuentra una nueva utilidad.

A lo largo de todo el país, el problema de la corrupción es endémico y está relacionado con tres factores fundamentales: 1) un componente cultural de tolerancia a la corrupción, 2) la baja calidad de instituciones como la justicia y los órganos de control, y 3) el tamaño del Estado, que al multiplicar regulaciones y pasos burocráticos crea oportunidades discrecionales para la extorsión.

En relación a esto último, podría agregarse la necesidad de una legislación de techos fiscales, como la que anteriormente establecía un máximo del 30% del gasto corriente para salarios, lo que de alguna forma limitaba la empleomanía estatal (“fantasma” o no).

Está clara, también, la necesidad urgente de reformar la justicia y de institucionalizar la Contraloría, para que los casos de corrupción se transparenten en todos los ámbitos del sector público y no sólo en aquellos donde sea conveniente para el gobierno de turno. Esto sólo será posible con un vigoroso movimiento ciudadano que se proponga ese objetivo trascendental.

Volviendo al debate sobre los modelos económicos, y ya para finalizar, es muy probable que el discurso oficial esté relacionado con la intención de profundizar el intervencionismo estatal hacia el aparato productivo cruceño, en momentos en que la renta agro-industrial es la única que puede suplir, al menos parcialmente, al declive de la producción gasífera, tras más de una década de abandono de los trabajos de exploración.