ELN y disidentes de las FARC se disputan en Arauca por el control territorial

Los enfrentamientos entre el ELN y las disidencias de las Farc en Arauca, (frontera colombo-venezolana) dejan a la población civil, excombatientes y comunidades indígenas como los más afectados.

Invitado: Carlos José Herrera, profesor en la Universidad Pontificia javeriana de Bogotá. 



“Hay una niña de tres meses secuestrada, pero parece que a nadie le importa. Pareciera que las vidas de los araucanos no importaran para este país”. El doloroso e indignado relato de Mayerly Briceño, líder social del departamento, demuestra el nivel de violencia en el departamento de Arauca.

Tanto la niña que menciona Briceño, como su madre, que también había sido secuestrada, fueron liberadas en la noche del 14 de febrero.

Aun así, tiroteos, asesinatos selectivos, ataques con explosivos, carros bomba y amenazas dan cuenta de disputas entre el Ejército de Liberación Nacional – ELN- y las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -Farc-, grupos que no firmaron el Acuerdo de paz en 2016.

Durante décadas ha existido la presencia y presión de grupos armados, sin embargo, durante las últimas semanas este departamento ha vivido una fuerte escalada de la violencia que ha dejado heridos, muertos y cientos de familias desplazadas.

“Solo a partir de las 7 de la mañana se puede salir a trabajar. A las 5 de la tarde todo el mundo tiene que estar encerrado en su casa. En las zonas rurales solamente una persona por familia puede salir -una vez a la semana- al pueblo para hacer mercado”, sostiene Briceño.

Estas “recomendaciones” que hacen los grupos armados a la población, mantienen un ambiente de zozobra mientras las cifras de víctimas siguen creciendo.

El último informe de la Defensoría del Pueblo reporta que en enero se presentaron 71 homicidios en el departamento y 424 familias, más de dos mil personas, fueron desplazadas forzosamente, entre ellos, 51 excombatientes de las antiguas Farc.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas -ONU-, registra que al menos seis comunidades indígenas y 340 excombatientes permanecen confinados por los combates en la zona. Este mismo organismo internacional estudia crear corredores humanitarios para asegurar servicios básicos.

¿Por qué la disputa se da en Arauca?

Carlos José Herrera ha trabajado en las comisiones de paz de varios gobiernos en acercamientos y negociaciones con guerrillas. Además, es profesor del Departamento de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Javeriana, y dice que lo que viene sucediendo desde hace unos meses es resultado de la lucha por el control territorial.

Colombia y Venezuela comparten más de dos mil kilómetros de frontera en esta región y uno de los límites es el río Arauca.

Explica el profesor Herrera que esta zona es de muy difícil control por parte de las autoridades porque es relativamente sencillo pasar personas y mercancías para evitar controles migratorios y de aduanas. Pocos metros (el ancho del río) separan a un país del otro, por lo que en una embarcación se puede pasar de un lado al otro en menos de un minuto.

“A través del río sucede todo tipo de contrabando: gasolina, carne, reses, bienes de consumo, productos básicos de mercado, para el hogar, ropa, zapatos. Estas economías pueden mover miles de millones de pesos a la semana”, afirma el docente.

Por su carácter informal es imposible saber cuánto dinero mueve el contrabando, pero algunas estimaciones, como la que reveló la diputada venezolana Karim Vera, indica que solo en 2021 esta cifra superó los 100 millones de dólares.

Así que quien logre controlar estos pasos fronterizos, podrá cobrar ‘peaje’ o extorsión para dejar pasar personas o mercancía.

Las otras economías que se mueven en la frontera con Venezuela

La frontera puede prestarse para el paso de cocaína que toma rumbo hacia Europa. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la producción de hoja de coca generaría 450 millones de dólares al año, pero la venta de la cocaína puede recaudar hasta 1800 millones.

El narcotráfico y la venta de armas son los negocios ilegales más conocidos y los que durante décadas han financiado estructuras criminales y armadas. Sin embargo, en los últimos años, la minería ilegal de metales preciosos y minerales es un fenómeno que se ha incrementado en la frontera.

Las disidencias de las Farc hacen presencia militar en Vichada, Guaviare y Guainía. Esta zona de la Orinoquía es rica en coltán, mineral que se usa en la producción de baterías y equipos electrónicos.

En Colombia, según la Fiscalía General de la Nación, un kilo de ‘oro azul’, como se le conoce popularmente, podría costar entre 500 y 600 dólares, pero su precio podría aumentar diez veces al venderlo en Europa. La explotación de coltán es ilegal en el país.

“Alias Gentil Duarte y alias Mordisco (líderes de las disidencias) saben que tienen un producto muy fuerte que ofrecer. Es, entre otras cosas, lo que están usando para hacerse llamativos y financiarse”, sostiene Herrera.

Y justo aquí radica la causa de la escalada violenta que ha vivido Arauca en las últimas semanas. Las disidencias, que controlan buena parte de la Orinoquía, quieren dominar una parte de los muchos negocios que se mueven por la frontera con Venezuela. Sin embargo, el ELN hace una presencia armada muy fuerte en Arauca.

“Esto es un conflicto entre dos grupos armados donde al final los únicos grandes perjudicados somos los campesinos y la población civil”, Mayerly Briceño

“Las disidencias están buscando una salida al río, a la frontera. La necesitan porque si no, se les limita su economía. Salir al río significa controlar una parte del departamento y lo están intentando a sangre y fuego. Pero se han encontrado al ELN, que no quiere perder el control que mantiene”, afirma el experto.

Un fortín para el ELN

Para entender lo fuerte que es el ELN en Arauca hay que tener en cuenta varios factores. El primero es el interés que ha existido durante mucho tiempo por la frontera. Décadas atrás, cuando el conflicto armado interno arreciaba y la economía venezolana era sólida, el contrabando también funcionaba, pero en vía contraria (de Colombia al país vecino).

El segundo elemento es la manera en que opera la guerrilla. “El ELN tiene una forma muy particular de hacer presencia, que es quizás casi única en el país, y fue que se hizo parte de la sociedad de Arauca”, dice a Pesquisa Javeriana una fuente que pidió mantenerse anónima, pero que durante muchos años ha hecho investigación en la zona.

“Cuando uno está allá le parece que no es verdad –que no están–, todo se ve muy normal, la vida funciona, se ve muy tranquilo, pero uno sabe que se encuentran por todos lados: a la salida del hotel, en el restaurante, en cualquier lugar, muy pendientes”, manifiesta.

A diferencia de otras guerrillas, no viven tanto en ‘el monte’, sino que tienen una vida civil. Por eso es que se cubren el rostro con la pañoleta roja y negra cuando están en armas.

Relata la fuente anónima que un hito importante para su fortalecimiento se dio a inicios de los 80. En esa época se descubrió un enorme pozo petrolero en Caño Limón, cerca de Arauquita. Para facilitar su extracción, se decidió construir un oleoducto hasta Coveñas, Sucre, donde se exportaría el crudo vía marítima. Para ello se contrató a la empresa alemana Mannesmann.

Tiempo después la guerrilla secuestró a uno de los ingenieros alemanes y la empresa terminó pagando millones de dólares por el rescate y por posteriores extorsiones.

Este hecho les permitió un gigante ingreso de dinero que financió, no solo al bloque de guerra Oriental, que opera en Arauca, sino a otros frentes.

“Desde el año 83 ellos controlan muchas de las cosas de la vida diaria, en lo rural y en lo urbano. Tienen el control territorial desde hace 40 años”, dice la fuente anónima. “El ELN derrotó a los paramilitares a inicios de los 2000, a las Farc en 2011 cuando intentaron meterse, al Ejército lo tiene aguantado y parece que ahora a las disidencias también”, añade.

Una muestra de esto se dio a mitad de enero cuando se denunció con fotografías que hacían presencia armada en el casco urbano de Arauquita, mientras el presidente Duque, el ministro de Defensa, del Interior y altos mandos militares realizaban un consejo de seguridad en la capital del departamento.

Para Mayerly Briceño también es innegable el poderío de la guerrilla. “Es un departamento controlado por el ELN en materia de orden público, social, económico, político. Quizás para las personas de afuera puede resultar complejo, pero es que así nos han tenido sometidos siempre”, expresa.

Asegura también que a la población araucana le preocupa que se repita lo sucedido entre 2004 y 2010, años en los que las dos guerrillas se enfrentaron, al igual que ahora, por la disputa del dominio. La denominada ‘guerra civil’ que dejó más de mil muertos finalizó con un pacto de no agresión entre estos grupos armados.

Las tres fuentes consultadas por Pesquisa Javeriana aseguran que para buscar estrategias sostenibles en el tiempo, es fundamental abrir diálogos y negociar con los actores enfrentados, especialmente con el ELN. Sin embargo, negociar con esta guerrilla no es fácil.

Desde 1990 se han intentado conversaciones pero ninguna ha tenido avances prometedores. La última se dio en 2017, durante el gobierno de Juan Manuel Santos y se mantuvo hasta enero de 2019, cuando esta guerrilla se atribuyó el atentado con carro bomba en la Escuela de la policía General Santander en Bogotá. En ese momento el presidente Iván Duque reactivó las órdenes de captura del equipo negociador guerrillero.

Para retomar la negociación el gobierno exige la liberación de todos los secuestrados y el cese de toda acción criminal. Por su parte, la guerrilla exige el cese de las hostilidades hacia esta organización. Ninguna de las partes parece ceder.

Una nueva crisis humanitaria

En medio de este panorama de disputas entre actores armados queda la población civil, que desde que inició el 2022 ha vivido una violencia como hacía años no se sentía.

Las fuentes consultadas por Pesquisa coinciden en que lo más necesario en este momento son las acciones humanitarias, las ayudas a las comunidades que han sido desplazadas y a las que siguen confinadas en medio de los enfrentamientos. También recomiendan exigirles a los grupos armados el respeto al Derecho Internacional Humanitario y que se mantenga a los civiles por fuera de sus acciones.

“Amenazan los hospitales, las empresas públicas, ponen carros bombas.  Aquí no importa la vida de nadie, importa quién se queda con el control de estos territorios”. Mayerly Briceño

Para el profesor Herrera es necesario buscar salidas negociadas con el ELN y estrategias para controlar mejor lo que pasa en la frontera. También es crítico sobre el papel de las universidades en este tipo de contextos.

“A mí me parecería espectacular que muchos estudiantes fueran a hacer prácticas en Saravena o en Arauquita, que hablaran con la gente, que descubrieran esta realidad. Si uno va y vive esa situación, se da cuenta de que puede hacer aportes serios al análisis académico” enfatiza.

La líder social, entre la desesperanza y el deseo de que las cosas cambien pide que los ojos del país se vuelquen hacia Arauca: “nosotros no tenemos la culpa de haber nacido en un territorio que está controlado por los grupos armados. No es mi culpa haber nacido en El Botalón, Tame, que es una vereda donde históricamente ha estado presente el ELN. Es mi territorio y nos tocó nacer en ese espacio, ¿qué hacemos? No estamos haciendo nada malo, solamente pedir una salida humanitaria y que nos dejen vivir en paz, es lo único que pedimos”, finaliza.

Texto gentileza de Miguel Martínez Delgadillo, periodista de la revista Pesquisa Javeriana

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