Ante un nuevo orden mundial bipolar, Alemania necesita un nuevo modelo de negocio

El bienestar económico de Alemania se basa en la importación de energía barata para su industria. Pero esos tiempos se acabaron, dice Henrik Böhme. Se necesita algo nuevo, y el cambio a una economía libre de carbón.

El modelo de exportación alemán, en la picota por su necesidad de energía barata. El modelo de exportación alemán, en la picota por su necesidad de energía barata.

La primera víctima de la guerra es la verdad. La ingente realidad de esa frase se percibe en estas semanas de la sangrienta invasión rusa a Ucrania. Pero también es cierto que en tiempos como este se pronuncian algunas verdades que tal vez nadie diría con tanta claridad en otros momentos.



Es así como, recientemente, en una entrevista con el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, Martin Brudermüller, jefe de la multinacional química alemana BASF, al preguntársele si Alemania está financiando la guerra de Putin con sus importaciones de petróleo y gas rusos, respondió que es un hecho «que las exportaciones rusas de gas son hasta ahora la base de la competitividad de nuestra industria”. Según él, un freno a la importación «destruiría nuestro bienestar económico”, ya que la competitividad del abastecimiento energético es un «elemento esencial de la fortaleza económica de Alemania”.

De ese modo, este importante ejecutivo de la industria alemana logró una descripción muy directa del actual modelo de negocio de Alemania, que ha convertido a este país en una potencia mundial y en una gran nación exportadora: Alemania importa energía relativamente barata, la perfecciona en procedimientos industriales altamente desarrollados, con trabajadores especializados bien pagados, convirtiéndola en productos de gran demanda que, finalmente, se venden en todo el mundo, y obtiene así importantes ganancias. Todos los productos made in Germany tienen todavía fama internacional.

Rusia, China y la globalización

Por supuesto que también juegan un papel otros factores, como, por ejemplo, China. Las empresas alemanas respondieron muy a tiempo al vertiginoso crecimiento chino. De ese modo, China se transformó en, por un lado, un proveedor de otras materias primas importantes, y, por el otro, en un gigantesco mercado de ventas para Alemania. Para la industria automotriz, China es hoy uno de los mercados más importantes del mundo. Solo Volkswagen vende allí cerca del 40% de sus vehículos. A eso se suma el avance acelerado de la globalización, que favoreció a Alemania como país exportador.

Henrik Böhme, periodista económico de DW.
Henrik Böhme, periodista económico de DW.

La energía rusa barata, un gigantesco mercado chino, la globalización, y una industria nacional fuerte. De esa combinación surgieron dos cosas: un excedente comercial inmenso (Alemania exporta muchísimo más de lo que importa, lo cual es criticado a menudo por los socios comerciales de este país), y también una extrema dependencia, sobre todo, de Rusia y de China.

Pero la guerra rusa en Ucrania ha sido un remezón para ese modelo.

Como ya al inicio de la pandemia de coronavirus, los observadores hablan del «fin de la globalización”, o al menos de que habría que independizarse de algunos productos. La realidad de la escasez de trajes protectores y mascarillas al comienzo de la pandemia hizo que muchos alemanes abrieran los ojos. Si bien hubo fuertes llamados a un reshoring, es decir, a una relocalización en el país de algunas líneas de producción, la implementación de esa medida se revela como algo muy complejo.

¿Un orden mundial bipolar?

Pero ahora, con la invasión rusa a Ucrania, las cosas son diferentes. De pronto, no solo Alemania, sino toda Europa, se ven obligadas a liberarse de las importaciones de energía de Rusia para dejar de llenar las arcas del agresor del Kremlin. De repente también se plantea una vez más la cuestión de una dependencia demasiado grande de China, ya que Pekín se coloca más bien del lado de Moscú en este conflicto, no por caridad hacia Putin, sino porque necesita imperiosamente las materias primas rusas y el enorme mercado de ese país. De todos modos, a China y a Rusia los une el rechazo a los valores occidentales, como el Estado de derecho, la libertad de expresión y la tolerancia.

Este es el futuro energético: hidrógeno, en lo posible, producido a partir de fuentes de energía renovables. Este es el futuro energético: hidrógeno, en lo posible, producido a partir de fuentes de energía renovables.

La guerra en Ucrania marca «el fin de 30 gloriosos años de globalización”, como dijo el reconocido economista Gabriel Felbermayr. ¿Se descompondrá entonces el mundo en nuevos bloques? Por un lado, Occidente, con europeos y estadounidenses; por el otro, un eje dominado por China, con Rusia y, probablemente, India, a pesar de que eso es difícil de imaginar: Rusia como socio menor, e India y China juntos. Un mundo bipolar como ese -que sería inevitablemente un orden mundial bipolar- tendría consecuencias dramáticas para Alemania, uno de los ganadores de la globalización, ya que, así, el hasta ahora exitoso modelo de negocio alemán perdería sus cimientos. Es decir que algo nuevo debe surgir. Sin embargo, la economía alemana siempre comprobó que dispone de una inmensa capacidad de adaptación, que ahora es más necesaria que nunca, dado que la reordenación del suministro energético del país ofrece una oportunidad única para acelerar la reestructuración ecológica de la economía.

Hay que entender que debemos producir nosotros, en lo posible, mucha de la energía que necesitamos. Una electricidad ecológica más barata, y un hidrógeno verde, serían verdaderamente ventajosos. Si los planes que acaba de presentar el ministro alemán de Economía y Protección Climática, Robert Habeck, según los cuales las energías renovables son de «interés público extraordinario”, y el suministro de energía de Alemania podría cambiarse casi por completo a las energías eólica, solar y de biomasa en los próximos 13 años, eso sería todo un éxito. Y también debería permitir que la industria alemana continúe produciendo productos de gran demanda por medio de energía barata. De esa manera se estaría asegurando el bienestar económico de Alemania, también en el futuro.

(cp/ers)

Fuente: dw.com