Poder adquisitivo, reformas, impuestos: los programas económicos de Macron y Le Pen

Un votante pasa por delante de un cartel electoral de Marine Le Pen y de Manuel Macron para la votación de las elecciones presidenciales francesas en el colegio electoral de Palexpo en Ginebra, Suiza, el domingo 10 de abril de 2022. Los votantes franceses residentes en Ginebra comenzaron a votar este domingo para la primera vuelta de las elecciones presidenciales. (Salvatore Di Nolfi/Keystone vía AP)
Un votante pasa por delante de un cartel electoral de Marine Le Pen y de Manuel Macron para la votación de las elecciones presidenciales francesas en el colegio electoral de Palexpo en Ginebra, Suiza, el domingo 10 de abril de 2022. Los votantes franceses residentes en Ginebra comenzaron a votar este domingo para la primera vuelta de las elecciones presidenciales. (Salvatore Di Nolfi/Keystone vía AP) AP – SALVATORE DI NOLFI


El poder adquisitivo de los franceses es la principal preocupación de los votantes en esta carrera presidencial, pero no es ni mucho menos el único reto económico para el próximo líder de Francia, en un contexto delicado de recuperación de la pandemia de coronavirus y de la guerra en Ucrania. La reforma de las pensiones, la disminución de impuestos, la reindustrialización y las relaciones con la UE son algunos de los temas en los que Emmanuel Macron y Marine Le Pen tienen planes opuestos

Por Lúcia Müzell



Francia es uno de los países europeos que mejor se está recuperando de la pandemia, con una disminución constante del desempleo, del 7,4% en marzo, y una reanudación del crecimiento económico envidiable en 2021 (+7%). Sin embargo, la guerra de Ucrania devuelve la incertidumbre y eleva los precios del coste de la vida para los franceses, reflejo de la subida de los precios de la energía y de productos básicos como el combustible y los alimentos.

«Antes, ya teníamos un problema de logística. El mundo se estaba recuperando de Covid y recuperando todas las redes logísticas, las cadenas de valor. Allí es cuando llega la guerra y perturba no sólo estas cadenas, sino que puede cortar la fuente de materias primas para Europa, ya que Rusia y Ucrania son los principales proveedores de muchas de ellas», subraya el profesor de economía Gabriel Giménez-Roche, de la Neoma Business School de Rouen.

Ambos defienden las subvenciones frente a los altos precios

En este contexto, los dos candidatos juegan la carta de las subvenciones: Macron ha ofrecido ayudas financieras directas a los más desfavorecidos, ha congelado los precios de la energía y ha financiado una reducción de hasta 0,18 euros en el precio del litro de combustible, medidas que pretende mantener. Su rival de extrema derecha asegura que irá más allá, si es elegida, aumentando los salarios en un 10% para los que ganan hasta tres salarios mínimos y eximiendo a las empresas y, parcialmente, a los empleados de las cargas sociales. Marine Le Pen también pretende bajar la IVA para ciertos productos del 20% actual al 5,5%.

Gracias a propuestas agradables al oído pero pesadas para el erario público, Marine Le Pen ha ampliado su influencia sobre el electorado de clase baja en los últimos años. Sugiere, por ejemplo, cambiar el impuesto sobre la propiedad introducido por Macron por uno sobre la riqueza financiera.

«Marine Le Pen es más generosa. Parece Papá Noel, promete muchas cosas, como eliminar por completo las cargas sociales de las empresas», señala Giménez-Roche. «Promete que todos los franceses menores de 30 años no pagarían ningún impuesto sobre la renta, independientemente de su nivel de ingresos e incluyendo a los empresarios. En otras palabras, se promete mucho dinero, pero no explica, por ahora, cómo financiar todo esto».

Emmanuel Macron y Marine Le Pen se enfrentarán el domingo 24 de abril de 2022 en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas.
Emmanuel Macron y Marine Le Pen se enfrentarán el domingo 24 de abril de 2022 en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas. © Montage RFI – Reuters/AP

Reforma de las pensiones

La estrategia de Macron de pagar «cueste lo que cueste» para que Francia sufra menos el impacto de Covid-19 ha tenido un precio: el próximo presidente heredará un país cuya deuda ya supera el 112% del PIB. No es de extrañar que Macron ya haya anunciado la reanudación de uno de sus principales proyectos para el primer mandato, la reforma de las jubilaciones, aplazada por el contexto sanitario.

El actual presidente tiene previsto aumentar la edad mínima de jubilación en el país de 62 a 65 años. Su rival, en cambio, quiere restablecer el plazo a los 60 años para algunas categorías profesionales y mantener la edad actual para el resto de la población. Giménez-Roche advierte que una amplia reforma es crucial para mantener el nivel actual de las pensiones.

«Hoy en día, ya hacen falta entre dos y tres trabajadores para financiar a un pensionista. En un futuro próximo, que podría ser dentro de 10 años, podría ser uno por uno. Hoy en día, para tener la jubilación completa en Francia, es a los 62 años. Sigue siendo demasiado baja: en países vecinos, como Alemania, ya es de 67, y en España, de 63», compara. «Cuando hablas con cualquier experto en pensiones, ya sea de izquierda o de derecha, estarán de acuerdo en que es imposible mantener el sistema actual con las mismas pensiones, porque no hay activos para mantener este sistema», señala el profesor de Neoma Business.

Los dos candidatos también se oponen en cuanto a la relación con la Unión Europea: mientras Macron es profundamente europeísta, Le Pen siempre ha sido una crítica del bloque, del que prometió separarse hasta las últimas elecciones de 2017. Ahora, la candidata ha cambiado el discurso anti-UE por el de la reforma de su gobernanza para, según ella, impulsar la reindustrialización de Francia, sin ocultar su reivindicación de una política económica de sesgo proteccionista. Sin embargo, Le Pen tendría un débil margen de maniobra para enfrentarse a Bruselas.

«Por ejemplo, habla de dar preferencia nacional [francesa] a los proveedores de bienes o servicios al Estado. Pero esto está prohibido en la Unión Europea», recuerda Giménez-Roche. «Cada empleado o empresa de un país miembro se considera igual que un proveedor de servicios o una empresa del territorio nacional de los países».

Radio Francia Internacional