Tricolor con sabor a corrupción

 

Nuevamente otro año que Bolivia viene cayendo en el índice de percepción de la corrupción con una calificación de 30 puntos sobre 100 (siendo 0 totalmente corrupto y 100 totalmente limpio), este parámetro es elaborado por Transparencia Internacional (TI) convirtiéndose en el principal índice a nivel global enfocado a la corrupción en el sector público.



La situación actual de nuestras instituciones públicas es preocupante e indignante en todos los niveles del gobierno, la población tiene un contundente rechazo y una clara pérdida de confianza en los servidores públicos. La cultura de la legalidad está más que destruida, el conjunto de valores, normas, percepciones y actitudes que toman los individuos respecto a las leyes y las instituciones que las ejecutan es lo que compone esta cultura, la cual ha sido socavada no solamente por el Movimiento al Socialismo (MAS), sino por una sociedad que calla frente a la impunidad, que observa y no actúa frente a tanto saqueo, porque eso es, nos están robando y esta enfermedad llamada “corrupción” es extremadamente contagiosa en personas con nulos valores y se ha ido propagando a lo largo de estos años de una manera detestable.

Policías y militares que roban autos (caso investigación, medios chilenos), máximos encargados de lucha contra el narcotráfico ligados a las drogas y protección de delincuentes (caso Dávila), jueces que liberan asesinos y violadores (caso juez Alcón), y la lista podría seguir, sin embargo, la pregunta es, ¿hasta cuándo lo vamos a permitir? ¿Es la corrupción un problema social o meramente político?,

Hoy podemos observar que el funcionamiento del Estado se está viendo afectado por esto, este mal que ha penetrado la sociedad boliviana, es un problema ético y moral profundo que se tiene que solucionar. La corrupción está institucionalizada, el Estado ha perdido toda credibilidad y legitimidad, ya que se tiene la idea de que toda acción está enmarcada en actos corruptos que causan ineficiencia en el cumplimiento de funciones mínimas, hoy se traducen en una enorme burocracia y un despilfarro de recursos sin ningún límite. Está claro que a medida que el Estado crece, la corrupción también, y no es un motivo menor, pensar en reducirlo cuando esa es la realidad.

Nuestra tricolor sabe a corrupción, apena decirlo y ante esto le menciono a los lectores que la responsabilidad no se predica, se demuestra. Hoy necesitamos proactividad para hacer que las cosas pasen, vocación de servicio para construir un nuevo país e integridad para hacerlo desde la verdad.

 

 

Sebastian Crespo Postigo

Director en el Comité pro Santa Cruz y expresidente de la Casa de la Juventud.