Es personal trainer de mañana y escort por la tarde: “Si atendés hombres te dicen puto; si recibís mujeres, ganador”

En el Día internacional de las trabajadoras y los trabajadores sexuales, Francisco compartió con Infobae sus 15 años como escort. Los primeros clientes, las violencias y estigmas que padece por ser un hombre que atiende a otros hombres, las urgencias del colectivo y los amores que posibilita cobrar por sexo

Francisco es trabajador sexual. Cuenta que se fue de su casa en Olavarría "para dejar atrás una infancia de malos tratos y abusos"Francisco es trabajador sexual. Cuenta que se fue de su casa en Olavarría «para dejar atrás una infancia de malos tratos y abusos»

 

Fuente: Infobae.com



Argentina.-Francisco habla suavecito y suele terminar las frases con un “¿me entendés?” casi cantado, casi cordobés. Pero no. Nació y vivió en Olavarría hasta que cumplió 18 años, se subió a un micro y aterrizó en Buenos Aires. Sin mucho más plan que irse lejos de su ciudad, a la que llama pueblo y a donde no volvió. “Me fui para empezar de nuevo y dejar atrás una infancia de malos tratos y abusos”.

Francisco piensa antes de responder. Y se ríe porque no sé la diferencia entre escort y gigoló o porque pregunto si es posible crear una buena relación con los clientes.

“Nosotros somos lo prohibido. Si un tipo tiene que pagarse una puta está todo bien, pero pagar un hombre no. Aún dentro de la comunidad LGBTIQ+, pagar por sexo está mal visto. No está aceptado en ningún ámbito. Ni las mujeres lo dicen: nadie tiene una amiga que haya pagado por sexo. La mayor violencia que sufrimos es la ignorancia. Si a las trabajadoras sexuales las tienen en el último rinconcito, imagínate a los hombres. Se sabe muy poco de lo que hacemos nosotros”.

Desde hace casi 15 años lo que Francisco hace es trabajar en el mercado del sexo. Se prostituye y se define como escort porque atiende a mujeres, a varones, personas trans y parejas.

Empezó en departamentos privados, siguió a lo largo y ancho del país, y en las calles brasileñas de Curitiba, de Río de Janeiro y de San Pablo. Desde hace un tiempo, de nuevo en Argentina, visita a los clientes en sus domicilios.

“Me fui de Olavarría y vine a Buenos Aires a ver qué pasaba. Mi hermano me recibió en su casa pero me dio una semana para que hiciera algo con mi vida. Necesitaba generar dinero rápido. No me dejé de mover, tratando de conseguir para trabajar y vivir. Un día entré a una página de avisos gratis y vi un anuncio que decía `busco pelirrojo para pareja´. Mandé un mensaje, me contestaron y esa fue la primera vez que laburé. También fue mi primera vez con varones. Era una pareja de gays y me acuerdo que me pagaron 100 pesos”.

Cuando les contó de su situación, esos primeros clientes le costearon un cuarto en un hotel para que pudiera liberarse del ultimátum del hermano. Al tiempo llamó a un número que vio publicado en Clarín, se presentó en una entrevista y empezó a trabajar en un departamento privado en Uriburu y Santa Fe.

“No tenía noción de lo que hacía. Sí sabía que era eso o la calle. En el departamento había cinco o seis habitaciones y un baño. Éramos 12 personas trabajando: chicos, chicas, chicas trans. Diez vivíamos ahí y dos cumplían horarios. Los que vivíamos en el departamento teníamos que estar las 24 horas a disposición. Dormíamos cuando teníamos un ratito sin clientes. Era un lugar muy conocido, venía gente de muchos lados. Un día me hicieron tapar la cara para que no reconociera a quiénes entraban. En Uriburu trabajé durante un año y medio. Después me fui a otro departamento privado en Juramento y Cabildo, y a un tercero en Congreso. Cuando me di cuenta de que me explotaban empecé a viajar y a trabajar para mí. En los privados nos sacaban el 50% de los pases, más 10% de la página, más multas. Era como vivir en un limbo. Lo cierto es que el tiempo me dio experiencia y la experiencia, libertad”.

Tras recorrer el país, Francisco voló a Brasil, aprendió el idioma y ejerció el trabajo sexual en las calles. Dice que allá es más simple. Que mujeres, varones y personas trans paran en una plaza, de día y de noche, sin ocultarse, esperando gustarle a alguien para concretar la operación. Volvió por “asuntos familiares” y acá cuesta más.

“Siendo trabajador sexual no tengo la opción de alquilar porque te piden mil cosas. Quizás cuento con el dinero pero no con los papeles. Por eso siempre solemos viajar. Si le preguntas a cualquier trabajador sexual te va a contestar que le encantaría estar tranquilo en un lugar, poder dedicarse a lo suyo y listo. Ahora mismo pago 32 lucas por un cuarto, lo que sale un monoambiente. Y encima no puedo recibir a mis clientes. Me queda trabajar a domicilio”.

Tiempos de pandemia

Según el informe “Trabajo y Desarrollo Sostenible: impacto COVID y desafíos post pandemia” publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Argentina, las mujeres, los jóvenes, y las y los trabajadores informales sin educación media y de menores recursos fueron las poblaciones más afectadas por el Covid 19. Específicamente, el empleo informal se contrajo un 43,3% entre el segundo trimestre de 2019 y 2020.

Por su parte, la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) difundió otra investigación que detalla que el contexto de pandemia ─con sus consecuentes medidas de aislamiento y distanciamiento social obligatorio─ profundizó la histórica desprotección en términos de vivienda y salud del colectivo de trabajadoras y trabajadores sexuales, y sumó una crisis alimentaria por la imposibilidad de trabajar. Desde el sindicato, entonces, asistieron a más de 10.000 y formalizaron dos nuevas filiales.

Como tantos y tantas, Francisco no pudo escaparle a las estadísticas.

“Para los trabajadores sexuales fue desastrosa la pandemia. Incluso los que más tenían tuvieron que pedir ayuda. Y en AMMAR se portaron de diez. Nos dieron alimentos, viandas. Ellas podrían haber hecho la suya, pero entendieron que existen otras personas que ejercemos el trabajo sexual además de mujeres y nos reconocieron. Porque a nosotros nunca nos reconocieron nada. Así es que ese acto fue un montón y cuentan con nuestra lealtad para siempre”.

Por esas mismas épocas, Francisco evoca el rol de AMMAR en otro evento de difícil trance: el asesinato de su amigo Enzo, también trabajador sexual.

“A mi amigo Enzo me lo mataron en un hotel. Y en la pandemia mataron a otros dos trabajadores sexuales varones. A uno de ellos lo asesinó un chileno. Yo había atendido a ese chileno el día anterior. Se retobó, pero a mí no me pudo matar porque ya tengo mucha experiencia. Sin embargo, a las horas mató a un compañero. Nosotros pasamos por situaciones de mucha violencia, lo que pasa es que como somos hombres se da por sentado que somos fuertes. Y ¿a quién le vamos a reclamar? ¿Qué vamos a reclamar? Si no tenemos un derecho de nada. Ni siquiera derecho a decir lo que hacemos. Enzo, por ejemplo, no le había contado a la familia de qué laburaba y tuvimos que mentir. Recién se enteraron de que era trabajador sexual porque AMMAR se hizo cargo del traslado del cadáver”.

Vidas prestadas

Los discursos de AMMAR suelen invitar a pensar por qué se cree que únicamente quienes ofrecen servicios sexuales están atravesadas por necesidades económicas y vulneración de derechos, como si esa no fuese una realidad de otros trabajadores y trabajadoras también.

En la misma línea se posiciona Francisco: “Con un pase hago lo que una persona gana en medio mes. Al principio lo tomas por necesidad, hasta que se transforma en un círculo. Generás determinado estilo de vida y el pensamiento es: si puedo hacer esta plata en una hora ¿para qué voy a negrear un mes entero por lo mismo? Al final terminás eligiendo este laburo. Ojo, ahora ocurre que hay chicos que laburan de esto porque simplemente pueden ser. Generaciones más nuevas. Cuando yo empecé, en cambio, que te gustara un hombre era lo peor”.

-Es que al histórico estigma de la prostitución, se agrega la carga social de ser hombres que tienen sexo con hombres en una sociedad regulada por la heteronorma.

-La recepción de los demás es diferente si atendés mujeres o si atendés a mujeres, a hombres y parejas. Si sos hombre y estás con otros hombres, sos puto. Si atendés solo mujeres sos un ganador. Yo prefiero estar con mujeres, pero atiendo a todas las personas porque es mi laburo. A aquellos con la mente un poco cerradita les puede costar entender cómo puedo estar con hombres sin que me gusten. La verdad es que cuando laburo es como un programa que tengo. En mis vínculos personales por fuera del trabajo, en cambio, sí tiene que darse una conexión.

-¿Cómo se cuela el amor en la vida de un trabajador sexual? ¿Vale contar de qué manera se pagan las cuentas?

-Cuando conoces una persona existen dos caminos: o le mentís o le decís la verdad, sabiendo que lo más probable es que se aleje. Por mi experiencia personal prefiero mentir. La persona promedio no entiende cómo podemos estar con alguien sin amarla y sin involucrar sentimientos. He conocido gente que al principio te dice que está todo bien y después no se la banca. Lo más fácil para una persona que trabaja en el mercado del sexo es estar con otra persona que trabaja en lo mismo. Es el único camino que queda para tener una relación relativamente sana sin dejar de trabajar, porque nosotros somos conscientes de que el amor es mucho más profundo que el cuerpo. Incluso es complicado tener amistades, porque el sexo es tabú y en general la sociedad no acepta bien que uno haga con su cuerpo lo que quiere. U otros vínculos laborales. Yo, por ejemplo, invertí parte del dinero que hice en especializarme en actividades que me gustan y estoy intentando construir una carrera como personal trainer. Entreno gente pero nadie sabe que soy trabajador sexual. Se van a enterar con esta nota.

Francisco entrena todos los días. Se prepara fuerte y con ganas para participar de una competencia de fisicoculturismo en diciembre. El despertador suena a las seis de la mañana y a las siete ya está en el gimnasio. Practica una rutina de ejercicios y pasadas las 10 empieza a preparar a varios alumnos. Cuando terminan las clases regresa a su casa, se baña y queda listo para visitar clientes.

“Mi idea es ganar la competencia para poder dedicarme más a eso. A la vez me encantaría que reconozcan nuestros derechos como trabajadores y trabajadoras del sexo para lograr alquilar. Estaría bueno que finalmente quien elija esto no tenga que pasar por la presión social de dar explicaciones sobre lo que hace con su pito, con su cola o con su mente”.