Menonita que testimonió abusos en su colonia salió de Palmasola

La defensa apeló a la habitualidad y el testimonio de 20 vecinos de Franz Peters Wall para demostrar que es boliviano.

El menonita Franz Peters Wall recuperó su libertad. El viernes dejó su detención preventiva en la cárcel de Palmasola debido a que se demostró que es de nacionalidad boliviana, vive, trabaja y tiene familia en la colonia Valle Nuevo, ubicada en el municipio de Pailón, de Santa Cruz.

Su actual defensa recurrió a la figura de la “habitualidad” y al testimonio de al menos 20 de sus vecinos menonitas de Valle Nuevo que aseguraron conocerlo hace 47 años.

La jueza Yaneth Mojica Peña valoró estas nuevas pruebas y ordenó su libertad.

“Se hizo la fundamentación de la habitualidad, se presentó la declaración jurada de 20 testigos que dijeron que conocían a Franz Peters Wall hace más de 40 años. Reunidos todos esos requisitos, automáticamente se convalidó el domicilio, la familia y el trabajo de Franz. De esa forma la jueza volvió a valorar las situación y le devolvió la libertad en tiempo récord”, sostuvo la abogada Mariela Arce Ajuacho, quien tomó el caso después de que el menonita fuera detenido preventivamente el 15 de junio pasado.

Peters Wall dio su testimonio sobre violaciones de derechos en la colonia Valle Nuevo en el trabajo de investigación Radicales vs. Libres, la lucha de los menonitas bolivianos por sus derechos, que Página Siete publicó el 29 de mayo.

Después de sus declaraciones, fue acusado de tráfico de tierras por el supuesto alquiler de las mejoras en los predios que ocupa en Valle Nuevo. La denuncia la realizó Erico Suárez, apoderado legal del jefe colonia Valle Nuevo, Cornelius Friessen.

Peters Wall fue detenido preventivamente porque no contaba con los documentos que demostraban su nacionalidad boliviana. Nació en México, pero vive en Bolivia desde los 11 años. Se casó y tuvo hijos en el país, lo que le dio automáticamente la nacionalidad, pero él nunca la formalizó con documentos debido a las prohibiciones de los jefes de la colonia.

La Ley de Migración de Bolivia establece que se puede obtener la ciudadanía boliviana por matrimonio, hijos o una residencia ininterrumpida de tres años en el país.

“Franz es mexicano porque no tiene la documentación que respalda la nacionalidad boliviana que obtuvo a los tres años de su residencia ininterrumpida en Bolivia. En la colonia nunca le dijeron que era necesario formalizar su nacionalización, que necesitaba hacer los trámites, como sí lo hizo su denunciante Cornelius Friessen, jefe de la colonia”, señala la abogada Mariela Arce.

La jurista remarca que Peters Wall fue detenido preventivamente en Palmasola porque no se pudo demostrar que era boliviano, no por la acusación de tráfico de tierras.

“En la audiencia cautelar se vio esa situación más que el supuesto contrato. Pero ahora se comprobó que tiene domicilio conocido, puede ser habido en cualquier momento en su casa, por lo cual no es un peligro para la víctima, ya que los mismos vivientes de Valle Nuevo (la víctima) dicen que es su vecino. Y ahora hará los trámites necesarios para tener su nacionalización, como corresponde”, señaló.

La habitualidad es una figura adecuada para demostrar la residencia de personas que viven en el campo, como es el caso de Franz Peters Wall. Para salir de la cárcel, el menonita recibió dos medidas sustitutivas: el arraigo y respaldo de dos “garantes solventes”, mientras continúan la etapa de investigación, cuyo plazo vence en 15 días.

En el trabajo de investigación Radicales vs. Libres, la lucha de los menonitas bolivianos por sus derechos, Franz Peters Wall, Peter Knelsen, Einrich Martens, Abran Banman, Peter Schmitt y Heinrich Friesen contaron cómo, después de ser excomunicados de la colonia Valle Nuevo, les hicieron quebrar sus negocios, dejaron sin trabajo, iniciaron procesos de divorcios e incluso los demandaron por construir una escuela para sus hijos, que se quedaron sin educación.

La excomunicación implica la marginación social, económica y religiosa de la colonia menonita, cuando se incumplen las reglas y prohibiciones impuestas por los obispos y jefes, como no salir de la colonia sin permiso, leer la Biblia fuera del templo y también comentarla.
Además de no usar teléfono celular, energía eléctrica o un vehículo con llantas de goma y otros adelantos del mundo moderno.

En la investigación también se cuenta con testimonios de menonitas de Nueva Esperanza, Cupesí y Swift Curet que huyeron de sus colonias cansados de vivir con la presión de que “todo es pecado” y se declararon libres.

Fuente: paginasiete.bo