Renzo Abruzzese: “Los nuevos movimientos sociales responden a la categoría de lo ciudadano-democrático”

En un nuevo episodio del espacio digital “De Frente con Oscar Ortiz”, Renzo Abruzzese compartió las ideas principales de su libro “Los nuevos movimientos sociales y el poder ciudadano en Bolivia”, una importante reflexión sobre la crisis de la representación social y los desafíos de la democracia en el siglo XXI.



Fuente: Publico.bo

Abruzzese es un conocido analista de la realidad nacional, sociólogo, catedrático de varias universidades y autor de numerosos libros.

“Es una reflexión con visos de propuesta política. Analizo los movimientos sociales a partir de una pregunta muy simple: cómo fue posible que la ciudadanía en el 2019 pudiera derrocar un régimen que pretendía gobernar 500 años. Empecé a investigar y todo encajaba en la teoría sociológica de los nuevos movimientos sociales. Hay un estudio mundial hecho por la Universidad de Columbia y la Fundación Friedrich Ebert, sobre casi 1.000 protestas en todo el planeta. Llegaron a la conclusión de que en este siglo la gente protesta más, por una combinación de factores provenientes de la globalización, con patrones culturales propios, lo que llaman glocal”, señaló.

El analista dijo que, de acuerdo al estudio, “la gente demanda mejor democracia, independientemente de una alineación de clases. No se afilian a ideologías, a los grandes discursos del siglo XX, sino que los ciudadanos están afincados en percepciones cotidianas. Terminan descreyendo de las instituciones políticas, incluso de los partidos, y buscan nuevas formas de organización. En la sociedad del siglo XXI, el desarrollo del capitalismo ha alcanzado sus límites superiores y los mecanismos de representación no cubren ya las demandas identitarias. Las grandes movilizaciones sociales son de naturaleza identitaria”.

“Lo que está en debate son los mecanismos de representación y participación, que estaban limitados por concepciones de clase e ideológicas. Ahora, las amas de casas son una identidad, como los LGBT, los fabriles, los policías o los estudiantes. El sistema empezó a cerrarse y a crear obstáculos en el acceso a la representación y la participación. La lucha de clases pierde sentido y hay una lucha de las identidades, por recomponer un campo político en el que puedan estar representadas en el Estado. Esto derivó en que emergieran nuevos actores desde una perspectiva ciudadana”, remarcó.

Abruzzese indicó que la tradición política de Bolivia se tradujo en dos grandes vertientes: “el nacionalismo y el socialismo, donde el nacionalismo gana la batalla. En el libro analizo el ciclo de la revolución del 52, que tiene dentro varios semiciclos de dictadura y democracia. El MAS cierra el ciclo del 52, concluye lo que había dejado pendiente el MNR: la inclusión real y no meramente formal. El MAS nunca propuso al país una nueva forma de sociedad. Cerrado ese ciclo, el interlocutor válido ya no cabe en lo nacional-popular, la categoría de Zavaleta, que ya no ayuda a comprender el siglo XXI. Ahora, la categoría es lo ciudadano-democrático”.

“Los sectores populares no desaparecen, pero la clase media creció mucho con la migración interna, fenómenos de urbanización, el desarrollo de medios de comunicación y el uso de medios digitales, que implican una circulación de ideas y del conocimiento mucho más veloz. Estas grandes transformaciones crean el perfil de un nuevo interlocutor, que es el ciudadano”, precisó.

El sociólogo dijo que en Bolivia “vivimos un momento de transición, entre el término de un ciclo histórico y la urgente necesidad de encontrar una salida, de reconstituir actores, organizaciones e ideologías nuevas. Los nuevos actores ya no pueden adscribirse a la burguesía o al proletariado. En una rotonda eso no interesaba, sino las demandas ciudadanas”.

“Hay que asimilar un nuevo tipo de sociedad. Se trata de reproducir la cotidianeidad en la política y hay sociedades que lo están logrando. Esto no puede ser al margen de la democracia. Las sociedades han dejado de ser estancos de clase y son identidades múltiples, y la forma de coordinar la diversidad es en el ámbito de la democracia”, subrayó.

Sobre la reciente victoria del Rechazo en el plebiscito constitucional chileno, Abruzzese recordó que, según Marx, “las hipótesis se prueban en la historia. Y la hipótesis de la plurinacionalidad aplicable a cualquier sociedad no es factible. La dinámica económica y social de Chile es muy superior a la perspectiva que puede llevar un asesor como García Linera, que no ha terminado de desprenderse del discurso de la izquierda clásica. En Chile también hay una búsqueda del derrotero histórico del ciudadano. En las regiones de mayor densidad indígena perdió el proyecto de nueva Constitución, porque esos indígenas son primero que nada ciudadanos”.

En las conclusiones, Oscar Ortiz señaló que “la democracia en esta tercera década del siglo XXI enfrenta muchos desafíos. Hay una crisis de la representación política que lleva a un malestar. Desde la ciudadanía se deben reconstituir mecanismos de representación para limitar los abusos de poder, garantizando la alternancia y el Estado de Derecho”.