Exportar significa crecimiento, empleos y estabilidad

 

Meses atrás, el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) lanzó varios pronósticos con relación al comercio exterior del país, afirmando que el 2022 traería consigo récords de exportación e importación; un segundo superávit comercial, luego de seis gestiones deficitarias; las Exportaciones No Tradicionales (ENT) registrarían su máximo nivel en la historia y un mayor aporte a las ventas externas del país; el sector agroalimentario consagraría su mejor performance histórico, entre otras buenas noticias.



Todo iba bien -o así parecía- hasta que el país entró en conflicto a partir del 22 de octubre por causa del Censo Nacional de Población y Vivienda que debía realizarse el 16 de noviembre de 2022, pero que lamentablemente, no se dio. Mucha agua ha pasado bajo el puente desde entonces -un cerco en contra de Santa Cruz; muertos, heridos y un severo impacto sobre la economía- hasta que, luego de 36 días, el paro en la región Oriental del país fue levantado.

En medio del indicado conflicto, el 8 de noviembre de 2022, el Primer Mandatario, en dos horas y media de discurso, rindió informe al país sobre lo hecho en dos años de gestión. Dos datos llamaron mi atención, uno bueno y otro, no tan bueno. El Presidente dijo que las exportaciones hasta septiembre habían sumado 10.600 millones de dólares -esa fue la noticia positiva- por cierto, un récord (no “el mayor valor en 30 años”, como dijera, más bien, el mayor valor a septiembre de toda la historia republicana y plurinacional).

La noticia de sabor agridulce fue saber que el superávit comercial hasta septiembre bajó a 960 millones de dólares… A no dudarlo, siempre será bueno lograr un excedente en el intercambio con el mundo, pero, lo preocupante es que el superávit cayera comparado a igual lapso del 2021 (cuando bordeaba los 1.500 millones de dólares), pero también, comparativamente al logrado hasta agosto (casi 1.200 millones). ¿Por qué se dio tal situación? Veamos…

Gracias a la alta dinámica económica durante el auge mundial entre 2004 y 2014, que llevó al país a disminuir la pobreza y a ensanchar su clase media, Bolivia se convirtió en un gran país importador, siendo hoy dependiente del abastecimiento externo de productos que tienen que ver con su desarrollo, como los bienes de capital, combustibles y equipos de transporte, por ejemplo, que resultan necesarios para producir bienes y servicios para el mercado interno y la exportación. El problema no es importar, sino, su financiamiento.

Volviendo a la preocupación ya comentada, la importación en el país se disparó desde agosto a la par que la exportación bajó su dinamismo, provocando déficits en agosto y septiembre. El resultado es que, entre enero y septiembre el valor de las ventas externas del país creció 33% mientras la importación subió 48%. De persistir tal situación, el superávit seguirá cayendo, algo que no es bueno en función de la estabilidad macroeconómica, el tipo de cambio y la inflación.

Siendo Bolivia fuertemente dependiente del abastecimiento externo para apuntalar su desarrollo futuro, hoy más que nunca precisa incentivar las exportaciones, especialmente las de rápida reacción y generación de empleo, como los productos no tradicionales, a fin de traer al país las divisas que hoy más que nunca precisamos para financiar los miles de bienes que importamos.

Es sabido que los sectores agropecuario/agroindustrial y forestal/maderero, con adecuadas políticas, podrían resolver fácilmente esta situación a corto y mediano plazo, siempre y cuando se les dé las condiciones necesarias para ello: seguridad jurídica para la producción; seguridad de mercado para la exportación de excedentes; y, políticas públicas para mejorar su productividad y competitividad, con estas tres acciones muchos Departamentos podrían generar rápidamente altos niveles de exportación para beneficio de Bolivia.

Es de esperar que el impacto entre octubre y noviembre sobre las exportaciones no haya sido de una magnitud tal que impida recuperar el terreno perdido en lo que resta del año, y así lograr los récords esperados. En todo caso, el sector productivo-exportador ha cumplido con estos hitos hasta septiembre: las ENT superaron todos sus registros históricos; la soya y derivados, la carne de res y la castaña, han logrado niveles nunca vistos, no solo en valor, también en volumen, lo cual es un gran mérito.

Lo que debe quedar claro es que el tipo de cambio y la estabilidad económica del país, tendrán que ver -cada vez más- con que Bolivia exporte mucho más…

 

Gary Antonio Rodríguez Álvarez 

Economista y Magíster en Comercio Internacional