Cultura y discurso populista cocalero

El arte de impresionar la imaginación de las masas, nos ayuda a gobernar”. Pukymon.

Nos decía Sócrates: “Solo sé, que no sé nada”. Burru uma. Tonto.
Nos la charla el Evo: “Nos dicen que somos ignorantes, es una ofensa, desde el momento que he sido dirigente no he recibido asesoramiento, no necesito”. k’anchaq uma. Astuto.



Todos los caudillos populistas y dictatoriales tienen su propia percepción del mundo y de su destino manifiesto, y ellos como líderes absolutos lo siguen y cumplen, y esto será así mientras el pueblo adocenado y blandengue se lo permita.
Los populistas cocaleros ya como dueños del poder totalitario en Bolivia, perciben el mundo en forma de grandes símbolos: El pueblo, el instrumento político, la historia, la riqueza, el vivir bien, la pachamama, la aqha y la “mama coca”. Estos arquetipos configuran y señalan su destino manifiesto e ineludible.

Predica Evo con el Salmo 13.13 del Libro de la Hoja Sagrada: “La hoja de coca tiene el mismo valor para nosotros que la hostia para los católicos. Es nuestra relación con la Pachamama”.

Como políticos, los masistas son “astutos” y expertos en el doble discurso, en desfigurar y distorsionar los hechos, cambiarles el sentido y permanentemente están creando historias, cuentos y relatos de acuerdo a sus intereses circunstanciales, con los que engañan al pueblo, al país y pretenden engañar al mundo.
Ellos manejan el lenguaje del Qananchiri, el alfalinerico, que expone ideas contradictorias en forma simultánea y ambas se asumen como verdaderas.

Los líderes populistas, en su ámbito de poder y dominio, se creen autorizados y legitimados para hacer todo lo que les venga en gana y tomar todo lo que desean en nombre de su destino y utopía cocalera, que lo que menos esconde es su afán de poder ilimitado.

Las leyes y las reglas las aplican de acuerdo con su agenda política e ideológica y cuando estas no son útiles a sus objetivos, las cambian o eliminan y para esto tienen a su disposición sus instrumentos parlamentarios, jueces, fiscales, policías y las arcas del Estado, cada vez más flacas y endeudadas.

Sus seguidores llegan a creer que mientras se mantengan fieles y unidos con el Gran Jefe, quien es el que construye esos símbolos de poder, de riqueza y de felicidad; estos mismos privilegios se concretarán para ellos. En consecuencia, los interculturales y ll´unkus se acomodan y hacen suyos estos símbolos, los proclaman, se comprometen con ellos y con este apoyo y consenso, los Jefazos cocaleros, pasan de gestionar la realidad de tal como es, a estar convencidos que son ellos quienes crean la realidad. Fiat lux et fit. Coca y dólares fit.

Quienes han quedado fuera del círculo mágico del poder o han sido rechazados, son los q´aras opositores a los que hay que disciplinar y neutralizar. Estos son una molestia, un estorbo y son prescindibles, eliminables. La felicidad se construye sin ellos y contra ellos.
Con esto se genera una división y enfrentamiento entre la población del país, para lo cual el Gobierno masista le añade como condimento un componente racial. Esto en tiempos de cultura democrática y concepto de ciudadanía esto no condice, pero así nomás había sido en tiempos populistas cocaleros.

Últimamente, el mapa de América se ha venido tiñendo de rojo, con líneas blancas. Quizá la magia y el color lo ponen los comunistas y las líneas blancas con seguridad la mama coca. Son líneas que enloquecen y conquistan las narices de gran parte de la población y enriquecen a los interculturales narcotraficantes.

Este comportamiento dictatorial y demagógico de los populistas es conocido por todos y también los nefastos resultados de su gestión de gobierno populista. Un modelo que en todos los países donde se aplicó condujo al pueblo a la miseria y la exclusión.

Pero hay algo mágico en su discurso que hace que el pueblo los prefiera y los elija para ser sus dirigentes y amos. ¿Cuál es el secreto?, será ¡Kawsachun coca!, o existirá algo más poderoso. Pukymon apuesta por la estupidez humana.

Fuente: ovidioroca.wordpress.com