Una revuelta cocalera, étnica y populista

Ovidio Roca – eju.tv

Cuando fracasa el comunismo y se derrumba la URSS, los comunistas latinoamericanos quedan sin pega y sin jefes, por lo que crean el Foro de San Pablo e inventan el Socialismo del Siglo XXI.

Luego se creó el Grupo de Puebla, la misma chola con otra pollera, un movimiento que lo llamaron “Progresivo” y entre sus miembros se destacaban:
Los latinoamericanos, Lula da Silva y Dilma Rousseff (Brasil), Fernando Lugo (Paraguay), Ernesto Samper (Colombia), Leonel Fernández (República Dominicana) y como voz iberoamericana, José Luis Rodríguez Zapatero (España).
Además, aparecen los dirigentes Carlos y Marco Enríquez Ominami por Chile, junto al ex Secretario de la OEA José Miguel Insulza; Yeidckol Polevsky, representante de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México; y Daniel Martínez, candidato a presidente del Frente Amplio de Uruguay.



El Foro de San Pablo creo el indigenismo, como el nuevo fetiche revolucionario que usaría la izquierda latinoamericana para atacar la propiedad privada, la democracia y la libertad de mercado, fundamentos mismos del progreso y la convivencia civilizada.

A principios del año 2006 y apoyados por el Foro de San Pablo, en Bolivia se crea el MAS, el cual utilizando el bloqueo y un discurso étnico y cocalero, toma el control de la República.

Con frecuencia lo menciona Evo: “Nuestra revolución es étnica”, esto indica que su proyecto de país no incluye a todos los ciudadanos bolivianos, sino a las nacionalidades aimara y quechua como detentoras del poder.

Bolivia es el segundo productor de coca en América y Evo Morales un dirigente cocalero de origen aimara que tiene bajo su mando una gran parte de la población boliviana y lo hace usando el discurso del indigenismo y la economía de la coca.

Actualmente los masistas, en el poder desde hace casi dos décadas, para mantener temerosa y sumisa al resto de la población, además de la persecución y la cárcel, expolian cada día al pueblo que trabaja en emprendimientos formales, atosigándolos con impuestos, regulaciones, cupos y controles de precios.
Por su parte los militantes masistas tienen libertad de negociar con coca y contrabando y sin temer a los impuestos ni regulaciones. Así es como “no funciona un país” que pretende un desarrollo democrático y sostenible.

Los ciudadanos olvidamos que una democracia estable necesita de una cultura de libertad de expresión y de asociación, del imperio de la ley, de las elecciones libres y periódicas, de la alternabilidad de los cargos y por supuesto de la aceptación de la vigencia de los derechos de los ciudadanos, incluyendo los de la oposición. Cuando nos olvidamos de esto cosechamos los males y la población desesperada huye de las tragedias del populismo y se dirige a cualquier país capitalista del planeta donde lamentablemente, cuando eres yesca eres paria.

Un Sistema Liberal, donde cada persona decide libremente su forma de vida y su destino en un marco de convivencia armónica, pacífica, respetuosa; en la que libremente cada uno decide su rumbo, generando, produciendo y proveyendo riqueza (bienes, servicios, ciencia, arte, afectos, etc.) en libre cooperación productiva y en libre intercambio de los frutos de su producción.

Estamos hablando de liberalismo democrático, un sistema que se caracteriza por su flexibilidad, respeto a las libertades individuales, la libre asociación productiva y creativa, respeto a la propiedad de lo producido por cada uno y el libre intercambio de sus productos.

En política, la propuesta y el discurso son importantes y cuando un líder democrático sabe de lo que habla y lo expresa con claridad la gente sensata lo escucha, y cuando éste muestra un auténtico dominio y experiencia estarán aún más dispuestas a oírlo y a formarse una opinión basándose en estas ideas.
En consecuencia el fracaso de un movimiento hacia la libertad tiene que ver con la ineptitud de los dirigentes para guiar a las multitudes, los que sin saberlo ayudan a sus enemigos.