Relatos Medievales: La Incorrección Política

 

El mundo no sería el mismo de no existir paradojas tales como: mientras más “derechos” te otorgan los “legisladores”, más limitadas se encuentran tus espurias libertades. La esclavitud del hombre moderno está condicionada por los discursos gregarios del poder que se han “generalizado” por todo el mundo. Los discursos buenistas de “solidaridad”, “bien común”, “justicia social”, “igualdad”, entre otros, vienen produciendo una aplastante derrota contra los valores humanos de “respeto”, “tolerancia”, “integridad”, “responsabilidad”, entre muchos otros que hacen a la conducta intrínseca e individual del ser humano.



La impostura de los esclavos modernos que actúan en consonancia a lo “políticamente correcto”, se convierte en el monstruo de tres cabezas que amenaza al libre pensamiento, el disenso, al desacuerdo, el “derecho” a negarse a hacer aquello con lo que no se está de acuerdo. Hoy en día el temor a la crítica, la condena o la represión encarnada en la figura del Estado, limita la libertad de manifestar abiertamente el criterio personal. Resumiendo, la coacción que se impone por la fuerza, coarta la libertad de pensar, de sentir, de hablar, de actuar y obliga a mirar el mundo con prismas colectivistas, extirpando la esencia natural del individualismo con el que cada persona nace, buscando convertirlos en seres gregarios que sólo viven para la reina y para la colmena.

La primera cabeza del monstruo tricéfalo es el de la censura, bajo el rótulo de opinión pública. Provista de fauces poderosas, dientes afilados y lengua venenosa, ha sido diseñada para descabezar al disidente con un furibundo golpe mediático perfectamente montado y que se manifiesta en un entramado dialéctico de sofismas, dogmas y mentiras con las que se dan a la tarea de satanizar el lenguaje, palabras y expresiones a su conveniencia. Hablar de forma correcta y con verdad, apartado de lo que es considerado “políticamente correcto” está prohibido, sin que esté oficialmente prohibido, únicamente por la impostura del que se arroga la función de juez y parte.

La segunda cabeza es la condena moral. Esta dispara rayos de intolerancia, odio, hipocresía, resentimientos con epítetos inconexos que emergen visceralmente y se contagian atacando aquellas mentes frágiles, que sufren ceguera y desilusión, síntomas que los llevará a atacar, denigrar y condenar a todo aquel que obra de forma políticamente incorrecta y obligándolo a vivir apesadumbrado en las ardientes brasas del infierno. Esta cabeza se alimenta gracias a la práctica del “buenismo social”, una práctica que no es para nada buena cuando se trata de atacar al “hombre libre”, aquel que actúa al margen de los postulados “políticamente correctos”.

La cabeza del poder, la más grande entre las tres, lleva en medio un tercer ojo o “ajna”, con el cual tiene acceso a la información de cada individuo. Esta cabeza mantiene con  recursos públicos sus poderes, gracias a los cuales regula y limita el ejercicio de la libertad y es dueño de la verdad, al menos de una, la suya. Busca a todo precio conservar el poder omnipotente arrancado de los esclavos sin voluntad el voto. Esta cabeza manipula en base a eufemismos, controla, miente, extermina cualquier atisbo de pensamiento divergente que amenace la destrucción sistemática del lenguaje y al constructo del discurso “políticamente correcto”.

En la tragicomedia del relato medieval, la caza de brujas es lo más normal, las restricciones a la libertad son cada vez más evidentes y los monstruos que destruyen la tranquilidad y pacífica convivencia de una sociedad carente de sentido común e incapaz de entender el peligro que la amenaza, es práctica cotidiana. Las paradojas transforman la realidad en simple ficción, para terminar, desvirtuando la calidad de buena persona, para convertirlos en seres abominables, que traicionan, engañan, mienten, volviéndose desleales. La tragicomedia enseña que la verdad resulta ser una vil mentira y la mentira resulta una absoluta verdad, las tautologías con sus matices son el cálculo de interés de alguien que seguramente será coronado rey.

Hablar en contra de los dogmas de lo “políticamente correcto”, es políticamente incorrecto y por lo tanto merecedora de una condena social, una condena moral, una condena legal, una condena pública. Acaso valga la pena recordar cómo en otros tiempos el poder instauraba tribunales inquisidores para hacer cumplir su voluntad, los mismos que con un rigor absolutista iniciaban persecuciones violentas imponiendo su forma de pensar, dogmas, creencias y en su orgía de terror, borraba a quienes se atreviesen a caminar en sentido contrario.

Para la paradoja de planeta es “políticamente incorrecto” hablar sobre lo “políticamente correcto”, precisamente por ello es menester recoger y recopilar los sofismas que construye de forma planificada el poder absolutista en su afán de destruir. Los hombres libres no deben dejarse convencer por los “buenistas” de la sociedad. No debe perderse de vista la espiral en la que gira la impostura colectivista, aquella que envidia y odia a quienes tienen el desparpajo de concebirse como hombres libres, obrar y actuar de acuerdo a su conciencia

La moda impuesta por quienes estimulan el regreso a la tribu debe acabar, no debe permitirse que los esclavos modernos soslayen el problema que provoca la tiranía de la palabra. El problema existe y es real, por más que insistan en desvirtuarlo. Actuar a la vera de lo que está impuesto arbitrariamente, pensar en libertad de acuerdo a los principios y valores individuales, podría resultar útil a la hora de plantearse seriamente el análisis de éste y otros temas.

En el relato medieval, la herejía es duramente castigada, afortunadamente ese tiempo de denigrar, perseguir, encarcelar, quemar o destruir son para la pluma del autor únicamente una historia de ficción, aunque para el censor, termine pareciendo exactamente todo lo contrario. No hay nada nuevo bajo el sol.

Por: Carlos Manuel Ledezma Valdez

ESCRITOR, PENSADOR & DIVULGADOR HISTÓRICO

Fuente: eju.tv