El exdefensor de The Strongest, Oriente Petrolero y Bolívar habló de su vida entre Argentina y Bolivia, los años más duros del fútbol, la selección boliviana y su etapa como director técnico.
Fuente: diez.bo
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Ricardo Fontana es una figura emblemática del fútbol boliviano. Defensor histórico, referente de carácter fuerte y liderazgo dentro de la cancha. Marcó una época con la camiseta de The Strongest, tuvo pasos por Oriente Petrolero y Bolívar, además de ser parte de la selección boliviana en la Copa América de Brasil 1989 y las Eliminatorias para el Mundial de Italia ‘90.
A sus 75 años, el ‘Tano’ visitó los estudios de EL DEBER para un extenso mano a mano con Erik Arauco en el podcast ‘Exijo una explicación’. Fontana habló de todo: su llegada a Bolivia, los años más duros del fútbol, la diferencia con la actualidad, las injusticias contractuales, la selección, su etapa como técnico, su familia, su hijo como representante y el reconocimiento de la gente que lo vio pasear su fútbol en el Tigre y en la Verde.
¿Cómo se siente viviendo entre Argentina y Bolivia?
La verdad es que se me está haciendo difícil. Yo vivo en Córdoba, en Argentina, pero ya no soy de Córdoba. Mi familia es de allá, mi mujer y dos de mis hijas, cuando voy me siento un extraño. En Argentina es distinto, hay parques donde voy a jugar al fútbol y todo se vive de otra manera. Terminás de jugar y te vas a tu casa. En cambio acá vas a jugar a donde sea y, como dicen, está el tercer tiempo: tomás unas cervecitas y te vas tranquilo a tu casa.
A mí me gusta jugar. En estos momentos me está doliendo la pierna, me empezó a doler bastante, entonces ya no voy tan seguido, porque el dolor se siente.
Lo veo muy bien, profe. ¿Cómo hace para mantenerse en buena forma física?
Me cuido mucho. No soy de salir de noche, siempre llevé una vida tranquila. No bebo; no como mucho, tomo un par de cervezas cuando juego algún partido. Soy sano. Gracias a Dios, nunca tuve problemas de salud.
En toda mi carrera solo me lesioné una vez y jugué alrededor de 22 o 23 años al fútbol. En ese aspecto, tuve suerte: en salud me fue diez puntos.
¿Dónde comenzó a jugar y dónde se formó?
A los 17 años fui a probarme a la cuarta división de San Lorenzo. Mi hermano me consiguió la prueba; él también era muy bueno, pero tenía problemas en las rodillas, así que me dijo que fuera yo. Había cerca de cien chicos probándose. Te hacían jugar diez minutos, te sacaban y entraban otros. Cuando me sacaron, el técnico me dijo que volviera.
Más adelante pasé a tercera, pero era muy complicado: había más de treinta jugadores. En esa época casi nadie se iba al extranjero; los futbolistas se quedaban diez años en el mismo club, así que hacerse un lugar era difícil.
¿Cómo aparece la posibilidad de venir a Bolivia?
De un día para otro, el técnico me dijo que había dos personas afuera que venían de Bolivia y querían hablar conmigo. Yo no sabía nada del fútbol boliviano, solo dónde quedaba el país.
Vine y no era lo que me habían prometido. No ganábamos nada. Pagaban muy poco y al principio me costó acostumbrarme a la comida. Era todo muy complicado, pero yo tenía 19 años.
Después, cuando pasé a Litoral FC, tampoco mejoró mucho lo económico ni la situación en general. En 1971 no jugué porque tuve que hacer el servicio militar, pero ya pertenecía a Litoral; jugué en 1972 y 1973. Igual, me estafaron un poco con el pase. Yo era joven y no sabía mucho.
Me hicieron firmar definitivamente por solo dos pesos; yo pensaba que estaba firmando por un año. En ese momento me dieron 700 dólares por mi pase y, a los dos años lo vendieron por 10.000 dólares. Cuando iba a reclamar algo, te decían cosas como: ‘Mirá, gaucho de tal, no molestes que te metemos en la frontera’.
¿Después llega a The Strongest?
En The Strongest estuve más de 15 años en total, desde 1974 hasta 1982. Ahí me quebré el tobillo, la única lesión que me dejó fuera por un tiempo.
Tres días antes de jugar la Copa Libertadores contra River y Boca. Casi me muero; estaba esperando esa Libertadores para enfrentar a equipos argentinos. Ese año empezaban a televisar los partidos, y justo tres días antes me caí. En The Strongest también… no va a creer que los dirigentes eran una maravilla, pero me dejaron medio abandonado. Yo tenía dos hijos chiquitos.
Después jugué en Oriente Petrolero en 1983; perdimos la final con Bolívar. Me fui a Argentina y, a los pocos días, me llamó Bolívar. Mucha gente de The Strongest nunca me perdonó, pero el pase no era mío. En Bolívar me trataron súper bien.
Había tres o cuatro personas en The Strongest, de lo peor, yo con eso no quería volver más. Cuando terminó el año y se fue esa gente volví. Ya con 40 años en el Tigre no quería seguir jugando porque todo era problema.
¿Cuándo se retiró del fútbol y cómo fue ese proceso?
Al poco tiempo, como al año, un compañero mío en Chaco Petrolero estaba en una situación difícil. No podía manejarlo solo y me pidió ayuda. Yo ya había dejado de jugar, pero me insistió: ‘Por favor, estamos mal’.
Bueno, terminé entrando al equipo y al final no estaba tan mal. Al año siguiente volvieron a convocarme a Chaco Petrolero, pero ya estaba comenzando la huelga de jugadores de la agremiación de esa época. En 1993, se paró el campeonato. Yo ya tenía 43 años y ahí cerré mi carrera, definitivamente en Chaco Petrolero.
Tras su retiro, comenzó una carrera como director técnico. ¿Cómo evalúa esa etapa?
¿Viste cómo es esto de la dirección técnica? A veces te va bien en un club, en otro no tanto. Todo depende también de los jugadores que tengas. Al final, podés ser el mejor técnico del mundo, pero si los jugadores no rinden, no sirve. O podés ser un técnico regular, tener un buen equipo y salir campeón. Estuve relativamente bien en Tarija, en Potosí no tanto, y en Sucre bien. Tuve la suerte de ascender con Aurora, que hacía 14 años no lograba subir de categoría.
También ascendí con Guabirá en 2007. Así que tengo dos ascensos en mi carrera. Después, con Guabirá y Strongest, ya corté un poco.

