Álvaro Riveros Tejada
Durante veinte años de nuestra vida republicana, que no son una minucia, pues para muchos esos 20 años son una vida entera, sino media vida, hemos pasado por dos gobiernos castrochavistas, populistas de izquierda, satrapías que pasaron por nuestra historia como una pesadilla y sin oposición alguna, lo que les permitió hacer, deshacer, poner y descomponer lo que les vino en gana, como el derroche de nuestros recursos. Lo peor, con nuestra abúlica y cobarde complacencia.
Quedábamos absortos viendo a los delincuentes con el puño en alto y la mano en el pecho desafiando a la justicia y a los bolivianos de valía, empero fue una rabia muda, próxima a la indulgencia y a la estupidez. Inútilmente, creímos que algún partido de oposición o sector social se contrapusiese a ese estado de cosas, algo que jamás sucedió y, por el contrario, fueron condescendientes porque fueron cómplices en todo. Nos indignamos, sin embargo, nada se hizo.
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Asistimos a los crímenes más horrendos de nuestra historia republicana, como El Porvenir, hotel Las Américas, cerco a Santa Cruz, Panduro, Challapata, El Alto, La Calancha, Caranavi, etc. y, por si fuera poco, caímos en una total complacencia con el narcotráfico, cuyas secuelas se vienen esclareciendo recién en estos días de gobierno. Nos entristecimos, pero nuestra apatía fue mayor.
Luego sufrimos actos de latrocinio, como el del Fondo de Desarrollo Indígena, por más de 600 millones de dólares; contratos sin licitación pública por exigencia de los chinos, por 600 millones de dólares; asalto a YPFB, por cienes de millones de dólares; estafa con el satélite Tupac Katari por 350 millones de dólares; compra, sin licitación pública, de un avión presidencial usado, por 40 millones de dólares y así por delante, hasta lograr la escalofriante suma de miles de millones dólares. Sí, estimado lector, Ud. Leyó bien, miles de millones de dólares, timados a las arcas públicas, durante toda esa desastrosa gestión.
Vimos al tirano recibir títulos de “doctor honoris causa” por varios centros de estudio universitario, tanto nacionales como del exterior, que se rendían ante su plata mal habida, sin entender por qué ese individuo que se jactaba de ser analfabeto y estigmatizaba a las universidades, era digno de tales honores. Así mismo, vimos a este sátrapa y a su séquito expedirse en sus evadas idiotas, en un lenguaje miserable y procaz, pero solo nos divertimos con ello.
Honor y gratitud a nuestros jóvenes “pititas” que, junto a los médicos y los policías patriotas, hartos de ese estado de cosas, en sólo 21 días nos despertaron y nos animaron a rebelarnos contra ese statu quo que nos hacía sufrir y estaba a punto de destruir nuestra nación y nuestras más caras esperanzas.
Nos encontramos a escasos ciento cincuenta días del nuevo gobierno que ansiamos, logrará devolver a Bolivia el orden, la paz, la democracia y la idoneidad de sus hijos, esos valores necesarios para construir una sociedad más justa y equilibrada, lejos de aquellos embusteros que la lastimaron y hoy pretenden volver, pero no devolver. Hoy tenemos la gran oportunidad de subsanar errores, eligiendo el camino correcto que nos lleve a buen puerto, como el caso del Perú, un país que crece de noche mientras los políticos duermen y, después de haber asistido a la ruina social, moral, económica y cultural de nuestra patria y no haber reaccionado, sepamos lidiar con nuevo ímpetu y valor, con el peso de la Cobardía.
