¡Se acaban las elecciones!


Mañana domingo 19, al final de la jornada todo lo que se podía elegir en estas prolongadas elecciones, elegido estará. ¡Y vaya que hemos estado dándole la vuelta a la perinola con estas elecciones! Empezamos allá por noviembre de 2024 con una treintena de precandidatos presidenciales (opositores más, opositores más o menos) con miras a las generales (nacionales) de agosto del siguiente año que venía. Que si UNIDAD o NO-Unidad, que si encuestas, que si sondeos, que si proclamas, que si adhesiones; que si este sí, que si este no, hablando de hablados aliados y adherentes y de vetos que terminaron en autovetos; que si el Yo, que si el Ello, que si el Super Yo… —perdóneme: hasta Freud pasó por acá seguramente. Y, al final, ni en agosto ni en octubre ganó alguno de los Übermenschen —dale con la lata nietzscheana— con expertise en candidaturas (y hasta hubo —y quedan por ahí— varios Mikromen).

En octubre quedamos con presidente, vice (no bis) —ya los asambleístas nacionales venían de julio— y, al menos en avance (pero pausado), un nuevo Proceso de Cambio porque el anterior marxistoide finiquitó desde antes. ¡Y vaya que han sido meses complicados!: Un segundo que apostó a primero pero se queda de segundón; una bancada oficialista que que, queno; medidas para adelante y medidas (algunas) para recule; un Gobierno que pareció cual un coro griego más de lo deseado; grandes avances hacia afuera, timoratos o apocados hacia adentro; crisis que se dejan avanzar cual aludes sin valladares —por si acaso: los avestruces no esconden la cabeza en tierra cuando peligran para esperar que pase el albur; eso es puro mito malintencionado (lo nuestro, no)—; muchas veces actuando más paniqueado que recio y palmario. También sin una bancada uniformemente oficialista porque, como ya le pasó a Pablo, pareciera que a veces los elegidos «son de Pablo… de Apolos… de Cefas» (versión libre de 1 Corintios); no-aliados que cogobiernan pero dejan la alianza para mañana (esperando a ver qué pasa…). Y, mientras tanto, un país que (aún) confía y espera.

Porque el Proceso de Cambio (los cambios) también tienen que ser de los siguientes niveles de gobernar, la población espera y (aún) confía. Y por eso vota en las subnacionales por alcaldes, gobernadores, concejales y asambleístas departamentales. (Un paréntesis: si se eligen 355 alcaldes más sus 355 concejos, no importa de cuántos miembros, resulta que cerca de la mitad de esos 4.352 elegidos —titulares y suplentes, sin contar las burocracias— gobernarán unos 150 municipios de menos de 10 mil habitantes).



En marzo pasado se eligieron todas las autoridades y concejos municipales, los asambleístas departamentales y cuatro de los gobernadores. (Otro paréntesis: los gobernadores se eligen por mayoría calificada como el presidente, pero basta para los alcaldes con mayoría de un (1) voto; entonces me pregunto: ¿cómo gobernará un alcalde de El Alto que no llega al 20 % de adhesión o uno de La Paz que escasamente supera ese mismo porcentaje? Cumbancha de gobernabilidad). Mañana se eligen los cinco gobernadores faltantes. De los diez contendientes, cuatro son aliados del oficialismo; con matices, ninguno es afín de la progresía masista (el único “claro” se “colgó” al 40 % para vencer en primera y al otro “camuflado” su taxipartido lo “despadrinó” y sus posibilidades eran írritas).

Este próximo lunes nos despertaremos con todos los niveles de gobierno (nacional, departamentales y municipales) constituidos, aunque falta terminar de completar los Poderes Judicial (eligiendo el completamiento del Constitucional, además de limpiar el resto de jueces y funcionarios mañudos y corruptos) y Electoral (necesarios para el TDE paceño). Con eso cumplido no hay más pretextos ni dilaciones de propios y pseudopropios para empeñar en el esfuerzo progresivo.

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Ahora sí se tiene que empezar el real Cambio: el del verdadero gobernar hacia adentro.

José Rafael Vilar