Alza de medicamentos en más del 70% pone en terapia a los bolsillos


Mientras la industria farmacéutica alerta sobre problemas para producir y distribuir medicinas, miles de pacientes enfrentan precios cada vez más elevados para acceder a tratamientos indispensables para salvar vidas.

Alza de medicamentos en más del 70% pone en terapia a los bolsillos

Fuente: El Deber



Por Ernesto Estremadoiro Flores

 

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William Rivera camina a paso lento, pero firme, por la zona del mercado Los Pozos. Tiene 68 años, es jubilado y durante años trabajó como bioquímico. Desde hace tiempo padece hipertensión y cada día debe tomar una tableta para mantenerse estable.
Pero hoy esa estabilidad física le cuesta cada vez más caro: un 40% más, para ser precisos. Y aunque considera que su pensión es “un insulto”, todavía puede costear la compra de sus medicamentos, mantener su independencia y, como él mismo dice, “vivir con un poco de dignidad”. Sin embargo, es consciente de que, en el corto plazo, podría verse obligado a pedir ayuda a sus familiares, aunque espera que eso no ocurra. “No quiero ser una carga”, afirma.

Su historia se repite en miles de pacientes anónimos que recorren las farmacias del país en busca de medicamentos para seguir sus tratamientos. Mientras tanto, la industria farmacéutica boliviana atraviesa una situación crítica que, en términos médicos, se asemeja a la de un paciente grave, a las puertas de terapia intensiva

Según la Cámara de la Industria Farmacéutica Boliviana (Cifabol), el sector ya venía golpeado por la escasez de divisas y el incremento del dólar desde finales de 2024. Desde la institución señalan que el alza del tipo de cambio elevó los costos de producción y de importación de materias primas.

“Según los reportes de la autoridad, los medicamentos han debido registrar incrementos de entre 50%, 60% y hasta 70% desde que comenzó la crisis del dólar”, afirma Javier Lupo, presidente del directorio de Cifabol.

Subida

William compra antihipertensivos, multivitamínicos y medicamentos para la tiroides. Productos que no son opcionales ni pueden esperar a fin de mes. Son parte de una rutina obligatoria que acompaña sus días desde hace años.

Cuando recuerda cuánto pagaba antes por una tableta antihipertensiva, hace una pausa breve.

“Antes la compraba a casi seis. Ahorita está en Bs 10”. señala.

La cifra parece pequeña cuando se escucha rápido, pero cambia de dimensión cuando se trata de una medicina diaria y permanente. Porque la hipertensión no da tregua. Y los medicamentos tampoco pueden suspenderse.“Son de por vida”, explica.

El aumento golpea más cuando se suma a todo lo demás. William menciona la carne, el queso y el costo de vida en general. Habla de una economía donde todo sube al mismo tiempo y donde la jubilación parece quedarse quieta.

Entonces aparece la frustración.“Me jubilé y casi me pegó un tiro con lo que paga la jubilación”, dice con ironía amarga.

Aunque está retirado, realiza trabajos particulares para mantenerse. Su formación como bioquímico le permite entender con claridad la dimensión del problema.
Por eso la contradicción pesa más: alguien que dedicó su vida a la salud tiene dificultades para costear sus propios tratamientos.

Vivir con lupus en la crisis

Casi a diario Rosalín Suárez camina entre farmacias cotizando precios. Ya sabe cuáles son las más económicas y cuáles debe evitar para cuidar su bolsillo. Incluso aprendió a memorizar nombres difíciles, dosis y costos que cambian cada semana. Porque cuando se vive con lupus, los medicamentos dejan de ser una opción: son una necesidad diaria.
Esta búsqueda la lleva hasta una farmacia ubicada por los Pozo, donde todavía se consiguen remedios “más baratos”.

Hace tres años le diagnosticaron lupus, enfermedad autoinmune que la obliga a mantener tratamientos permanentes. Su rutina cambió. Ahora sus días giran alrededor de seis tabletas diarias y de una pregunta constante: cómo hacer para pagarlas

La hidroxicloroquina es uno de los medicamentos que más necesita. Toma una tableta todos los días, de por vida. “Aquí está casi siete bolivianos. En otros lados está diez”, cuenta.
Pero hay medicamentos que ya no puede comprar.

El Micoflavín, por ejemplo, cuesta alrededor de Bs 20 por tableta en esa farmacia. En otros lugares llega a Bs 22. Antes pagaba Bs 15.“Ahorita no lo he podido comprar por el precio”, admite.

Entonces empezó a hacer algo que muchos pacientes crónicos conocen demasiado bien: reemplazar medicamentos por otros más baratos.“He cambiado algunas medicinas por otras más económicas”, revela.

Rosalín no trabaja de manera estable. A veces sale a vender algunas cosas, pero es su esposo y su familia quienes sostienen gran parte de los gastos médicos. Reconoce que sin ellos probablemente no habría podido continuar el tratamiento. “Tal vez ya estuviera muerta”, dice con crudeza.

La enfermedad no solo consume energía física. También consume ingresos. Rosalín recuerda que antes gastaba alrededor de Bs 1.300 mensuales en medicamentos. Ahora ya ni siquiera calcula el total exacto porque los precios cambian constantemente y muchas veces debe improvisar.

En tanto, Guillermina Roca lleva varias horas haciendo lo mismo: pregunta, consulta precios, revisa estantes y vuelve a caminar. Busca un tranquilizante que su hija necesita para tratar una enfermedad mental.

La búsqueda se ha convertido en una rutina. No solo porque algunos medicamentos escasean, sino porque los precios obligan a comparar, caminar y volver a empezar.
“Los medicamentos están caros, y hay farmacias en que no tienen”, resume.

Guillermina conoce bien esa realidad. Aunque es diabética, asegura que controla gran parte de su enfermedad con remedios naturales. Lo que realmente pesa sobre la economía familiar son los tratamientos psiquiátricos que requiere su hija.

Los más afectados

Lihetzer Zenteno, representante de una organización que apoya a pacientes oncológicos, asegura que la crisis está golpeando con fuerza a uno de los sectores más vulnerables del sistema de salud.

“La verdad es que no solamente estamos padeciendo con el problema de los precios de los medicamentos, sino también con la escasez y, actualmente, con los bloqueos, el acceso a los tratamientos se ha vuelto mucho más complicado”, afirma.

Uno de los ejemplos más visibles está en los medios de contraste que se utilizan para realizar tomografías. Hace algunos meses, estos productos costaban entre Bs 100 y Bs 150. Ahora, cuando aparecen en las farmacias, su precio ronda entre Bs 500 y Bs 600.

“Es un medicamento básico para poder realizar estudios”, detalla Zenteno.

Por ejemplo en  el caso de una paciente que busca una quimioterapia valorada en Bs 33.000.

A ese monto se suman otros medicamentos necesarios para reducir los efectos secundarios y proteger órganos vitales durante el tratamiento.

Solo esos productos complementarios pueden costar alrededor de Bs 2.000 adicionales.

Cada cifra se traduce en rifas, campañas solidarias, préstamos familiares o deudas. Algunas familias logran sostener el esfuerzo durante meses. Otras simplemente no pueden continuar.
““El cáncer es una enfermedad larga, costosa y dolorosa. Desgarra la economía de las familias que la padecen”, afirma.

Ante esta situación y los actuales bloqueos de caminos, la industria farmacéutica pide al Gobierno garantizar condiciones de estabilidad y evitar que se afecte la producción y distribución de medicamentos.“No están llegando las materias primas y los insumos para seguir con la producción”, advierte Lupo.

Y mientras lanza esta advertencia miles de pacientes ya viven las consecuencias: tratamientos interrumpidos, recetas cada vez más caras y una búsqueda constante para encontrar medicamentos disponibles.

Contrabando  y vacíos regulatorios golpean al sector

La industria farmacéutica boliviana advirtió que el contrabando de medicamentos y la persistencia de vacíos regulatorios están generando una creciente amenaza para el abastecimiento seguro de fármacos en el país, en un contexto marcado por la dependencia de productos importados y las dificultades que enfrenta la producción nacional.

La preocupación fue expresada por la Cámara de la Industria Farmacéutica Boliviana (Cifabol), que alertó sobre el avance del mercado ilegal de medicamentos, una actividad que actualmente mueve más de $us 100 millones al año y que afecta directamente a la industria formal. Según datos del sector, esta situación provocó una caída de entre el 30% y el 40% en las ventas de las empresas legalmente establecidas.

El fenómeno ocurre en momentos en que Bolivia registra niveles récord de importación de medicamentos. De acuerdo con cifras citadas por Cifabol, las compras externas alcanzaron los $us 269 millones en 2024, el monto más alto de la última década y por encima de los $us 196,5 millones registrados en 2015.

La diferencia de precios es uno de los factores que impulsa la expansión de este mercado. Según datos del sector, una presentación de ibuprofeno de 100 tabletas puede comercializarse de manera ilegal por Bs 80, mientras que el mismo producto dentro de los canales autorizados alcanza los Bs 166.