
Platón planteaba la necesidad impostergable de diferenciar la esencia de la apariencia. Sin pretender incursionar en abstracciones teóricas, este principio filosófico es una herramienta urgente para descifrar la política cotidiana en Bolivia. Para el filósofo griego, la apariencia es ese mundo físico, cambiante y engañoso que percibimos con los sentidos. La esencia, por el contrario, constituye la realidad inmutable y verdadera que solo se alcanza a través de la razón.
Si cruzamos este puente hacia la dialéctica, entendemos que ambos conceptos forman una unidad: la esencia es el motor interno, la base profunda de los fenómenos y el conjunto de sus contradicciones; no es estática, sino un constante «devenir» que genera la realidad. La apariencia, en cambio, es solo el reflejo exterior, la manifestación concreta y visible que a menudo encubre la verdad.
En la actual coyuntura de sedición que vive Bolivia, es vital aplicar esta distinción. Debemos definir con claridad la esencia de lo que mediáticamente se nos vende como «movilización social», pero que en la práctica opera como hordas violentas cuyo objetivo real es debilitar las instituciones hasta derrocar al gobierno para instalar un régimen a su medida, reeditando el funesto libreto de 2003.
La Apariencia: El Disfraz de la Seducción
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El discurso subversivo pretende activar viejas banderas legítimas para camuflar sus verdaderas intenciones. Nos dirán que marchan por la pobreza, la exclusión social, la defensa de los hidrocarburos o el hambre. Eso es falso. Esa es la apariencia, el pretexto utilitario, la narrativa construida para legitimar el caos.
La Esencia: Ambición, Impunidad y Prebendas
Cuando despojamos a la movilización de su ropaje discursivo y aplicamos la razón, la esencia de este movimiento golpista queda al descubierto en realidades contundentes:
Pérdida de privilegios: La movilización estalla porque cúpulas de dirigentes han perdido las millonarias prebendas que las administraciones de Evo Morales y Luis Arce Catacora desviaban hacia sus organizaciones. Al cortarse el flujo de dinero estatal, se resisten a la idea de generar recursos propios mediante el esfuerzo y el trabajo, como lo hace el común de los bolivianos.
Temor a la ley: El miedo a una lucha frontal contra el narcotráfico y el delito, lo que significaría el fin de los recursos ilícitos que benefician a sus cúpulas.
El culto al caudillismo: Se movilizan para defender a un caudillo corrupto e incapaz; un personaje que en 2016 fue vetado por la ciudadanía en un referéndum, que en 2019 abandonó el país cobardemente tras un fraude monumental, y que hoy es secundado por figuras políticas que tendrán que rendir cuentas ante la historia.
Boicot al progreso: La esencia de esta asonada es imponer una amenaza constante a los demócratas. Es la advertencia de que los violentos seguirán bloqueando el desarrollo del país porque no quieren el progreso ni el desarrollo productivo de la sociedad.
El Factor Tiempo y el Mandato Popular
Ha pasado más de una semana y las movilizaciones no han cedido ni un milímetro. Quienes buscan la desestabilización han apostado al desgaste del Estado y al cerco violento de nuestras ciudades. Sin embargo, frente a este embate, la ciudadanía civil se mantiene firme e inamovible en su rechazo total a la desestabilización. Los bolivianos de a pie, los trabajadores y las familias están dando una muestra ejemplar de resistencia democrática.
Ante este escenario prolongado, el Gobierno nacional no debe dudar ni albergar temor alguno de emprender acciones contundentes en defensa de la democracia. El uso legítimo de la autoridad del Estado no es una opción política, es un deber constitucional. Actuar con firmeza no es autoritarismo; es, por el contrario, la defensa estricta de la voluntad popular que se expresó en las urnas y que eligió a las actuales autoridades precisamente para resguardar la estabilidad de la patria.
El Gobierno cuenta con el respaldo de una mayoría silenciosa que exige orden. Defender la institucionalidad es honrar el mandato de esos más de 11 millones de bolivianos que quieren trabajar en paz.
El Desafío de Gobernar: ¿Esencia o Apariencia?
En este momento crucial para el futuro del país, gobernar exige sintonizar con la esencia de la responsabilidad histórica.
La Esencia de gobernar debe ser la construcción real de opciones productivas, la consolidación de una sociedad sólidamente democrática, el imperio absoluto de la ley y la protección de los ciudadanos. Gobernar es garantizar orden, seguridad, salud y desarrollo para una población digna.
La Apariencia de gobernar, por el contrario, sería ceder ante el chantaje, asimilar la cautela como si fuera prudencia, o mostrar una condescendencia con lo malo que termine fortaleciendo a los sediciosos.
Bolivia no puede seguir secuestrada por la apariencia del chantaje callejero. Con el respaldo de una ciudadanía firme que rechaza el caos, es hora de que el Gobierno aplique la ley sin titubeos. La esencia del Estado de derecho debe imponerse para reconducir al país hacia el orden, la legalidad y el verdadero progreso.
Javier Torres Goitia Caballero / Fue ministro de Salud y Deportes