Nuestra Bolivia vive una confrontación política e ideológica profunda. Ya no se trata únicamente de protestas sociales o reivindicaciones sectoriales. Lo que vemos es un intento organizado de desestabilización política impulsado por Evo Morales, a través de organizaciones sociales y sindicales hambrientas de retornar al usufructo del poder.
Una Central Obrera Boliviana desacreditada, organizaciones sociales convertidas en brazos políticos del evismo, bloqueos concentrados en el altiplano paceño, cercos sobre las ciudades de La Paz y El Alto, y focos de conflictividad en zonas donde los interculturales han consolidado poder político y territorial. Nada de esto es casual.
Los audios difundidos por el viceministro Paredes, más allá de la chambonada de presentar uno correspondiente al año 2025, terminan por desnudar lo que muchos intuían: Evo Morales continúa operando políticamente para recuperar el poder. Revelan una conducta permanente, una decisión política sostenida y una lógica conspirativa orientada a asfixiar al país hasta provocar una ruptura.
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Evo Morales se quita la capucha y confiesa ser el cerebro del conflicto. Arenga movilizaciones y lanza consignas para tomar el poder, pretextando la defensa de la CPE de 2009.
Bolivia enfrenta hoy dos visiones completamente distintas de país.
Por un lado, el viejo modelo socialista corporativo que convirtió al Estado en botín político, que sometió al pequeño productor a la dependencia, que destruyó la institucionalidad y que condenó al país al estancamiento: el proyecto de la confrontación y la división.
Por otro lado, una visión distinta y compartida desde los diferentes niveles del Estado: apertura al mercado, saneamiento estatal, institucionalidad, inversión, producción y modernización. Debe ser debatida y perfeccionada, pero representa el camino para superar el modelo agotado que nos dejó el masismo.
Esa es la verdadera batalla política de nuestro tiempo.
Es pasado versus futuro.
Es la confrontación entre quienes quieren seguir viviendo del bloqueo, del miedo y de la dependencia estatal, frente a quienes creen que Bolivia necesita producir, abrirse al mundo y reconstruir sus instituciones.
Evo Morales ya eligió su camino: el del conflicto permanente.
Los paceños y alteños empezamos a sentir desabastecimiento y especulación de precios, escasez de pollo, carne y huevos. No podemos vivir así.
Se agota el tiempo de la espera. La cumbre de Cochabamba planteó una agenda de reformas y de trabajo en unidad para superar la crisis global. Las fuerzas del orden están llamadas a levantar los bloqueos, y la ciudadanía, cabreada, será el soporte de una acción firme para restablecer el orden.
Los bolivianos debemos decidir si permitimos el retorno del pasado o si construimos futuro.
¿Evo de nuevo? ¡Huevo, carajo!
Jaime Navarro Tardío
Político y exdiputado nacional
